ANECDOTARIO MONTUNO del Sinú, Sabanas y San
Jorge. Recomendada en varias Antologías del Caribe, como obra que debe
encontrarse en toda biblioteca.
PRÓLOGO
En el imaginario popular de la
cultura del Sinú superviven prácticas penetrantes como la zafra mortuoria y
fantasías aterradoras como El Gritón. En el mundo actual de la globalización
que busca la homogeneización cultural es saludable un libro sobre nuestra conciencia
colectiva, como el escrito por Lelis Enrique Movilla Bello, "Anecdotario
Montuno del Sinú, Sabanas y San Jorge". Es en este mundo propio donde
podemos encontrar la explicación de muchas de nuestras conductas cotidianas y
actuales. Somos resultado de lo que instituyeron nuestros abuelos, que
modelaron el carácter de nuestra sociedad.
El libro describe las actuaciones
de los personajes con el distanciamiento pudoroso del autor, que constantemente
hace salvedad de la veracidad de los hechos y de sus categorías de pensamiento.
Lelis Enrique entiende que el mundo de su infancia se desdibuja y se va sin
pena ni gloria, que a la nueva generación sólo le importa
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pragmáticamente el presente y que
se quedaron sin rostro. Lelis Enrique no desea ver a sus nietos sin hondura en
la mirada, y quiere darles a esos ojos una perspectiva de profundidad y puedan
sólo así interpretar lo que ven. Teófilo Angulo sabía el ángulo exacto donde
podía convocar el diablo. No pactaba con él, pero sí lo convocaba para que
otros lo hicieran. La pobreza que da olvidos lleva a los demás a escuchar los
otros alaridos de los condenados que el diablo destapa de las entrañas de la
tierra. El recurso de la memoria colectiva utiliza imágenes violentas que
impresionan: la bola de candela que persigue de noche a la gente; los monos
colorados que en los caminos impiden el paso mondando los dientes; el caballo
sin cabeza que atropella, la palma hediendo de moscas zumbonas, constituyen
aspectos que expresan la forma agresiva de la incorporación del ser en la
sociedad, son formas simbólicas de decir lo duro de la vida social y económica.
Esto acá en el Sinú, en la Sabana y el San Jorge no es un paraíso, es un
infierno bonito. Sólo que esto se explica mediante imágenes del
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universo religioso. Así también
se hace la historia. Estas representaciones de la realidad mediante imágenes
religiosas o mágicas son formas de construir lo real en sociedades precapitalistas.
En muchos aspectos de la superestructura las tres regiones siguen siendo
tribales. La verdad, el acceso a la modernidad es más falso que real, pues sólo
el atraso de una realidad social explica la existencia de estas supervivencias.
El pasado nos visita con frecuencia en las formas de sentir, pensar y de
actuar. Por mucha coca cola que disfrutemos, la chicha que tragaron los abuelos
todavía nos cuartea los sueños. Nos apropiamos del mundo externo aún con el
espíritu con que ellos lo hicieron. Nuestras prácticas colectivas tienen
ataduras. El libro de Lelis Enrique Movilla Bello así lo confirma. Sólo que él
centró su interés en demostrarlo.
Gracias, Lelis, por tu memoria de
abuelo.
ALEXIS ZAPATA MEZA Escritor y
Antropólogo
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INTRODUCCION
Fue grande la tentación de entrar
a este libro que tiene en sus manos, amigo lector, colocando un epígrafe sobre
ciencia ficción, modalidad que no se limita a especulaciones sobre un futuro
virtual, sino que se divide en tres grandes ramas, una que aterriza en el mundo
que habitamos y la realidad de un pasado no tan remoto, un presente
inexplicable por sus constantes variaciones y un futuro más o menos previsible.
Pero hemos sido enemigos de los epígrafes, al considerarlos una manera pedante
del autor ante sus lectores, a los que sin conocer y sin que éstos lo hayan
pedido, les comunica que ha leído obras de grandes escritores. El epígrafe, y
esa es nuestra concepción, no es más que un insulto al lector porque se le está
llamando indirectamente ignorante.
Los que hemos dedicado toda una
vida a la lectura, nos dividimos entre los que piensan que son por ello
superiores al común de los ciudadanos y los que consideramos que no es más que
el
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acopio de experiencias y
conceptos ajenos que debemos asimilar para enriquecer el intelecto. Por otro
lado, en estos tiempos en que la ciencia y la tecnología son impetuosas
corrientes, las frases destacadas de los más extraordinarios escritores y
pensadores de la historia, son de fácil adquisición en volúmenes dedicados a
ellos que se adquieren a precios cómodos en librerías y expendios que el común
de la gente llama "librería agáchate", o bajar la información
respectiva por el moderno sistema de Internet, por lo que no se requiere leer
las obras si no consultar los compendios.
El epígrafe, que como la canción
popular que dice: "Cipote manzana fue la que le dio Eva a Adán", se
convirtió en hermosa tentación, es el pensamiento de un grande escritor como
Adolfo Bioy Casares, quien en el prólogo de la obra que con Silvina Ocampo y
Jorge Luis Borges prepararon y publicaron en 1940, "La Antología de la
Literatura Fantástica", dice: "...viejas como el miedo, las ficciones
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fantásticas son anteriores a las
letras. Los aparecidos pueblan todas las literaturas: están en el Zendavesta,
en la Biblia, en Homero, en Las mil y una noches."
En un análisis de la obra del
autor citado, Teresita Mauro asegura que en ella la literatura de tipo
fantástico y de ciencia ficción no se dedica "como es tradición del
género, a transgredir las leyes de la naturaleza, sino que abre un nuevo marco
dentro de la existencia real y cotidiana" y más adelante agrega: "El
hombre normalmente no es capaz de percibir la realidad en sus diferentes
dimensiones. La escritura, por lo tanto, adquiere una función múltiple,
planteando no sólo el miedo o el misterio, sino también la ambigüedad y la
angustia que provoca un mundo que no percibimos".
Convencidos de que los sinuanos,
los sabaneros, y en general los caribeños, somos dados a convivir con lo
fantástico, tendemos a "no percibir la realidad". Una es tan seria
como la otra, o se confunden o se homologan, se produce una simbiosis que las
convierte en una sola cosa.
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Cuando alguien nos presenta esa
realidad fantástica en letras de molde, todos a una aseguramos que "eso lo
sabía yo desde hace tiempos" o "esa es una invención" o "un
plagio de lo que aconteció a fulano de tal". Los nativos de las tres zonas
geográficas escogidas para este trabajo creen que todo relato se refiere a uno
de sus antepasados y al atribuírsele a otra persona, protestan indignados
contra el autor.
Corriendo el albur, recogimos
varios relatos del entorno familiar y de un grupo de amistades que, sin
considerarnos escritores, ni cuentistas ni novelistas, sabemos que serán
criticados. Algunos por darle "prelación a la familia del autor",
otros porque "eso le ocurrió fue a...", y los más por ser un
"plagio", etc. Lo único cierto es que no pretendemos que se les
enmarque en el tipo del cuento, porque no lo son. Más bien, y así esperamos que
los tomen, son una especie de notas periodísticas, porque después de más de
cuatro décadas de ejercer el periodismo y el radio periodismo, nos es difícil
desprendernos
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del estilo adoptado. Por razón de
la profesión, este libro cambió de título varias veces en el transcurso de los
años. Si algo se convirtió en el mayor dolor de cabeza en nuestra actividad, fue
colocar un título a los trabajos que elaborábamos. En más de cuarenta años
debimos redactar unas quince mil noticias y unas cinco mil crónicas y
reportajes, de las cuales si nos aceptaron en los periódicos diez títulos es
como para registrar en el libro de los récords.
Semejante a como le ocurre a los
hombres de edad con frecuencia, que evocamos con facilidad las vivencias más
remotas pero no de las que acaecieron tres o cuatro horas antes, retratamos los
primeros diez o quince días de nuestra permanencia en la Plaza de los Chivos
del barrio Lo Amador de Cartagena, época en la que apenas habíamos cumplido
nuestra primera década en el mundo, a donde se trasladó la familia como
consecuencia de la persistente, onerosa y peligrosa persecución de El Charro, El
Albañil, El Pulguita, Barranquilla, el cabo Genes y
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otros distinguidos miembros de la
"autoridad" de entonces que integraban en Montería, junto con los Chulavitas,
la denominada "Popol".
Los niños, jóvenes y adultos de
Lo Amador miraban a los menores de nuestra familia como cosas raras. Por lo
menos diez veces al día escuchábamos los gritos insultantes con los que
pretendían humillarnos: "¡Montuno burrero!" o "¡Coralibe pata
rajá, abarcas de tres puntá!". Pasaron los años y el cantautor cereteano,
Noel Petro, interpretó una linda canción como la llamada "Pedro el
loriquero", que quizás bailaron con mucha alegría los que antes nos
insultaban.
El maestro José Elías Cury
Lambraño, en sus trabajos lingüísticos, también reseñó el aporte del otro epíteto
humillante: "Corroncho", cuando demostró que los así calificados
habíamos entregado al mundo un nuevo idioma: el Costeñol y su variante El
Corronchol. Por esas razones y basados en ellas, colocamos el título que ahora
lleva este
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trabajo: Anecdotario Montuno del
Sinú, Sabanas y San Jorge. Como todos sabemos, el montuno o lo montuno es
montañero, que vive en el campo. Mejor dicho, que vivían en el campo, porque la
violencia de todos los colores y condiciones se ha encargado de sacar de allí a
los que sembraban la tierra. No es la aparición de la electricidad, ni la
construcción de pistas aéreas y carreteras, lo que acabó con la ingenuidad del
montuno: Fue la violencia.
Para retratarlo mejor, recordemos
los trillados chistes de montunos como, por ejemplo: Un campesino que no sabe
leer ni escribir, pero sí conducir un tractor y desarrollar trabajos con éste,
que llega manejando su vehículo a la estación de gasolina de Martín Guzmán en
Cereté, fumándose un grueso y largo tabaco. El bombero le señala un aviso en
que se lee: Prohibido fumar, pero el tractorista se queda viéndolo y le
responde:
-Sigue poniéndole bolas a la
publicidad y vas a morí jacto de coca cola. ¡No seas pendejo!
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Como también el montuno que llega
a la ciudad a una consulta médica porque sufre de fuertes dolores de garganta y
cuando regresa al rancho le dice a su mujer:
- "¡Mija! Veddá que la cencia
es que ha progresao. Mira que pa curacme el gañote me mandaron unas calillitas
que me debo meté po'el c...".
Y los remitimos a una serie de
canciones de Calixto Ochoa, la primera de ellas El Calabacito Alumbrador, con
los compadres Menejo y Remanga, en donde se retrata acertadamente el choque de
culturas, la sorpresa de quien ignora la existencia de las cosas nuevas que
producen la ciencia y la tecnología.
Lo aquí escrito es del Sinú para
los sinuanos, de la Sabana para los sabaneros y del San Jorge para los
sanjorjanos. Hablar del diablo, las brujas y los espantos en las tierras
señaladas, es como soltar el freno de un mecanismo que deja en libertad los
recuerdos y las lenguas. Si se reúnen veinte personas para narrar sus
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experiencias o para repetir
relatos que vienen de boca en boca quién sabe desde dónde y desde cuándo, se
requerirían largas jornadas para que cada una de ellas pudiera hacerlo. En
esto, cada sinuano, sabanero o sanjorjano, es un rico venero y tal parece que
se siente un algo de orgullo por repetir lo que escuchamos de las bocas de
nuestros abuelos y abuelas. Incluso, personajes allegados a las familias o
familiares cuyos nexos son difíciles de establecer, llenaron las cabezas de
nuestros padres y nuestras con esas, en algunos casos, leyendas inventadas para
pasar la "prima" noche, en tiempos en que la luz eléctrica era un
fenómeno tan excitante como el diablo mismo.
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ENTIERROS A GOLPE DE PISON
La simbiosis étnica dejó en el
Caribe colombiano una serie de prácticas que, con el correr de los años,
pasaron de ser comunes y corrientes a convertirse en hechos y situaciones
curiosas, por no decir que risibles o reprochables, medidas con el rasero de
estos tiempos de televisión, viajes al espacio exterior y otras cosas, que nos
apartan años luz de la concepción del mundo que tuvieron nuestros tatarabuelos
y bisabuelos.
Como lo señalamos en otro aparte
de este trabajo, en el Sinú, la Sabana y el San Jorge, gran parte del
departamento de Bolívar, así como de regiones netamente caribeñas que por el
accionar de la política fueron encuadradas en el departamento de Antioquia, se
vivieron y practicaron, y aún en medio de los montes y las selvas que quedan se
practican, costumbres que hoy nos sonrojan por lo elementales, pueriles y
descabelladas. En el caso de los muertos, por ejemplo, es cosa curiosa el que
los niños fueran envueltos en sudarios
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blancos, ataúdes del mismo color,
con un ramo de flores blancas entre las manos y una flor blanca entre los
labios, abriéndoles los ojos con palitos. Ello tenía como objeto permitirle al
espíritu del niño encontrar prontamente el camino al cielo, por una parte, y
presentar ante los espíritus superiores en el más allá, la pureza de su
condición de infante.
El importante recopilador de la
historia monteriana, el francés Jaime Exbrayat Bocompain, de quien se puede
disentir por su historia de Montería, pero jamás negarle el valioso y generoso
aporte que legó a este pueblo y sin el cual estaríamos en babia en la materia,
nos relata el entierro de los niños, y para poder redondear lo que queremos
decir aquí, pecando por exceso, transcribimos lo pertinente:
"Después, marcando el compás
y cantando estas palabras ayunas de todo sentido: "Pío, pío, yo era
gavilán", se apoderaban del cuerpecito y con un ritmo acelerado, que
semejaba alguna marcha fúnebre, se encaminaban hacia el
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cementerio, dando tres pasos
adelante y uno atrás y cantando siempre "Pío, pío, yo era gavilán; señor
gavilán, señor gavilán". Terminado el sepelio del infante volvían a la
casa donde daban principio al velorio tomando café y fumando calillas. Se
pasaban la noche ingiriendo fuertes libaciones de chicha y aguardiente, jugando
barajas o dominó y echando cuentos más o menos verdes mientras unos cuantos
músicos rasgaban sus mal afinados instrumentos y cantaban coplas que de todo
tenían menos de fúnebre".
Dejamos sentado el hecho de que
muy pocas veces, y tal vez jamás se ejecutó, incluyendo las dos primeras
décadas del Siglo XX, autopsia a un cadáver. La lejanía de los centros urbanos
en donde accionaba todo el aparato de la justicia, la ciencia y la tecnología,
la certeza sobre las razones de la muerte, y la oposición familiar a un
"descuartizamiento" del cuerpo del ser querido, lo impidieron. Esas
razones, además de esperar un mínimo de veinticuatro horas después del
fallecimiento para llevar a cabo el
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entierro, facilitaron el regreso
a la vida de numerosas personas que dadas por muertas recobraron el aliento en
la ceremonia de velación, durante el desfile mortuorio o en los últimos
instantes, cuando se estaba a punto de lanzar las primeras paladas de tierra
sobre los ataúdes. Es cosa común y aún viven algunos de los que atravesaron por
tan dramática situación.
Por mucho tiempo se realizaron
curiosas ceremonias previas al entierro, y hasta la penúltima década del Siglo
XX solían hacerse en la población de San Luis, municipio de Sampués,
departamento de Sucre; de la siguiente manera:
Inmediatamente fallecía una persona,
con el cacho, al principio de los tiempos de estas tierras, se daba aviso hacia
los cuatro puntos cardinales. Pese a la lejanía, o tal vez por razón de ella,
los habitantes de las zonas rurales permanecían informados de la situación de
sus vecinos y por ello conocían con anticipación las enfermedades graves que
afectaban a alguien. Al sonar el cacho, de
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inmediato sabían quién había
fallecido y se preparaban para trasladarse al lugar respectivo, del cual solo
regresaban al término de los nueve días. Era un traslado de toda la familia del
interesado en brindar a su familiar o amigo el postrer tributo.
Los más cercanos a la vivienda
del muerto, tomaban los espeques, como llamaban al cavador, los picos, las
palas y se trasladaban al cementerio, si lo había, o al lugar escogido por los
deudos para darle cristiana sepultura. Y comenzaba la curiosa ceremonia, que se
dividía en dos etapas y dos grupos distintos. La primera etapa consistía en
abrir una fosa en la tierra, de una profundidad mínima de ocho metros, y el
primer grupo, en medio de cánticos, desprendía la tierra con los cavadores y
los picos manteniendo un ritmo acompasado que le suministraba la melopeya
entonada con vigor por los trabajadores. Luego venían los de las palas para
arrojar fuera del hueco la tierra desprendida, también al son de otra melopeya.
Como es de lógica, todos
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cantaban y todos bebían rones
fuertes hechos en zacatines de la región. Unas cinco o seis horas de trabajo permanente,
sin interrupción, se requerían para cavar los ocho o diez metros de
profundidad. Para evitar demoras en el relevo, éste se hacía persona por
persona, de manera tal, que sin perder el ritmo de los golpes de los cavadores
y los picos ni de la canción que se entonaba, salía el que iba a descansar y entraba
quien continuaría la labor.
La segunda etapa se iniciaba
inmediatamente quedaba allá abajo el ataúd con su ocupante, cuando cumplían su
trabajo los encargados de tapar la fosa. Muy similar a la ceremonia anterior,
pero con mayor rítmica en el trabajo, por cuanto los utensilios quedaban
limitados a dos pisones y dos palas. Los de las palas arrojaban tierra encima
del ataúd y cuando había suficiente como para no romper la madera con los
golpes, bajaban los de los pisones. El toc toc de los pisones se semejaba al
ruido que se produce al descascarar el arroz o el maíz en un pilón. Para
mantener el ritmo, se
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entonaba otra canción y los
relevos se hacían desde abajo, cuando saltaba el reemplazo y el que salía le
tiraba el pisón, que era un bloque de madera dura, pesado, pegado a dos
especies de palancas. El relevo tomaba en el aire el pesado elemento y
continuaba, sin perder el compás, el trabajo. Nos fue imposible recuperar los
cánticos entonados en esas ceremonias, pero se asegura por muchos viejos, que
lo sobrecogedor de las mismas estaba en los metros finales, cuando el toc toc
de los pisones, casi al nivel del suelo, se esparcía por los alrededores y
lugares bastante retirados llevados por el viento.
Clavar la tapa del ataúd y pisar
la tierra en la fosa, fueron ruidos sustituidos por el destornillador en el
ataúd y la llana en la boca de las fosas de cemento, llamadas bóvedas. El
locutor y periodista sincelejano, que vivió por varios años en Montería, Juan
Bautista Guevara Támara, utiliza las expresiones: "espera que te cante la
llana" o "eso se lo dices al albañil cuando ponga a cantar la llana
en la boca de tu tumba" para significar que a
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todos nos llegará el momento
último en que el albañil cumplirá su deber de tapar la bóveda para ocultar la
podredumbre de nuestras envolturas mortales.
¿A qué viene esta ceremonia tan
peculiar de abrir fosas tan profundas, cantar y prácticamente danzar mientras
se abre y se cierra? La explicación nos la dan dos cronistas españoles de la
época del descubrimiento, como son Antonio Herrera y Tordecillas (1549- 1625)
en su obra Historia General de los Hechos de los Castellanos en las Islas y
Tierra Firme del mar Océano o Décadas, por una parte, y Fray Pedro Simón (1574-1630)
en Noticias Historiales de las Conquistas de Tierra Firme en las Indias
Occidentales, cuando informan:
"...magnificas, i adornadas
con Losas y Bóvedas i con el difunto metían en ellas todas sus riquecas, joias
i Armas, Mujeres vivas, i Criados, con mucha comida, i Cantaros de
Vino...". Herrera y Tordesillas, tomo VI, Pág. 304. Es decir, que las
fosas eran del tamaño en ancho y profundidad a la cantidad de
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personas y objetos que entrarían,
por cuanto el muerto no quedaba solo, ante el convencimiento religioso de los
zenúes, y de gran parte de los aborígenes del Nuevo Continente, de que pasaban
de esta a otra vida.
La ceremonia de que venimos
hablando, posiblemente es un legado zenú. Y Fray Pedro Simón, en lo que
respecta con las sepulturas, dice:
"...tienen mayor altura,
según los mayores o menores caudales del difunto, pues después de metido en
ella, dura el echar la tierra lo que dura la chicha que se les da a los indios
que las amontonan, y si el caudal llegaba a que fuese mucha y que durase muchos
días, en éstas hacían más crecidos montones y más encumbrado el túmulo que el
del que teniendo poco caudal eran pocos los días que duraba el beber y a este
paso y por la misma razón había también algunas sin túmulo...". Simón,
tomo V, pp 126-127.
P. S.: Tiempo después de
preparada esta parte del libro, encontramos las
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memorias del Primer Encuentro
Córdoba y su Folclor, realizado en Montelíbano los días 18 y 19 de agosto del
2001, en las que aparece un trabajo del periodista, catedrático e investigador
cultural, Roger Serpa Espinosa, intitulado "La Religiosidad Popular y el
Culto a los Muertos en el Departamento de Córdoba", con cuya autorización
extractamos lo pertinente:
"Igualmente son celosos en
que la cabeza del niño difunto debe quedar orientada hacia el naciente, y si es
adulto en sentido contrario, o sea hacia el poniente, "mirando hacia el
naciente", ya que el ánima debe "ver la claridad" en su camino
al cielo".
"Luego se procede a
"pisar el muerto" con tres pisones: uno macho y dos hembras. Echan
con las palas la primera capa de tierra en la tumba y se meten tres hombres con
sus respectivos pisones e inician una especie de danza ritual, con connotación
sexual en la que el pisón macho persigue, acosa a los pisones hembras girando
hacia la derecha, en
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sentido oriente-occidente y
golpeando rítmicamente la tierra, y siguiendo su compás. Un pisón hembra se
denomina "La Vieja" y el otro "La Viejuda", como quien dice
"La Hija" y "La Madre", que son cortejadas insistente y
pertinazmente por el macho".
En lo que respecta a los cánticos
de la zafra mortuoria, Serpa Espinosa, que pudo adelantar trabajo de campo para
su ponencia, transcribe dos. La primera, algo extensa, es la de "Pachita
Pérez", dos de cuyas estrofas son:
"Adiós que me voy, adiós
y que adiós que me voy diciendo,
las espaldas te voy dando,
mis ojitos van alegres,
y el corazón va llorando".
"Ya te moriste tu Pachito
Manuelito, Manuelito,
Cuándo vuelves otra vez,
Yo ya no vuelvo más
Ya no sé lo que será".
Además de señalar las dimensiones
de los pisones, Serpa Espinosa repite otras zafras, así: "El pisón macho
tiene una longitud de
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110 centímetros y la hembra de
156 centímetros. El diámetro del mango mide 15 centímetros, y el de la base 18
centímetros, con una altura de 21 centímetros. Los tallaban generalmente en
madera de roble o matarratón. Mientras pisaban rítmica y cadenciosamente, se
trenzaban en piqueria gritando, guapirreando y cantando zafras mortuorias,
estimulados por el licor.
"Pregunto por ignorante,
por ignorante pregunto: el vivo cuando se
muere
¿por qué lo llaman difunto?
El vivo cuando se muere
Se le canta la mangona
Se le echa tierra encima
Pa'que el gusano se lo
coma".
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"EL HOMBRE QUE NO PUDO
TOREAR AL DIABLO"
Pese a que nuestro abuelo
materno, Teófilo Ángulo de Hoyos, refería la historia que sigue en medio de
risotadas, parientes y amigos aseguraban que algo había de verdad, toda vez que
no era un secreto de que poseía una forma de convocar al mismo Satanás, la cual
obtuvo en las entonces selvas que rodeaban a Montería.
La ahora ciudad escribió en sus
primeros anales como poblado, por cierto, una historia muy reciente, casos de
espantos y encuentros con el demonio. Nadie que tenga más de medio siglo de
vida, pone en duda lo que escucha sobre el particular. Destacados personajes
fueron señalados como hombres que celebraron contrato con Satanás, para
adquirir cuantiosas fortunas que en estos momentos sus hijos y nietos
disfrutan. Como que fue cosa común y corriente y tal parece que por aquellas calendas
el señor de los infiernos gozaba de tiempo.
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suficiente para asistir a los
llamados de los humanos. Tampoco dudaban quienes conocieron al viejo Teófilo,
ninguna de sus fantásticas narraciones sobre acontecimientos en las montañas
sinuanas y sus amigos se encargaron de divulgar convocatorias como la del
cuento que sigue, en las que participaron personajes que con el correr del
tiempo pasaron de humildes peones a destacados ganaderos de la región, como si
en aquellos tiempos en que parece que ni rifas hacían por aquí, se hubieran
ganado el sorteo extraordinario de una lotería. Pero esas son historias para
otro momento.
En un día del mes de marzo de
1908, el viejo Teófilo Angulo, en aquella lejana fecha un hombre de treinta
años salió de Severá en compañía de su suegro, José Isabel Bello y otro amigo,
rumbo a un sitio equidistante entre El Chorrillo y el puerto llamado La Boca de
Lara, para enfrentar a su suegro con el demonio. El suegro estaba desesperado
ante los embates de la mala suerte y nada de lo
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que hacía para mejorar
económicamente le daba resultados, por lo cual cada día iba de mal en peor y
llenándose de requerimientos monetarios. El hombre recurrió a Teófilo Angulo,
que como ya lo indicamos, tenía fama de citar al demonio para favorecer a quien
superara las pruebas, y éste le dijo:
-Suegro, la cosa no es tan fácil
como parece. Debe enfrentarse al diablo en un lugar solitario y bien adentro de
la montaña, pero si da demostraciones de miedo, él se retira y a mí me puede
venir un castigo. Esa es la razón para que me niegue a las solicitudes que me
hacen diariamente. Si en verdad está dispuesto a vender su alma al diablo,
tiene que llenarse de valor y asistir al lugar que le indique a ponerse cara a
cara con él. Lo que debe es rezar para que no les exija una pelea a trompadas,
porque esa prueba pocos la han resistido. Y no hacerlo es perder la vida en el
acto.
-Yerno, mi desesperación es tan
grande con la terrible situación que estoy atravesando, que si Satanás me
derrota y
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me lleva para los infiernos, está
bien. Lo que no quiero es seguir siendo pobre, porque la pobreza es lo peor que
le puede ocurrir al hombre. Dígame yerno ¿no se justifica que le venda mi alma
al diablo?
-Yo no puedo responderle, porque
mi situación es tan desesperada como la suya y, pese a tener el medio con el
cual llamar a Satanás, nunca lo he hecho para mi beneficio. Ese es un asunto
delicado, con graves consecuencias para el futuro y yo no estoy dispuesto a
correrlas. Sigo siendo pobre y moriré pobre, pero no comprometo mi eternidad.
- ¿Me repite las condiciones?
- Con mucho gusto. Usted va
conmigo y un testigo, que bien puede ser amigo suyo o amigo mío, pero sin
parentesco cercano o lejano con usted. Será simplemente eso, un testigo. Al
llegar al sitio, ya estaré enterado de la forma como el diablo habrá de presentarse,
porque
cuando lo invite y si él acepta,
me dará las instrucciones del caso. Si es una pelea a trompadas, tendrá que
ganárselo, cosa
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bastante difícil, porque cuando
va perdiendo atemoriza al contrincante cambiando de figura, entre más miedosa
mejor. Si quiere una pelea con el acero, aténgase y no permita que lo toque el
filo de la espada infernal, porque morirá de la herida pero después de por lo
menos veinte años de sufrimientos; si aparece en figura de toro bravo, tendrá
que sacarle un mínimo de tres mantazos, porque ese es uno de los números
cabalísticos de la gran bestia; si sale en forma de puerco espín, deberá evitar
que lo atropelle y al mismo tiempo tendrá que abrazarlo y cargarlo, porque
solamente cuando deje de tener contacto con la tierra perderá las púas. Mejor
dicho, esté preparado, porque el diablo es quien escoge la forma. Si usted
gana, tomará su figura común y corriente y delante de nosotros, el testigo y
yo, le preguntará qué es lo que quiere y de qué manera va a pagárselo. Nada es
imposible para el diablo y lo que usted pida eso le dará. Eso sí, nosotros
seremos garantes de su palabra, porque el incumplimiento le traerá
consecuencias inimaginables.
- ¿Y qué es lo que generalmente
pide en pago?
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- Su alma, suegro, su alma. Pero
como usted querrá gozar lo que él le dará, y todos los que hacen este pacto
piden grandes riquezas, al llegar el plazo podrá cambiar su vida por la de un
ser amado, que puede ser su esposa, su madre, un hijo y, por último, un amigo,
que en ningún caso serán los dos testigos. Así, usted podrá entregar, si el
plazo es de diez años, un allegado diferente cada diez años, hasta el plazo
máximo de cincuenta años.
- Estoy listo y ya decidí a quién
voy a entregar primero.
- Si está listo hasta con la
primera entrega, lo espero mañana a las ocho de la noche para llegar temprano
al sitio del encuentro. Pase esta noche y le informo de qué manera se va a
presentar el gran señor, para que venga con los elementos adecuados.
Efectivamente, a las siete de la
noche regresa el interesado a quien Teófilo le informa que debe traer al día
siguiente un
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mantel, preferiblemente blanco,
porque el diablo se presentará en forma de toro bravo. Teófilo lo felicita,
porque es la prueba más sencilla, toda vez que para la época era raro el hombre
del campo que no tenía experiencia frente a toros bravos en los corrales o en
los potreros. Cual más cual menos, nadie evadía un enfrentamiento con toros,
aun cuando se tuviera que recurrir a la velocidad de las piernas para no ser
corneado. Y el viejo José Isabel pensó que la cuestión estaba pilada, por lo
fácil. Del viejo José Isabel Bello se comentó que poseyó extrañas facultades,
como la de darle órdenes a las culebras. Si encontraba una en el camino, con
ánimo pendenciero le decía:
"¡Apártate, que voy a pasar
Manuela!" y la culebra corría a esconderse bien lejos del camino que
llevaba José Isabel. Afirmaban así mismo que, con una pita de majagua colorada,
con un cáñamo o una rama, creaba una culebra. El yerno le informa también el
nombre del escogido corno testigo.
A la hora del compromiso parten
los tres
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hacia el sitio en que habrá de
celebrarse el encuentro entre el que ambiciona una fortuna y el diablo
convertido en toro. El uno, el citador del demonio, el otro el interesado en
negociar su vida a cambio de fortuna y el tercero como simple testigo. Caminan
en silencio, inmersos en sus propios pensamientos, por cuanto no hay nada de
qué hablar y cada cual evita el tema.
Llegan, en medio de la oscuridad
de la noche, a un claro dentro de la montaña que parece hubieran adecuado en el
día para la ceremonia que se desarrollará a continuación. Teófilo Angulo pide a
sus acompañantes mantenerse a la orilla del claro, que es una especie de
redondel, mientras él va al centro. Allí habla solo, gira de derecha a
izquierda, y se detiene frente a cada punto cardinal y cuando termina, vuelve
al lado de sus dos acompañantes, toma de la mano al interesado en vender la
vida y lo conduce al sitio que acaba de dejar. Una vez allí, le dice:
- Suegro: Prepárese a torear,
pero no
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vaya a mostrar miedo. Tenga la
seguridad de que el diablo no quiere matarlo de una cornada; él solamente va a
medir su disposición de venderle la vida. De acuerdo como lo toree, de pronto
es suficiente un solo pase y de inmediato se presenta a negociar. Va su vida y
la mía en esto, suegro ¡No lo olvide!
Lo deja en el centro del redondel
en medio de la selva. La luna, que había estado esplendorosa, se esconde tras
las copas de los árboles sumiendo en tinieblas el espacio del encuentro.
Teófilo le dice en voz baja al testigo:
- Si mi suegro se aculilla ante
el toro, usted y yo, para evitarnos problemas, correremos a coger la manta y a demostrar
que estamos dispuestos a enfrentarnos a Satanás, para que no se desquite la rabia
con nosotros. El que se acobarda frente al diablo, después de pedir la cita, ya
le entregó el alma, así el negocio no se haya llevado a cabo. El testigo hace
una señal afirmativa moviendo la cabeza y ambos se dirigen a
35
la orilla del redondel.
El entorno continúa
oscureciéndose cada vez más y las tinieblas se tornan densas a semejanza de una
capa de fina tela que puede asirse, pero ninguno de los tres hombres se mueve.
Casi no respiran y si lo hacen es tan tenuemente que más parecen estatuas que
seres humanos. De pronto, un remolino alcanza a vislumbrarse en medio de la
oscuridad y envuelve los árboles que cercan el redondel en tal medida que
amenazan con venirse al suelo por la fuerza del viento que los abate. José
Isabel, en el centro del redondel, impertérrito ante los fenómenos que se suscitan,
mostrando un valor y una hombría irreprochables, sostiene con dificultad la
manta que la fuerza de la brisa le mueve frenéticamente y en momentos le tapa
la cara y la visión. Un alarido de muerte retumba como un trueno, o a lo mejor
fue un trueno que se asemeja a un alarido, y el miedo les va entrando por las
abarcas y le llega a la cabeza, erizándoseles la pelambre a todo lo largo y
ancho de sus cuerpos.
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Ninguno de los tres supo de dónde
ni por dónde apareció un inmenso toro negro que votaba fuego por la boca y los
ojos. El animal rasgó con las pezuñas traseras la tierra y al viento se sumó
entonces el polvo. Tan intempestivamente como apareció, arrancó hacia el hombre
de la manta. En medio del retumbar de truenos, de la velocidad de los vientos,
del ruido producido por las copas de los grandes árboles de la montaña, de lo
que parecía una serie de alaridos brotados de las gargantas de los condenados
en las pailas del infierno, se escuchó un ruido diferente que se impuso al de
las imprevistas ocurrencias, un algo así como: BRUUUUP. Todo volvió
inmediatamente al silencio, como si nunca hubiera existido el ventarrón. Los
árboles quietos, cesaron los alaridos y la luna iluminó instantáneamente el
redondel. En medio del silencio se escuchó la voz del viejo Teófilo:
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- ¡José Isabel! ¡no abandone el
sitio ni suelte la manta, porque si regresa el diablo y no se le torea, de la
rabia nos lleva a todos, porque este hijueputa testigo se cagó del miedo!
El diablo, tal vez por la
fetidez, no volvió al sitio de la cita.
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LAS BRUJAS
Tal parece que, desde el inicio
de los tiempos, cuando el ser humano carecía de los conocimientos suficientes
para entender el mundo que lo rodeaba y los fenómenos de la naturaleza,
adjudicó lo incomprensible a seres más incomprensibles aún, como Dios y el
Diablo. Desde ese momento comenzó la lucha entre lo bueno y lo malo, y a esas
fuerzas inauditas se les atribuyeron poderes insospechados, que con el correr
del tiempo y la evolución mental del hombre, como especie, vienen ajustándose a
la realidad.
Pero algo de verdad hubo en
aquella actitud primitiva, y si bien es cierto que hoy, en plena era de
expediciones al espacio exterior para buscar y encontrar las raíces del ser
humano, poco se habla de lo bueno y lo malo, de Dios y el Diablo, como fuerzas
contrapuestas, no cabe duda de que hay algo inexplicable en muchas cosas. Si la
luz eléctrica iluminó al hombre y quitó el misterio a las tinieblas, no deja
por ello de pensar en
39
los querubines, serafines,
ángeles y arcángeles como soldados de Dios, y de diablos, duendes, vampiros,
brujos y brujas entre el ejército infernal. Tratemos de comprender la situación
recordando la manera en que versados y autorizados tratadistas del tema, como
padres y doctores de la iglesia, teólogos y demonólogos, entre otros,
conformaron los dos ejércitos en pugna, con sus, respectivas gradaciones,
jerarquías y líneas de mando. El ejército de Dios, por ejemplo, está
distribuido en tres grandes jerarquías o principados, y cada jerarquía en tres
compañías o coros, además de los espíritus, una especie de batallón que opera
independientemente, pero acata las tácticas y estrategias del mando central. La
primera jerarquía se desempeña concretamente en el cielo, y se llaman:
Serafines, porque permanecen ante Dios y abrasados en el fuego de la caridad;
el primero de todos es Adonay, llamado Angel de Luz. Recibe directamente del
Ser Supremo, las órdenes que trasmite a los de inferior categoría. Se
encuentran bajo su mando, con idéntica potestad, Eloim y Gehovan, que velan por
el
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cumplimiento de las órdenes.
Repartidos equitativamente en las siguientes jerarquías, se encuentran Maratón,
Azrael, Astroschio, Eloy, Milech, Ariel y Zenatog. "De aquí se deduce que
van descendiendo en categoría, a pesar de ser considerados como espíritus
superiores, por lo que bien podría denominárselos de primera, segunda y tercera
magnitud, siendo el principal de todos el gran Adonay o el ángel de luz, como
se ha dicho".
Querubines, porque son un reflejo
luminoso de la sabiduría del Creador, y Tronos y Coros, porque proclaman la
grandeza de Dios y lo hacen resplandecer. Los de la segunda jerarquía reciben
sus nombres como consecuencia de las operaciones que se les atribuyen en el
gobierno general del Universo, y son ellos: Dominaciones, que son los que
distribuyen entre los Ángeles inferiores el desempeño de los encargos y las
misiones; Virtudes, que cumplen sus prodigios,
41
reclamados por los grandes
intereses de la iglesia y del género humano, y Potencias, las que protegen con
su fuerza y su vigilancia las leyes que rigen el mundo físico y moral.
Los de la tercera categoría,
tienen el encargo de la dirección de las sociedades y de las personas. Ellos
son: Principados, que se ocupan de los. reinados, provincias y diócesis;
Arcángeles, que transmiten los mensajes de alta importancia, y ángeles
guardianes que acompañan a los seres humanos, velando por su seguridad y
santificación.
Además, hay siete gobernadores
con funciones diferentes, que son: Aratrón, Bethon phaleg,0ch, Hagefh, Ophiel y
Phul.
El ejército contrapuesto, tiene
las siguientes líneas de mando: Lucifer, emperador; Belzebuth, príncipe y
Astaroth, gran duque. Siguen los espíritus superiores, subordinados a los
anteriores, que son: Lucífugo, primer ministro; Satanachio, gran general;
42
Agliareth, gran general;
Fleuretti, teniente general; Sargatanas, brigadier y Nebiros, mariscal de
campo.
A las órdenes de los mencionados
se encuentran tres espíritus superiores: Mirión, Beliat y Anagaton. A ellos, y
para no ser más extensos, están subordinados por grupos de tres y en su orden:
Bael, Agare, Marbas, Pruslas, Arimón, Barbatos, Buer, Gusatan, Botis, Batín,
Pursan, Abigar, Loray, Balefar, Foran, Ayperos, Nuberus y Glasyabolas. "Y
aunque hay todavía millones de espíritus que están subordinados a los
precedentes, es inútil nombrarlos, porque no se sirve de ellos sino cuando
place a los espíritus superiores hacerlos trabajar, en su lugar, pues los
tienen como servidores o esclavos". No crean los lectores que inventamos
estas cosas. Los remitimos al Concilio de Letrán, que hace ley en materia de
ortodoxia, acordó que “los Ángeles son espíritus puros", mientras que el
Concilio de Trento indicó: "Por designio de su providencia, confió Dios a
los ángeles la obligación de guardar al género humano
43
y de asistir a todos los hombres
individualmente, para que no sufran daño de mayor gravedad"; la Pastoral
de Monseñor Goussel, Cardenal Arzobispo de Reims para la Cuaresma de 1864, en
donde aparece completa la línea de mando de las huestes celestiales; "Magia"
de Arbatel, el grimorio "Tratado Completo de Verdadera Magia", entre
otros. Como si fuera poco, al Ser, Supremo suele calificársele como "El
Dios de los Ejércitos" pero los militares tienen a un demonio de sus
preferencias: Abigor, quien forma parte de la monarquía infernal con el título
de Gran Duque con sesenta legiones de demonios a sus órdenes. Los militares y
amantes de la guerra lo adoran porque no escatima dar consejos insuperables en
estrategias y tácticas, y otorga el poder de hacerse amar de los soldados. En
la Colombia estremecida por la violencia, de todos los colores y tamaños y
proveniente de los cuatro horizontes ideológicos, se habla desde la guerra del
Cartel de Medellín contra el país, que los sicarios escogieron a una virgen
como patrona, a la cual se encomiendan para
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que les permita salir bien
librados de sus acciones. Hasta una película fue filmada sobre el particular.
Tal vez enredar a los del cielo con los del infierno en un mismo propósito,
peor aún, encomendándoles a los celestes que los favorezca y facilite asesinar
a otro ser humano, es resultado de la desinformación. El grado de instrucción y
cultura de los antisociales colombianos es el más bajo de la sociedad, y si ni
siquiera los egresados de las universidades leen para adquirir nuevos
conocimientos y ampliar el acervo cultural, menos pueden hacerlo los asesinos
profesionales. En las huestes satánicas hay un demonio apropiado para estos
menesteres, y esperamos que los que se dedican a la profesión de asesinar a
otros seres lo tengan en cuenta. Se trata del demonio Caacrinolaas, que se
presenta ante quienes lo invocan en la figura de un perro negro de enormes
proporciones provisto de alas de grifo y que tiene a sus órdenes a treinta y
seis legiones infernales. Caacrinolaas posee el secreto de lo futuro y es el inspirador
de los homicidas y asesinos.
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Cuando ambos sectores se debatían
en la oscuridad, el ser humano, que es el único que parece no guardar la
armonía de la Creación, varió algunas reglas del juego y se convirtió, así
mismo, en víctima de la guerra entre Cielo e Infierno y desató una persecución
implacable y sangrienta contra las fuerzas de Satán. Si bien aceptaba que esas
fuerzas eran superiores a él, pensó que eliminando a verdaderos o supuestos
humanos aliados al Diablo, habría de ganarse la buena voluntad del Cielo, que
paradójicamente, pregona la buena voluntad y la paz entre los hombres. Y se
desató la guerra contra el más insignificante de los aliados de los avernos:
las brujas. Esta actitud no era otra cosa que una gineco fobia, o lo que es lo
mismo, odio a las féminas (sin que ello llegue a ser una actitud homosexual);
un exceso de machismo y una manera de presentar a la mujer, que con su cuerpo y
sus órganos reproductores no hace otra cosa que cumplir el mandato de Dios de
multiplicar la especie, como el origen de la maldad. Si hay quien dude de esto,
que lea cómo, en el día de hoy, cientos de miles de mujeres son tratadas como
46
enemigas del hombre, pero usadas
por él para satisfacer sus requerimientos sexuales, en los países en que predominan
religiones diferentes a las que provienen de la rama común del cristianismo.
Ese ataque inmisericorde contra la mujer, tildándola de bruja, se encuentra
registrado en las páginas de la historia. La Santa Inquisición, que de santa no
tuvo nada y más bien fue una infiltración de las fuerzas diabólicas en el seno
de los ejércitos celestiales, y Salem, la ciudad que ardía las veinticuatro
horas del día quemando los cuerpos femeninos, son una muestra de esta locura
humana.
No se puede omitir el hecho de que
las iglesias cristianas se resisten a considerar a la mujer, a la que le niegan
la facultad de ser sacerdote o pastora, pero disimulan mejor el rechazo.
La bruja, entonces, es un
fenómeno universal. Poco se habla de los brujos, pero de que los hay, los hay.
La Costa Caribe no fue la excepción en la concepción de una mujer como aliada
del
47
Diablo. Las ciudades más viejas
del país, como Santa Marta, Cartagena, Popayán y Bogotá, entre otras, registran
versiones en las que las brujas ocupan el papel protagónico principal. Y las
tierras del Sinú, la Sabana, el San Jorge, el. Morrosquillo - el escritor Oscar
Vega Revollo escribió una novela histórica, desgraciadamente inédita sobre las
brujas de Tolú - registran una rica vena de leyendas sobre brujas, brujos y
similares.
Este no es un tratado sobre las
brujas, pero no podíamos dejarlas a un lado, cuando ellas son un aporte
significativo en la historia de estas tierras. Sirvieron para modelar aspectos
importantes del carácter del hombre costeño y para justificar los fenómenos de
una tierra llena de contrastes que en el pasado fue calificada como el Bolívar
Grande. Por ello, en la recopilación de datos sobre este asunto, encontramos lo
siguiente: Clases de Brujas:
En tratados de varios autores
nacionales e internacionales, se hacen prolijos comentarios sobre la gran
variedad de
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brujas que existen. Pero los
sinuanos, sabaneros y sanjorjanos, nos limitamos a dos tipos: La brujas
volantonas o arbolarias, y las brujas tierreras. Las volantonas o arbolarias,
tienen la capacidad de trasladarse como cualquier avión, de un lugar a otro sin
tener en cuenta las distancias. Su papel es llevar y traer noticias de asuntos
de actualidad o futuristas, preferentemente, de hechos violentos. Generalmente
utilizan una escoba como medio de transporte, y así se concibe en el resto del
mundo. En nuestro medio se asegura que es la bruja volantona o arbolarla la que
succiona la sangre de los niños recién nacidos que no han sido bautizados y a
los que comúnmente se califica corno "moros", dejándolos muertos en
las cunas. Igualmente, se les atribuye la capacidad de transformarse en
animales como patas, pavas, puercas, monos colorados, micas prietas, etc., para
hacer pasar malos ratos a hombres y mujeres en los sitios despoblados o en poblaciones
pequeñas. La bruja tierrera, es la que no tiene la capacidad de volar, la cual
se adquiere después de varios arios de
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servicio a las fuerzas
infernales. Sin embargo, parece ser la más perversa entre los tipos de brujas,
por cuanto, como cualquier traidor, obedece ciegamente a Satanás y por ello
sirve de vehículo para las manifestaciones de éste en aparecidos, espantos,
etc.
Se asegura que fueron tantas las
brujas en cada pueblo, que entre ellas se formaron bandas. De la misma manera
en que los habitantes de los barrios Chuchurubí y La Ceiba, en Montería, Barrio
Arriba y Barrio Abajo en San Pelayo, para no citar tantos, competían en el
aspecto de organizar y realizar los mejores fandangos, tener las mejores
agrupaciones musicales, sacar en los desfiles las más grandes y mejor ornadas
carrozas y a presentar a las más lindas madrinas, como se llamaba entonces a
las que hoy son "reinas" de cualquier cosa, las brujas optaron por
crear grupos cuya rivalidad no era otra que agradar al señor de las tinieblas.
En cada banda de brujas se encontraba un brujo, los cuales recibían el
calificativo de zánganos, como Jos maridos de las abejas reinas,
50
cuya principal función se
centraba en satisfacer los apetitos sexuales de las brujas y pelear por ellas
con los zánganos de las otras bandas durante los enfrentamientos, que sucedían
cada cierto tiempo. Los zánganos eran los sacrificados en las batallas.
Nos contó un amigo, que a su vez
fue amigo personal de aquel, que uno de los mejores zánganos, superviviente de
numerosas batallas entre bandas de brujas del municipio de Cereté, lo fue
Antonio Macea. Llegó a tanto su dominio sobre las brujas, que prácticamente
mantenía diariamente en el dormitorio de su residencia un mínimo de tres brujas
amarradas, procedentes de distintos lugares, a las que dejaba en libertad sólo
después de varios días de intenso ayuntamiento sexual. Estas actitudes eran
condenables entre las brujas y por ello los zánganos debían enfrentar al
contrario para no dejar burlada a su banda.
Y ya que hablamos de Antonio
Macea, fueron tantas sus habilidades en el campo
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de la brujería, que en el corro
de amigos y a la medianoche, se le pedía que fuera a un lugar en donde se
estuvieran celebrando fiestas, para que adquiriera buñuelos, carimañolas,
empanadas y otras frituras. En algunas ocasiones salió de Severá a Montería y
en menos de media hora fue y regresó y al presentarse a sus amigos hacía
malabares para capear el calor del envoltorio con los fritos, acabados de sacar
del caldero y la manteca calientes.
Las pruebas:
No bastaba decirlo o sentirlo, ni
mucho menos haber adelantado el curso respectivo, para poder llamarse bruja.
Había que probarlo, y la mayor gravedad de la prueba otorgaba un estatus en el
gremio. Generalmente las brujas son "graduadas" después de sacrificar
a un ser humano, y si este es pariente cercano de la victimaria, mucho mejor.
En los tiempos de oscuridad se habló mucho de que las brujas perseguían a los
recién nacidos sin bautizar para darles muerte, sacrificándolos en aquelarres o
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sábath a Satanás. El
extraordinario pintor Francisco Goya, dejó para la posteridad una obra
relacionada con los sábath en la que aparecen recién nacidos colgando de varas
y listos para ser consumidos en uno de esos aquelarres. Esa posibilidad mantuvo
alerta a nuestras bisabuelas, abuelas y madres, para evitar que los recién
nacidos fueran víctimas. Se insiste en que las brujas chupaban por el ombligo a
los niños hasta sacarles la última gota de sangre. Se recurrió entonces a un
sistema, luego de que en dos o tres noches consecutivas el recién nacido
llorara intempestivamente, y fue el rodearlo con velas e imágenes de santos,
santas y vírgenes. Así, la bruja tenía que subirse al techo de la casa y
convertir la lengua en un hilo delgado que bajaba hasta el sitio en donde se
encontraba el niño dormido. La madre, alerta, mantenía tijeras a la mano y
cuando el hilo llegaba al ombligo, lo cortaba. Varias mujeres murieron y es
famoso el caso de una joven que mediante ademanes informó a los familiares que
tropezó con una piedra y al caer se cortó la lengua con los dientes.
53
Murió a los dos o tres días como
consecuencia del desangre.
En el Caribe colombiano son
cientos de miles los casos de brujas y de hombres y mujeres señalados como
tales. Escogimos las versiones siguientes por considerarlas peculiares y porque
aún viven varios de los actores:
En el año de 1959, Rafael
Morelos, a quien dejamos de llamar Rafa Mondongo, porque a su progenitora se le
conocía en Montería como Rosa Mondongo y él, con una actitud de temple, pero,
respetuosa hizo la advertencia a la gallada del barrio Obrero para que se
suprimiera el apelativo, se fue con Pedro Salas a pescar a la llamada playa de
Santa Fe, por los alrededores de las instalaciones militares de Sierra
Chiquita. Generoso, el río les había dado suficientes ejemplares de su riqueza
íctica y cuando estaban para recoger los aparejos y la abundante pesca para
regresar a sus respectivos hogares, surgió ante ellos un pez de clase
desconocida cuyas proporciones eran tan enormes que
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pensaron más en un sábalo del mar
perdido en las aguas del río, que quizás se vino desde Tinajones a Montería. Se
propusieron pescarlo, por cuanto se les mostraba indiferente y parecía una
candidata de uno de los cientos de reinados que existen, desfilando sobre la
pasarela, como invitándolos, mejor aún, retándolos para ver si eran capaces de
pescarlo.
Volvieron a tomar las varas y las
camadas y tiraron los anzuelos al agua y en esas estaban cuando Pedro Salas
sintió que, por debajo de la tierra, pero viniendo desde el agua, un grito se
le metió por la suela de las botas y lo hizo temblar. Sacó el anzuelo y le dijo
a Rafael que era hora de irse, pero éste, como si el enorme pez lo hubiera
hechizado, se negó a suspender el intento. Salas preparó todo, incluso lo que
le correspondía a su compañero de faena, porque presintió que algo no estaba
bien y se puso a esperar. Unos diez minutos más tarde, el pez dejó de nadar
ante ellos y desapareció tan misteriosamente como apareció. Y como
55
sí una cosa fuera consecuencia de
la otra, escucharon claramente un aterrador grito que salió del río, el cual,
como para no dejar dudas, se repitió cuando ellos emprendían veloz carrera que
no suspendieron hasta llegar al barrio Buenavista. Ambos convinieron, luego de
reposar de la agitada carrera y de reponerse del susto, que el pez no debía ser
más que una bruja.
Pedro Salas también asegura que,
en el pueblo de Caño Viejo Verija, cerca de un árbol de Caracolí que estaba al
frente de la casa de Félix Ayala, salían tres monos colorados de regular tamaño
que asustaban a los viandantes nocturnos. Se tomó unos tragos como para tensar
los nervios y se dispuso a enfrentarse a los monos, porque se decía que eran
tres brujas del pueblo. Alerta se acercaba al caracolí cuando se le atravesó un
perro pequeño que lo distrajo ladrándole, por lo que no vio cómo aparecieron
los tres monos. Se acercó a ellos, pero de inmediato, pelándole los dientes, le
impidieron el paso. Pedro se retiró a prudente distancia y observó que los
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monos se sentaron a un lado del camino y comenzaron a acariciarse mutuamente los rabos, pero sin perderlo de vista. Por esa razón, cada vez que intentaba pasar, los monos saltaban a su frente y le mostraban amenazadoramente los dientes.
monos se sentaron a un lado del camino y comenzaron a acariciarse mutuamente los rabos, pero sin perderlo de vista. Por esa razón, cada vez que intentaba pasar, los monos saltaban a su frente y le mostraban amenazadoramente los dientes.
Consciente de que se trataba
efectivamente de tres brujas, Pedro puso en práctica una de las fórmulas para
espantarlas. Rezó la oración de San Bartolomé, que para esos tiempos se
encontraba en la memoria de la mayoría de los habitantes de la región no solo
para espantar brujas sino para amainar el rigor de los vendavales o
"suestes" como aquí se califican, se puso la camisa al revés y pasó
por en medio de los monos que lo miraron sin prevención alguna y que después de
dos o tres metros más allá, cuando volteó a mirar, habían desaparecido.
Interesado en saber cuáles eran
las mujeres que asustaban a la gente, transformándose en monos colorados, le
pidió a su bisabuela una fórmula y ella le
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indicó que, si tenía sospechas de
alguna, llegara al día siguiente a su casa, pero que antes de entrar, se
chupara el dedo meñique, dejando en el mismo suficiente saliva. Si era bruja no
le daría la mano cuando la saludara. Así lo hizo al llegar a la casa de María
de los Reyes Polo, en donde se hallaban cerca de seis personas más, todas le
aceptaron el saludo de manos menos María de los Reyes, que se excusó por tener
las manos sucias al encontrarse supuestamente en la preparación de los
alimentos, pero dirigiéndole una mirada preocupada, por lo que se convenció de
que era una de las tres brujas que se convertían en monos colorados. "Lo
cierto, dice Pedro Salas, es que muchas veces después encontré los monos junto
al caracolí, pero me dejaban pasar sin siquiera mirarme".
Entre los casos que en el pasado
se enmarcaban como fruto de brujerías, algunos no fueron otra cosa que producto
de la inventiva de ciertos vivos para distraer la atención general e impedir la
presencia de gentes en ciertos lugares y en determinadas horas de la noche. El
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cura sin cabeza de la plaza de la
cruz en Montería, no fue más, se nos aseguró por quienes en esos tiempos se
atrevieron a enfrentar el supuesto engendro maligno, que un sacerdote que se
colocaba el cuello de la sotana arriba de la cabeza para de esta forma pasar
indemne por en medio de la plaza y dirigirse a una residencia del sector en
donde daba rienda suelta a sus requerimientos sexuales sin violar,
públicamente, el voto de castidad. En Caño Viejo Verija, que como ya anotamos
en otro lugar, es el pueblo que mayor número de casos raros registra en la
región, aparecía una bola de candela que se enseñoreaba en la plaza y perseguía
a quien osara pasar por ella después de las siete de la noche. Y como si fuera
poco, otro engendro bajaba en forma de sábana blanca desde la copa de un
almendro, acompañando a la bola.
Algunos jóvenes decididos se dirigieron
a las ocho o nueve de la noche a la plaza para determinar si la bola de fuego y
la sábana blanca eran de este mundo o del otro. Y la osadía les sirvió para
disfrutar por varios años de licor gratis, por cuanto
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.la bola de fuego y la sábana no
eran más que una estratagema de un fabricante clandestino de rones que de esta
manera evitaba que los habitantes del poblado deambularan por la zona en horas
de la noche, cuando el olor del licor se apoderaba del ambiente.
Un gran amigo nuestro y personaje
de Montería tanto en las actividades ganaderas, de negocios, sociales y de la
política, conservador por más señas y hermano del director propietario de uno
de los periódicos que aquí circularon en el pasado, se disfrazaba de marimonda
asustaba a todos los que pasaban entre los guayacanes y la residencia del turco
Félix Dereche en Caño Viejo Verija, para penetrar sin dificultad a la casa de
don Nicolás, donde sostenía relaciones íntimas con una de las hijas de aquel.
En Chinú, se descubrió que un
individuo, cuya identidad nos reservamos por carecer de autorización para
mencionarlo, buscaba los lugares en que estaban de farra algunos de sus amigos
y como conocía la ruta que cada uno de
60
ellos tomaban al finalizar la
tertulia, se ubicaba estratégicamente para asustarlos. Unas veces colocaba una
vela sobre el caparazón de un morrocoy o una hicotea y con una vara impedía que
cambiara de ruta. A la distancia solamente se veía una luz que avanzaba
lentamente. En otras ocasiones se calzaba unos zancos y se envolvía con una
sábana blanca y a unos cien metros se colocaba en el centro de la calle o del
camino y agitaba la sábana. En medio de la oscuridad de la noche, el más
borracho y el más pintado, se devolvían asustados. El caso de un señor de
apellido Ezpeleta, es muy interesante. Se le señalaba como un buen brujo y
cuando estaba borracho, se subía a un caballo y lo cargaba a rejo para hacerlo
galopar enfurecido y entonces lo dirigía a tupidas arboledas, donde el animal
se estrellaba contra los árboles y terminaba muerto. Lo extraño del caso, sin
embargo, es que, exactamente al año de morir el caballo, al cual todos habían
visto cómo lo engullían los goleros, aparecía como si nunca le hubiera pasado
nada y Ezpeleta volvía a montarlo hasta que se pegaba otra
61
borrachera y de nuevo lo mataba.
Francisco Tordecillas, cuando no quería hablar con alguien, tomaba una escoba y
se la colocaba al frente, escondiéndose así detrás del palo. Un medio hermano
de papá, Pedro Nel Martínez Cuadrado, hijo del general Martínez del mismo
nombre quien fuera general del liberalismo en la guerra de los mil días, le
vimos esconderse de la Popol detrás de un poste de la luz en el callejón que
conectaba la calle 37 con la 39, por la hoy carrera diez. Los policías lo
buscaban como aguja en el sector con orden terminante de matarlo, pero pasaban
a su lado sin verlo, mientras que la vecindad, especialmente las mujeres,
ahogaban en sus pechos y gargantas los gritos -de espanto cuando los policías
le daban vueltas al poste de la luz y Pedro Nel, se sonreía.
José Ayala, al que en otra nota
llamamos El Niño, como todos lo conocían, fue señalado como brujo, tal vez con
poderes muy superiores al común de los brujos. Salía de su casa y le decía a
mamá: "Silvia, si llega una garza a la puerta del patio, me mandas aviso
que voy a estar
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ocupado en equis parte".
Varias veces ella vio una garza blanca, esbelta, con porte orondo, bajar
repentinamente frente a la puerta trasera de la vivienda del Niño Ayala, buscar
una especie de tronera por la cual, después de comprobar que mamá la había
visto, entraba y esperaba. Como la habitación del brujo era de balsa, él tapó
las rendijas, como hacían todos, con una gruesa capa de hojas de periódicos y
revistas y así no podía verse lo que ocurría en el interior. Mamá nos asegura que
muchas veces alcanzaban a escucharse las palabras y las risas del brujo y de
una mujer, que debía ser la garza por cuanto ella estaba pendiente y jamás
entró una mujer por la puerta de la calle ni por la del patio. Algún día,
inquieta por la situación, le hizo la pregunta respectiva al brujo y éste le
respondió que ciertamente la garza era una bruja muy linda que venía desde
Sincelejo, porque eran marido y mujer. • Lo singular, dice mamá, es que garzas
de todos los colores llegaron en un lapso de unos diez años, así como patas,
chelecas y otras aves. Como ella pusiera en duda la afirmación, el Niño Ayala
le aseguró
63
Que, en menos de diez días, se
daría cuenta de sus poderes, lo que efectivamente, ocurrió. Tres días después,
encontrándose en el patio recogiendo la ropa que había estado expuesta al sol,
eran como las ocho de la noche, un golero se le paró en el hombro, dando ella
un grito y emprendiendo veloz carrera hasta donde estaba nuestro padre. Por la
mañana, los familiares del brujo le preguntaban, en medio de risas, que si el
Niño Ayala pesaba mucho convertido en golero. Otra de las extrañas facultades
del Niño Ayala era que, en medio de conversaciones triviales, decía dé pronto:
Mañana, a tal hora, ¡llega fulano de tal, porque acaba de tomar la determinación
de venir a Montería a tal diligencia. Y así ocurría, y cuando le preguntaban al
visitante si le había dicho a alguien de su viaje, respondía que no, que había
sido una decisión intempestiva.
Una de las versiones que nadie
pudo afirmarnos su veracidad, es la de que
64
cuando las brujas salen a volar,
dejan las piernas en la cama. Se dijo que si alguien llega y unta limón y sal
en el sitio de las extremidades en que al regreso encaja el cuerpo de la bruja,
ésta no podrá colocárselas y permanece en cama largo tiempo sin dejarse ver,
hasta que se disipan los efectos de la untura.
En las poblaciones de Caracol y
Las Piedras, municipio de Toluviejo, los ancianos afirman que algunas personas
poseían el secreto para atrapar las brujas. "Eran cuatro palabras
solamente, pero no las recuerdo ya", nos dijo Guillermo Mercado Arias,
quien agregó cómo un amigo suyo le rezó la oración a dos patas que
acostumbraban a deambular a medianoche asustando a los viandantes, las cuales
cayeron sin fuerzas frente al tenedor del secreto.
Del extenso material, algunas de
cuyas piezas son verdaderas reliquias, que consultamos para elaborar este
trabajo, encontramos casos de brujas y de demonios, que tienen similitud a lo
expuesto. Tal el caso de la invisibilidad,
65
el máximo de los secretos de la
magia, de la demonologia, etc., sin omitir al cielo, porque hasta el sabio
Salomón está involucrado en el asunto. Veamos:
Salomón, según la Biblia el
hombre más sabio de la antigüedad poseyó libros y secretos interesantes. Escribió
un libro que se llama Las Clavículas, y se le atribuye la fabricación de un
anillo mediante el cual lograba ser invisible. El sabio Platón, acoge en su
obra una leyenda sobre el anillo de Giges, que a su vez es reproducida por
Cicerón en el libro "De oficis", según la cual, por invitación del
esposo, Candaule, rey de Libia, vio desnuda a la reina; en venganza, la reina
obligó a Giges a matar a su esposo y pasó a ser rey y marido. Cuando aún era
pastor del rey, Giges halló en una cueva el cuerpo de un caballo de bronce y
dentro de éste, un anillo que, al colocárselo, lo hacía invisible.
También encontramos el llamado
"Anillo de los Viajeros", (¿Acaso lo tenía Antonio Macea?) que le
permite a su poseedor viajar grandes distancias a pie,
66
por ejemplo, de Bogotá a
Medellín, en un solo día, sin fatiga alguna.
Los demonios Foreas y Balan,
convierten en invisibles a sus protegidos. En lo correspondiente a establecer
lo que ocurre en otros lugares y conocer las intenciones de las personas (caso
Niño Ayala), encontramos que San Agustín cita al cartaginés Albenus, que en
éxtasis profundo su alma viajaba a sitios remotos y al regreso, contaba todo lo
que había visto y oído, al igual que se refiere a otro que conscientemente
hacía lo mismo. Aristóteles sostenía que el alma puede, algunas veces, viajar
sin el cuerpo.
La fiesta de las brujas recibió
en Europa y Asia el nombre de Sábath. Se realizaba cuatro veces al arto:
Víspera de San Juan, víspera de Navidad, Martes de Carnaval, cuando muere
Joselito, y víspera de Pascuas. En varias poblaciones del Caribe, se cumplían,
o se cumplen, tales fechas en el cementerio local, al que acuden brujas y
brujos de toda la comarca y realizan una fiesta con toda la pompa. Fandangos en
los que los instrumentos de
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. los músicos son huesos de
cadáveres, las velas confeccionadas con sebo humano, las comidas elaboradas con
la carne de los muertos recientes, etc. etc. Una verdadera feria destinada a
entretener a los aliados infernales, y hasta ella llega el diablo con parte de
su corte. Podríamos continuar, pero dejemos lo demás a la imaginación del
lector, que, con seguridad, tiene versiones diferentes y tal vez más
interesantes.
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"EL CABALLO SIN CABEZA DE LA
PLAZA DE LA CRUZ"
Si algún sitio de Montería está
lleno de leyendas sobre espantos y aparecidos, demonios y brujas, ese es el de
la Plaza Chiquita o Plaza de la Cruz, en donde por años se realizaron los
célebres fandangos. En la hoy carrera siete, entre calles 35 y 36, es decir, a
un lado de la plaza, vivía nuestra familia. Allí nació y vivió sus primeros
cinco años de vida, quien escribe. La vivienda era una casa de techo pajizo y
paredes de bahareque, que mantuvo por años la mitad del frente con una cerca de
balsas y una puerta de corral, que fue adquirida más tarde por el sastre
Dagoberto del Castillo. Mirada de frente tenía a la derecha la casa de Aminta
Ballestas y a la izquierda una edificación que llegaba hasta la esquina de la
siete con 36, que era la cocina y un depósito de la residencia de nuestra tía
abuela María de los Ángeles Barrera, hermana media de la abuela paterna,
Felicia Cuadrado Viloria. Seguida de esta casa, hacia la carrera ocho, se
encontraba la casa de
69
Juan Fabra, en donde se
escenificaron los más afamados bailes de orquesta de la Montería de los años
30.
La abuela Felicia era la
propietaria de la casa, en cuyo patio, además de árboles frutales que para esos
tiempos era algo normal, había una troja sobre la cual dormían unas veinte
gallinas, unos cincuenta pollos, tres gallos, cuatro o cinco pavos y por lo
menos una docena de gallinetas o cocas, como aquí se les llama.
Contaba la vieja luego de
permanecer en una especie de estado de coma por más de un mes, lo cual hizo
temer por su vida, fue a eso de las doce de la noche se despertó sobresaltada
por algo que no pudo definir. Al escuchar el cacareo de las gallinas sobre la
troja, dedujo que alguien se había metido al patio por la puerta de corral,
para robarse las gallinas. tomó un mechón que permanecía al pie de la cama, la
caja de fósforos Parrot safetty Macht, más conocidos corno Fósforos de
guacamayo o fósforos de palito, prendió el mechón, abrió la puerta
70
que daba al patio y se dirigió a
la troja. A escasos dos metros del lugar
vio venir un caballo blanco que no tenía cabeza. El caballo adquirió en tan
corto espacio una velocidad extraordinaria y si ella no se aparta con celeridad
la habría atropellado. Fue tanta la velocidad, que el caballo sin cabeza formó
a su alrededor una tromba gélida que la golpeó en la cara y el pecho, se le
apagó el mechón y solo alcanzó a ver el animal saliendo por 1a puerta de
corral, que extrañamente estaba cerrada, con dos cajas de madera que colgaban a
lado y lado de la angarilla que portaba. Antes de caer al piso desvanecida,
escuchó el trote del caballo que se dirigía por la carrera siete hacia 1a calle
38 a galope tendido, atronando el espacio como si en los cajones de madera
llevara piedras de regular tamaño que se bamboleaban y creaban el estruendo.
Este engendro, indudablemente
diabólico, fue observado y escuchado por muchos de los residentes en los
alrededores de la Plaza de la Cruz, en ésta y posteriores ocasiones. En ese
mismo momento, los habitantes de la carrera
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siete salieron a las puertas de
sus casas para establecer qué pasaba. Eran las doce de la noche. Sin embargo,
nadie diferente a Felicia Cuadrado sufrió los efectos de haber estado tan cerca
del caballo sin cabeza.
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siete salieron a las puertas de
sus casas para establecer qué pasaba. Eran las doce de la noche. Sin embargo,
nadie diferente a Felicia Cuadrado sufrió los efectos de haber estado tan cerca
del caballo sin cabeza.
RUIDO DE PALMA Y DE MOSCAS
Corría el año de 1953 y la
creación del Departamento de Córdoba, produjo como por encanto, la desaparición
de la ola de violencia partidista que afectó a todo el país, pero en un grado
menor a las tierras del Sinú, el San Jorge y las zonas costeras del Urabá. Ese
año fuimos con dos hermanos de nuestra progenitora, los tíos Edilberto, más
conocido como El Ñaño, y Ladis, a realizar negocios en el Urabá y nos asentamos
en el pueblo de Buenos Aires, Antioquia.
Allí, como resultado del esfuerzo
conjunto, la plena dedicación y la juiciosa administración, levantamos un
pequeño capital que nos permitió vivir decentemente y nos ganamos el aprecio,
la admiración y el respeto de los demás. Un tío abuelo por la línea materna, Naudín
Bello, fue nuestro sostén y respaldo, especialmente en lo relativo a relaciones
comerciales, debido a que, por sus largos años de vivir en la región, era
reconocido como ganadero, agricultor,
73
terrateniente y comerciante en
maderas. Nos ganamos la confianza del tío Naudín que con frecuencia nos enviaba
a San Juan de Urabá, Damaquiel, Zapata, Uveros y otros lugares de la región
costera a comprar grandes cantidades de coco para surtir a las tiendas de la
zona en que residíamos.
Un día, el último viaje que
hicimos a esos lugares, las goletas que traían el producto desde localidades de
Panamá no llegaron a tiempo y nos vimos obligados a permanecer en San Juan
desde las cuatro de la mañana hasta eso de las cinco de la tarde, cuando arribó
la primera embarcación. El proceso de regateo de precios y de compras, el
embalaje y el montaje de los bultos de coco a las cuatro mulas, cuatro caballos
y treinta burros, no obstante, la ayuda recibida de varios conocidos de buena
voluntad, solo nos permitieron salir desatendiendo advertencias a las ocho de
la noche ¿Por qué desatendimos las advertencias? Tal vez la condición de jóvenes
nos hizo ver de manera diferente la localidad de San Juan de Urabá. Pensábamos
que la
74
despigmentación de la piel era la
más contagiosa de las enfermedades y encontrarnos a cada momento con un
"vallenato", como se les llama por estas tierras, nos impedía ingerir
hasta una gaseosa.
No comíamos, no bebíamos y casi
respirábamos con dificultad cuando estábamos en ese pueblo. Se agregaba el
hecho, también intrascendente, pero de capital importancia entonces, que en el
parque de San Juan se colocó sobre un pedestal el busto del general Gustavo
Rojas Pinilla. En Montería lideramos movimientos estudiantiles contra quien
llamábamos "Dictador" y cuando los graves acontecimientos de Bogotá,
en los que murieron estudiantes universitarios como consecuencia de marchas y
protestas estudiantiles contra el gobernante, el grado de odio que sentíamos
aumentó considerablemente. Y como si ello no fuera suficiente, por leer en voz
alta ante un grupo de respetables caballeros de Buenos Aires, Antioquía,
periódicos de Panamá en donde se relataban los acontecimientos,
75
el Inspector de Policía,
Francisco Muñoz, silenciosamente, nos mantuvo preso en el cepo durante una
noche y un día. Por eso, y por no haber ingerido alimentos ni bebidas en más de
quince horas, salimos tan tarde de San Juan. Al pasar por el lugar en que
descansábamos antes de entrar a San Juan o antes de salir si el coco llegaba
después de la una de la tarde, apenas sí aceptamos un plato de alimentos y agua
fresca y reanudamos el viaje, desoyendo también las advertencias del dueño del
predio que nos informó que ni siquiera los hombres de pelo en pecho cruzaban
después de las ocho de la noche la que llamaban "Loma de Víctor
Cárdenas", debido a los espantos.
La tal loma tiene una
singularidad. Se sube para encontrar una larga planicie y se baja para retornar
al camino común. Serían las diez de 1a noche cuando iniciamos la subida. No
teníamos diez minutos de rodar por la planicie, cuando el caballo en el que nos
transportábamos comenzó a dar muestras de inquietud y la arria aumentó el
trote. Repentinamente
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escuchamos como si fuera pegado a
la cola del caballo el ruido como de una palma seca que rodaba detrás, llena de
moscas. No vimos ni palma ni moscas, detuvimos la estampida del caballo con
gran esfuerzo mientras que los demás animales apretaron el paso. A la segunda
presencia de lo que asustaba a los animales, prevenidos como estábamos,
volteamos sobre la silla y apretamos el botón de la linterna, pero el rayo de
luz nos mostró un camino normal. Nada de palmas ni de moscas. Eso fue suficiente,
porque cuando nos ladeamos hacia la posición normal sobre el caballo se repitió
el ruido y un algo misterioso nos hizo sentir como si una persona nos hubiera
soplado aire en la nuca. El cogote se nos erizó junto con todos los pelos del
cuerpo y a ello se agregó que el caballo casi nos tira en una manifiesta
intención de desbocarse. Nos vimos apurados para frenar el animal y no caernos
y en esas estábamos cuando se nos vino a la memoria una recomendación de todos
los narradores de historias de espantos y de brujas y así actuamos.
77
- ¡Brujita, no me espantes,
acompáñame!, gritamos a todo pulmón. El ruido cesó de inmediato y una forma de
pájaro nos golpeó la sien derecha luego de lanzar un silbido que nos dejó
sordos. Hasta los animales se calmaron, pero entonces, asustados, los acosamos
para apretar el paso y siendo casi la una de la madrugada divisamos la casa de
la finca de don Víctor Cárdenas a quien desde la• distancia comenzamos a llamar
para que nos abriera las puertas. Así lo hizo, alarmado por los gritos de
miedo, y al referirle lo que acabábamos de sufrir nos dio un fuerte regaño,
porque según él, nadie transitaba de noche por esa loma, debido a que allí se
producían fenómenos inexplicables. "Da gracias a Dios, que quizás porque
eres niño, te protegió. Pero me ha tocado ver a más de un hombre bajar a
medianoche loco del terror. No vuelva a hacer una cosa como esa y mucho menos a
desobedecer los consejos de los mayores". El rapapolvo familiar no se hizo
esperar y creo que debido a ello no volvieron a enviarnos a buscar cocos a San
Juan de Urabá, ni nosotros lo insinuamos.
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LOS ESPANTOS DE CAÑO VIEJO VERIJA
Las versiones sobre apariciones
fantásticas parecen reunirse en mayor grado en el poblado conocido como Caño
Viejo Verija. Le siguen las localidades de Severa, Caño Viejo Palotal y Caño
Viejo Valparaiso. Todas están localizadas en una misma latitud y a las márgenes
de una vía acuática ya perdida, que en otros tiempos sólo se secaba en los más
intensos períodos de verano y derramaba sus aguas en el río Sinú en la llamada
Boca de Lara.
Conocemos varias versiones sobre
Caño Viejo Verija, pero únicamente nos referiremos a cuatro. La primera nos fue
relatada por nuestra progenitora hace ya muchos años y corroborada
recientemente, y la segunda, por ser protagonistas del insólito caso que llenó
de espanto a las dos personas que nos acompañaban, durante un viaje de semana
santa que se convirtió en una verdadera odisea por los percances registrados. Y
entramos en materia.
79
Nos contó nuestra madre que, por
allá por el año de 1940, por un disgusto de los que nunca faltan en el hogar,
tomó de la mano a nuestro hermano José Alberto, que en ese momento tenía
escasos dieciocho meses de edad y a quien escribe, recién nacido, y se fue para
la parcela de su mamá en Severá, en la que permaneció por el resto del año.
Nuestro padre, hombre ecuánime,
con una serenidad a veces desesperante, soportó la soledad del recién casado
con gran estoicismo, hasta que no aguantó más y le envió una nota pidiéndole
que olvidara los resquemores y volviera a Montería. La nota fue conocida por
abuela que de inmediato opinó que no debía atender el llamado, pero el amor
pudo más que las objeciones maternales y mamá preparó el saco con sus
pertenencias, le solicitó el favor a un hermano suyo para que la acompañara y
le pidió a nuestra abuela que la llamara a las cuatro de la madrugada para
viajar sin tener que sufrir los rigores del sol. La abuela, quizás por
equivocación, o tal vez por furia, la llamó y después de estar
80
todo preparado mamá se subió a un
burro con sus dos hijos y el pariente, a pie. Al llegar a Caño Viejo Verija, se
pasaba obligatoriamente por frente al cementerio, y cuando esto hacían, venía
un hombre corpulento con dos perros, que a medida que se acercaban adquirían
mayores proporciones y los ojos les brillaban en medio de la oscuridad,
mientras que de la boca de los animales parecían salir chorros de fuego. Mamá,
asustada por la visión, sintió cuando su acompañante, por la misma causa, se
agarró de la angarilla y por ello procedió a rezar varias oraciones, cuyos
efectos fueron los de que el individuo y sus perros se apartaran y apostaran a
un lado del camino, sin responder el saludo que con voz temblorosa le
presentaron al pasar por su lado.
Cuando llegaron a Montería, el
reloj del templo comenzó a dar las campanadas, señalando las dos de la
madrugada, lo que indicaba que salieron a las doce de la noche. Esta visión
terrorífica fue sufrida por numerosas personas que pasaron por el
81
cementerio de la localidad
mencionada en el lapso de las once de la noche y la una de la madrugada. No
pocos corrieron despavoridos al observar que tanto el hombre como los perros
crecían inusitadamente.
La segunda y tercera versiones
las • escuchamos de boca de conductores de automotores que por razones de
trabajo pasaban por el pueblo entre la medianoche y la madrugada. Se trata del
carro fantasma. Carlos Failache nos refirió que una madrugada al pasar frente
al cementerio vio venir un vehículo que no atendió la señal de bajar las luces,
que lo enceguecían por lo muy potentes. Se imaginó, por la intensidad de la
luz, que se trataba de un camión F-900 y temiendo un choque por lo estrecho del
camino, se orilló bien y detuvo la marcha de su propio camión, pero cual no
sería su sorpresa y el tremendo susto que se llevó, cuando las luces se
acercaban a toda velocidad y al agacharse para proteger su rostro del impacto,
porque no dudó que el vehículo que venía se estrellaría contra el suyo, no pasó
nada y la luz oponente
82
desapareció instantáneamente. La
persona que lo acompañaba en la cabina y el ayudante que venía sobre la carga,
mostraron su sorpresa pidiéndole que acelerara para salir del lugar, por cuanto
no podía ser otra cosa que un engendro diabólico, y él, tan asustado como los
otros, metió la barra de cambio, aflojó el cloche y pisó a fondo el acelerador
adquiriendo gran velocidad para retirarse cuanto antes del lugar.
Por allá por 1959, narra Pedro
Salas, que por años fue bombero y chofer en la estación de gasolina de José Miguel
Villadiego, se le ocurrió pedirle el favor al patrón para que le dejara un
camioncito en el cual trasladarse a Caño Viejo Palotal, su solar nativo, y
Severa, durante los días viernes santo, sábado de gloria y domingo de
resurrección. El patrón le suministró el vehículo y Pedro aprovechó la
circunstancia de que en ••• esos días disminuye el tráfico, para hacer su
agosto en semana santa trasladando pasajeros desde Montería hasta aquellas
localidades. En esas estaba cuando a la medianoche del viernes para amanecer el
83
sábado, observó por el retrovisor
que un vehículo se le venía encima por la parte de atrás. Para no dejarse echar
polvo porque el camino era destapado, aceleró, pero cual no sería su sorpresa
que el otro parecía estar pegado a la carrocería y por muchos esfuerzos que
hizo no pudo dejarlo rezagado. Optó entonces por detenerse, pero el otro se
detuvo también sin bajar la intensidad de las farolas. Reanudó la marcha y para
establecer qué era. lo que pasaba, daba bandazos imprevistos a uno u otro lado
de la vía y el vehículo que lo seguía obraba de la misma manera. Uno de
13-1-15jeros le gritó que acelerara porque ese era el carro fantasma y así
volvió a la máxima velocidad que le daba su propio vehículo y le permitía el
camino, sin lograr desprendérsele, hasta que llegaron a la altura del
cementerio, en donde las luces, conforme al testimonio de los que viajaban en
la carrocería, se metieron por la puerta del cementerio de Caño Viejo. Pedro
Salas regresó a Montería en la mañana del sábado, pero pese a la gran demanda
de pasajeros se negó a realizar otro viaje hasta que no terminara la
84
semana santa. En la semana santa
de 1965, salimos en un campero Willys a buscar a nuestra progenitora y hermanos
a Severá, en compañía de la que hoy es nuestra esposa y de Dionisio Pérez, un
empleado del DAS. Siendo las nueve o diez de la noche llegamos a los
alrededores de Caño Viejo Verija, pero nos perdimos y de un momento a otro
dejamos el camino abierto y trillado para remontarnos por uno que mostraba las trazas
de estar abandonado hasta para el tránsito de animales de carga, pero sin poder
establecer en qué momento se produjo el cambio de vía. Seguimos y encontramos
un puente al que subimos y cuando llegamos a la mitad nos sorprendimos con el
hecho de que el puente no tenía plataforma. Le pedimos a Dionisio que revisara
y él, luego de hacerlo, con el susto reflejado en el rostro nos invitó a
observar en dónde nos encontrábamos. Estábamos, no sabemos cómo, en la mitad de
un puente que no tenía ni siquiera la tercera parte de la plataforma y que
solamente con nuestros pasos, amenazaba con venirse abajo. Nuestra
85
esposa ha sido siempre una mujer
de temple y quizás por eso nos ha soportado tanto y rompió el silencio
ordenándole a Dionisio que recogiera tablas para tapar los huecos que quién
sabe cómo habíamos cruzado, para volvernos y así se hizo, y encontramos la vía
verdadera a eso de las cuatro de la mañana.
Dos o tres meses después, al
pasar en el mismo campero por frente al cementerio en compañía de tres
detectives que adelantaban una investigación por esa zona, tropezamos con la
luz de un vehículo que venía en sentido contrario pero que, al llegar a la
puerta del camposanto, desapareció repentinamente.
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LOS ENCANTOS DEL SINU Y SUS
AFLUENTES
El río Sinú es el accidente
geográfico de una grande extensión territorial del Caribe colombiano, que
compite con el resto del litoral en el aspecto de cuál posee el mayor número de
leyendas. La Mojana, el San Jorge, la depresión momposina, Tolú, el valle de
Upar, Riohacha, el archipiélago de San Andrés, Santa Marta y varias poblaciones
del departamento del Magdalena, así como el llamado Corralito de Piedra,
Cartagena, que guarda en sus murallas y sus castillos, en sus bóvedas y sus
atalayas, el terror acumulado por más de tres siglos de aberraciones infligidas
por el hombre contra el hombre. Las del Sinú, si bien guardan en ocasiones
relación directa con las de los otros sectores, tienen sin embargo su propia
esencia, su propio sabor.
La soledad de la selva, que crea
en la masa encefálica del ser humano extrañas sensaciones e impresiones, así
como visiones fabulosas, debió originar entre
87
los primeros pobladores del valle
del Sinú lo que es hoy una riqueza que se pretende recaudar y guardar en libros
para deleite y enseñanza de las futuras generaciones.
Desde el Nudo del Paramillo,
donde nace, hasta las bocas originales y posteriormente la de Tinajones, por
donde se derrama al Mar Caribe, , incluyendo sus numerosos afluentes, el Sinú
posee una incalculable riqueza en leyendas de todo tipo, desde las de los
aborígenes, pasando por las de los primeros invasores, como los Caribe, para
llegar a las de los provenientes de otras tierras, las de los españoles de la
conquista y de la colonia, hasta llegar a las de los negros esclavos y las del
hombre cósmico formado por la unión de las tres razas.
De todas esas influencias, las
del hombre primitivo de la zona tienden al olvido, pero se solidifican las de
los primeros hombres cósmicos, que con sus esfuerzos forjaron el Sinú de hoy.
Dentro de éstas, tropezamos con las narraciones de
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hechos extraordinarios que dejan
un raro sabor por la forma como fueron tejidas y su relación con personas y
hechos reales, que dejan la incógnita de cómo tratarlas, si como fantasías o
como verdades, porque aún viven testigos o actores de primer orden.
Los casos que siguen nos fueron
contados por quienes participaron en ellos o los escucharon narrados por los
mismos que en su momento los vivieron.
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LAS NIÑAS PERDIDAS:
Nos informaron que entre 1935 y
1955, varias niñas que entraban a la etapa de la juventud se perdieron por
lapsos de tres a veinte días, sin que nadie pudiera dar razón de ellas. La
única explicación de familiares y amigos era que posiblemente se habían ahogado,
porque todas las desapariciones ocurrieron en el momento en que se bañaban en
el río o en uno de los afluentes que en el tramo de Montería a Lorica
desembocan en el mismo. Otras, en los períodos de verano, se perdieron al
momento de llegar a los pozos de los que se surtían de agua, dejando al pie de
éstos los tanques, las tinajas y otros recipientes.
Las desapariciones ocurrieron en
momentos en que las muchachas se encontraban solas, aun cuando se registra un
caso en Severá de dos que cumplían la misma misión, mientras que se habla de
tres extraviadas en el mismo momento en Caño Viejo Palotal, pero fue imposible
retrotraer memorias a aquellos lejanos días. En el caso de Severá, tenemos los
nombres de Gertrudis y Esther, cuyos
90
apellidos omitimos en esta nota
por pedido de ambas, que no quieren ser nuevamente objeto de la atención
pública.
Ambas señalan que una noche se
encontraron en cercanía de sus casas a un hombre inmenso vestido de blanco, al
tanto que sus familiares dicen otra cosa y las ponen en momentos y
circunstancias diferentes: a plena luz del día mientras se bañaban en el caño.
Los informes aseguran que, a las
niñas, como es lógico cuando una persona perdida aparece, las indagaban sobre
dónde estuvieron, cómo fueron hasta allí, qué vieron, qué les ocurrió, etc., y
pese a que la sabiduría popular enseña que no hay quien hable más que el que
estaba perdido, éstas se mostraban reticentes a dar cuenta de sus actos.
Si accedían a ello, sus palabras
narraban hechos extraños, cosas maravillosas, paisajes espléndidos, tesoros
fabulosos acumulados por doquier y, en fin, hechos y cosas como las relatadas
en las páginas
91
del libro Las Mil y Una Noches.
Hasta allí, todo bien. Sólo que las narraciones bajaban poco a poco de tono
hasta convertirse en murmullos ininteligibles, la mirada se dirigía de una a
otra parte sin control y la interrogada adoptaba todos los signos de la persona
que ha perdido la razón. En esta condición de locura permanecían por días y
muchas de ellas, al descuidarse los familiares, salían corriendo desnudas por
las calles. Calificarlas de locas no fue un esfuerzo de los demás y al
comprobarse que las afectadas enloquecían únicamente cuando se las interrogaba
sobre los momentos en que se extraviaron, familiares y amigos optaron por
omitir todo interrogante al respecto. De allí la causa para que cada caso en
particular, y fueron más de veinte los registrados en un lapso de quince a
veinte años, fuera guardado celosamente.
Una hermana de nuestra madre fue
al caño a bañarse en compañía de una amiga de la misma edad y residente en el
mismo sector de Severá. La familia, en charlas en voz baja, decía que la tía
"G" se perdió
92
junto con Ester L., durante tres
días, pero ambas informan otra cosa. Por lo menos la tía "G", después
de sesenta años de reserva, voluntariamente nos suministró detalles que indican
que una noche salió de su casa en compañía de Ester hacia la casa vecina a
realizar una diligencia y que sorpresivamente apareció ante ellas un hombre de
una estatura descomunal, vestido de blanco. No puede informar otra cosa porque
ambas cayeron al piso privadas del conocimiento ante el susto recibido y
entonces sus recuerdos se trasladan a los momentos en que comienza el
tratamiento médico con las Niñas Encantadas de Providencia. Las narraciones que
guardamos desde tiempo atrás aseguran que ambas niñas fueron a bañarse al caño
siendo aproximadamente las cuatro de la tarde y que de un momento a otro se
perdieron de vista y todas las diligencias adelantadas para saber para dónde
habían tomado, si acaso se habían ahogado, etc., fueron infructuosas. Nada ni
nadie dio cuentas del paradero de las dos muchachas, que fluctuaban entre los
trece y catorce años, durante
93
tres días de afanosa búsqueda e
incansables averiguaciones.
No se sabe cómo ocurrió, pero de
lo que sí estaban seguros todos los testigos, es que cuando las dos niñas
aparecieron lo hicieron en el mismo lugar, con los vestidos y los cabellos
mojados, como si hubieran acabado de salir del agua, pero al tratar de explicar
qué les pasó, ambas quedaron como locas y hablando en una lengua que nadie les
entendía. El extravío afectó en mayor grado a Ester L., que además fue una de
las que expresó insistentemente su deseo, casi necesidad, de estar
permanentemente desnuda y que, por más de tres veces durante dos meses, se
escapó de su vivienda para correr por las zonas aledañas como Dios la echó al
mundo. La pérdida de la razón amainaba poco a poco y luego de dos meses ambas
niñas recuperaron la normalidad. Sin embargo, en períodos diferentes volvieron
a sufrir los efectos nocivos de la rara enfermedad, al repetírles los
interrogantes sobre cómo se perdieron cuando se bañaban, y se decidió entonces
vetar el tema entre las familias y
94
los amigos, que por más de medio
siglo guardaron prudente silencio.
En el lapso indicado al principio,
la desaparición de niñas en las mismas circunstancias y con los mismos efectos,
se registró en poblaciones de los municipios de Montería, Cereté, San Pelayo y
Lorica, levantadas a las orillas del río Sinú o de los caños, arroyos y
quebradas que arrojan sus aguas sobre el mismo. Pero el solo hecho de
considerar locas a las niñas, impidió que sobre el particular se adelantara una
investigación que determinara lo ocurrido, por cuanto las familias no estaban
dispuestas a someterse al ridículo y como en el caso de los hijos tarados, en
esos tiempos eran temas que no se trataban ni siquiera en el recinto familiar
para no exponerse "al qué dirán", que condenó al encierro eterno
desde la cuna hasta el cementerio a quienes nacieron mongólicos, perdieron la razón
o por cualquier otra causa que se considerara un baldón para el buen nombre y
la tradición de la familia. De lo único que sí no hay dudas, es la de los
atributos de belleza de todas y cada una
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de las muchachas que se
perdieron, por lo que se dijo entonces, que las culpables de la desaparición
fueron las Niñas Encantadas, que se enamoraban de ellas. Y se rumoró con
insistencia que más de veinte niñas desaparecieron para siempre.
Erasmo Berrio Donado, el poeta
del verso popular y cultivador de las leyendas y del folclor sinuano, con el
que nos une un lejano parentesco, fue testigo de asuntos relacionados con las
Niñas Encantadas de Providencia. Nos narró el caso de Jesusita Cogollo, también
en Severa, que en cumplimiento de una diligencia familiar tropezó con una
piedra, cayó al piso y permaneció por ocho días con el juicio perdido. Al
quinto día la familia se las vio en calzas prietas para impedirle salir desnuda
a las calles, como lo pretendía. Nos cuenta que Jesusita caminaba por las
calles tarareando una linda canción y repitiendo la letra. Tan hermosa la
música como la letra, que llamaron la atención de José (Joselito) Causil, que
procedió a copiar las notas de la canción y
96
a Néstor Rhenals a escribir la
letra; Erasmo no sabe qué sucedió, pero Jesusita les notificó que se había dado
cuenta de lo que hacían y que por esas razones no volvería a cantar para que
ellos no se robaran ni la letra ni la música.
En los ajetreos estaban con
Jesusita en su casa, cuando pasó por allí Matías Jiménez, que al ver lo que
acontecía gritó desde encima del caballo que la muchacha, en ese entonces de
unos trece o catorce años, lo que sufría era de problemas sexuales y que estaba
necesitando un marido. Pidió que se la entregaran para quitarle "la
rasquiña", porque él sí era un hombre capaz en la cama. En ese momento la
muchacha ya estaba en manos de las Niñas Encantadas. Como ellas no aparecían
sino en la oscuridad de la noche, en medio de un cuarto en tinieblas sin que
nadie pudiera establecer cómo entraban ni cómo salían, los vecinos se mantenían
alertas para tratar de establecer algún aspecto del secreto, pero repentinamente
escuchaban los diálogos en la habitación y por ello no les sorprendió que una
de las
97
voces anunciara que al día
siguiente Otilia Martínez Luna, la mujer de Matías Jiménez, amanecería loca. Lo
que en efecto ocurrió. Marido y mujer cumplieron el acto sexual en las primeras
horas de la mañana y de un momento a otro la mujer salió desnuda de la alcoba y
comenzó a gritar por las calles que necesitaba hombres de verdad porque su
marido no era suficiente para complacerla. A la fuerza la arroparon y lograron
detenerla, amarrándola a la cama, hasta que se hizo contacto con las extrañas
mujeres tres días después, que vinieron a solucionar el problema que era la
consecuencia de un castigo dado por ellas mismas al exabrupto verbal del
marido.
Una de las niñas que estuvo
perdida, informó sobre cómo se extravió, en dónde estuvo durante tres días, con
quiénes compartió y qué vio, sin que perdiera la razón. Posteriormente y pasado
varios años, se dieron cuenta que desechó la oportunidad de casarse y formar
una familia y se encerró en su residencia de la cual salió metida en un
98
ataúd para el cementerio. Se
llamó Nicolasa Causil.
Como en los otros casos, Nicolasa
tendría entonces unos trece o catorce años, pero persisten en afirmar varias
personas que la conocieron, que para ese entonces ya aprovechaba cualquier
momento para ver pasar al hombre que le hizo latir aceleradamente su corazón,
para oír su voz, mirar sus ojos y forjarse en su mente de niña que despunta a
la juventud, la delicia de sus abrazos y el néctar de sus labios. Un día
cualquiera, y como cosa curiosa todas las desapariciones registradas señalan
las cuatro o cinco de la tarde, salió de su casa levantada a la orilla de un
brazo del río en la localidad de Providencia, perteneciente al corregimiento de
El Carito, y se dedicó a bañarse. Varias personas más, entre niños y adultos,
hombres y mujeres lo hacían también, y en medio de ellos, Nicolasa desapareció
como por encanto, como si se hubiera esfumado ante los ojos de los demás. Tres
días después emergió con el cabello, el cuerpo y los vestidos enlodados,
dejando
99
en el criterio de los testigos de
su retorno la idea de que se mantuvo en ese lapso, debajo del lodo del lecho
del río.
La niña refirió entonces su
odisea, de cómo sin pensarlo siquiera, una fuerza extraña la llevó bajo las
aguas para surgir instantes después en un lugar maravilloso, lleno de árboles
frutales de toda especie; de plantas ornamentales y de rosas de todos los
colores y calidades, suntuosos castillos, inmensos en tamaño y altura, dignos
de reyes, hadas y magos, parques indescriptibles y depósitos por doquier con
fabulosas e incontables cantidades de piedras preciosas, de monedas y lingotes
de oro. Niña al fin, lo que más llamó su atención fueron las viandas colocadas
en estricto orden en largas mesas, de las que pudo degustar pasteles, dulces y
confites de todos los colores y sabores. Y allí, tres bellas damas le brindaron
su atención y le asignaron el papel de representarlas en la tierra, para ellas
desarrollar una labor benéfica para el ser humano, como era la de curar
enfermedades, comprometiéndose Nicolasa a ejercer
100
esas funciones hasta el fin de
sus días. Las únicas exigencias para llevar a cabo el trabajo de representarlas
consistieron en prometer que permanecería soltera y a sembrar en el lugar
destinado a sede, el mayor número de árboles de flor de amor, lo cual hizo, y
convirtió así el patio de su casa en Providencia en un oasis de fragancias
agradables.
Fueron entonces las llamadas
Niñas Encantadas de Providencia, las encargadas de curar a las que aparecían
como locas después de permanecer extraviadas por varios días y a otros
enfermos, pero ello es materia de un registro distinto.
101
EL CADAVER QUE SE LLEVO EL DIABLO
En la vieja época en que el
territorio de los ahora municipios de Cereté y Montería, así como los del Alto
Sinú, estaban prácticamente despoblados y eran verdaderas selvas, muchas
cuestiones que pudieron ser normales en otras latitudes, en éstas pasaron a ser
verdaderos enigmas. Si en estos tiempos una persona se presenta en un pueblo o
en una ciudad con pocos bienes de fortuna y repentinamente pasa a ser un
potentado, el comentario general es que forma parte de los carteles de la
droga, de la venta de armas, de los secuestros, las extorsiones y toda
modalidad delictiva, porque no se duda que solamente el delito genera bienes de
fortuna. Es la moda y parecen ser las vías para salir de la pobreza de la noche
a la mañana. En aquellos tiempos, lejos de los sitios poblados en los que a su
modo estaba el embrión del crimen que hogaño nos afecta, adquirir fortuna de
repente se atribuía a que el beneficiado con toda certeza estaba comprometido
con el diablo. Para las mentes ingenuas y
102
alejadas de la civilización no se
encontraba otra justificación.
Por esa causa, muchos ciudadanos
que se acostaron en la miseria y se levantaron con cuantiosos bienes, fueron
encajados en el grupo de los vendedores de almas, tanto las propias como las de
sus allegados, porque Satanás no hacía discriminación. No se pensó en el
abigeato, en el contrabando, en el robo ni otras violaciones a la ley. Jamás de
los jamases se creyó en las estafas, en la producción ilícita de licores, en el
secuestro ni la extorsión. Solamente el diablo podía enriquecer.
En el Sinú, la Sabana y el San
Jorge, algunos personajes se vieron impotentes para quitarse de encima la
creencia de que estaban "empautados" y solamente a Satanás daban
directamente cuenta de sus actos. Lo cierto es que como en el caso de uno de
los Buendía en Cien Años de Soledad, muchos personajes escupían y la saliva se
convertía en una vaca, las vacas parían dos y tres veces al año terneros
gemelos, los terneros se
103
convertían en novillos y novillas
antes del año y medio y las novillas en vacas parideras antes de llegar a los
tres años. Cuando un finquero normal requería un mínimo de cinco años para ver
multiplicado su hato, aquellos en tres lo habían logrado en una proporción
mínima de tres a uno.
En Montería varios terratenientes
y ganaderos fueron clasificados como "empautados" y solamente los
hijos alcanzaron a quitarse el infamante mote. Uno de ellos amasó una fortuna
inmensa y aseguraban los peones de sus fincas, que en determinadas fechas,
generalmente cada cinco años, se presentaba en las primeras horas de la noche y
se quedaba en una de ellas a dormir, pero salía a eso de las once de la noche,
solitario, a un lugar apartado y lejos de ojos y oídos imprudentes, y una vez
allí esperaba hasta las doce en punto, cuando en medio de la oscuridad se
presentaba un hombre inmenso en un caballo también desproporcionado, ambos
negros y difíciles de detallar y se iniciaba una charla que duraba entre
104
quince y treinta minutos. Por la
mañana, bien temprano, el patrón salía para su casa en céntrico sector de
Montería, e indefectiblemente, a los seis días fallecía alguno de sus
trabajadores preferido. En otras fuentes se dice que todo este teatro de don P.
tenía como propósito intimidar a sus empleados para que se sometieran a sus
caprichos sin exigencias diferentes a las de recibir un salario de hambre, y
para el efecto se cuenta que cuando un empleado le pedía la liquidación de sus
prestaciones sociales, lo invitaba a la finca más cercana, de paso con un
nombre muy apropiado para cimentar la creencia popular, y a la medianoche, con
claridad suficiente como para que fuera escuchado por el empleado, entablaba un
diálogo con un supuesto espíritu de los avernos, para lo cual se introducía en
la boca algún artefacto que le variara la tonalidad. Así, el empleado que
buscaba la indemnización escuchaba un diálogo semejante a este: Don P.:
Satanás, ¿qué hago? Felipe, el vaquero, me está pidiendo la liquidación
105
de sus prestaciones sociales
porque ha trabajado conmigo doce años consecutivos.
El fingido Satanás: Yo te di las
riquezas que ahora tienes, pero no para que hagas obras de caridad, porque para
el infierno no valen las buenas sino las malas. Don P.: Pero Satanás, entiende
que el hombre tiene derecho a esas prestaciones. Durante esos doce años ha sido
un excelente trabajador.
Satanás: De la fortuna que te di,
te repito, no puedes sacar un centavo para obras de caridad. Si quieres
reconocerle ese dinero, te rebajo lo que le pagues multiplicado por mil y se te
acorta tu tiempo para cancelarme la cuota. Tú verás qué haces.
Don P. ¿Por qué no me das una
orientación Satanás, para cumplirte y para reconocerle a Felipe lo que le
corresponde? Satanás: La única manera es que me entregues el alma de Felipe
como pago de la próxima cuota. No hay otra alternativa.
106
Te repito, tú decides. Don P.:
Está bien, Satanás, mañana tomo una decisión al respecto y te aviso. Por la
mañana, cuando don P. llama a Felipe para sentarse a tratar el tema de la
liquidación, le responde el capataz que Felipe salió a eso de las cuatro de la
mañana con todas sus pertenencias, rumbo a otra región. ¿Cuántos modestos
trabajadores sufrieron los efectos de la patraña de don P.? ¿En dinero, cuánto
representó el no pago de jornales ni prestaciones en el aumento de capital del
avivato? ¡Averígüelo Vargas!
Pero lleguemos a la meta que nos
fijamos al principio. Quien nos refirió el caso hace muchos años, nos informó
que de vez en cuando le salía con una grosería a don P., para que no lo
inscribiera en la lista de sus peones preferidos y así evitaba ser dado como
cuota a Satanás. Y nos aseguró que un día en el que don P. cumplió su cita con
el hombre negro y misterioso, en el mes de junio de 1936, a los seis días murió
una joven de escasos diecisiete años, hija de una cocinera de la finca. La niña
agraciada, de porte
107
elegante y sonrisa casi
permanente en el rostro y voz melodiosa, que le permitieron ganarse el aprecio
y el cariño de todos los trabajadores, el capataz y hasta del mismo don P.
En medio del dolor de todos por
la repentina muerte de la muchacha, que hasta en la tarde del día anterior no
había mostrado ningún signo de enfermedad, se adelantaron los preparativos para
las exequias. El cuerpo fue trasladado desde la finca, localizada en la margen
izquierda del río, hasta la casa de unos parientes en el barrio Montería
Moderna, en la cual se realizaron las ceremonias previas. Para esos tiempos no
se enterraba a quien moría sino veinticuatro y a veces hasta treinta horas
después, casi siempre a la espera de familiares provenientes de otras
poblaciones y regiones lejanas.
Cuando se inició el proceso de
tapar el ataúd, que entonces se hacía introduciendo puntillas porque no se
conocían los sofisticados sistemas de hoy y cada martillazo lo recibían los más
108
allegados al muerto como si
fueran golpes directos en el corazón, una fuerte brisa se abatió sobre la zona.
El carpintero terminó de introducir la última puntilla y en consecuencia no
podía abrirse el ataúd sin romperlo. En este momento y en la parte de atrás de
la casa se escuchó el bramar de una res, a la que nadie vio porque en la casa
de la jovencita no la había. Al iniciarse el cortejo fúnebre, rumbo al
cementerio, los que cargaron el ataúd se sorprendieron porque carecía de peso,
como si fuera vacío. El caso fue motivo de soterrados comentarios.
Nuestro testigo nos señaló que
por ocho años se mantuvo alerta para estar en el momento en que la familia
dispusiera sacar los restos y llevarlos a un nicho, y al tomarse la decisión se
ofreció de voluntario. La sorpresa fue general en el momento en que se destapó
el ataúd y no se encontró nada en él. Los familiares fueron donde don P, quien
les dio una gruesa suma de dinero para que mantuvieran silencio. Sin embargo,
al realizar un balance, el informante
109
concluyó que la linda joven no
había sido ni la primera ni la última, ni sus familiares los únicos que
recibieron dinero del ganadero y terrateniente para silenciar una realidad que
hoy persiste en los rumores.
Sobre este tema, tenemos en el
material consultado, afirmaciones que nos dejan llenos de interrogantes. Entre
ellos está el del demonio Bifrous, del que se dice tiene la facultad de
trasladar de uno a otro lugar, de la forma y a la distancia que le señalen sus
protegidos, los cadáveres. Igualmente, el demonio llamado Claunek, que entrega
poder y riquezas, pero jamás perdona la entrega del alma que han de ofrecerle
los que obtengan su protección.
Así mismo, en Montería,
Sincelejo, Lorica, Mompós, Tolú, Sampués, entre otras muchas poblaciones del
viejo Bolívar Grande, se comenta en susurros la existencia de extrañas
habitaciones en las residencias de los magnates del pasado, a las que solamente
ellos tenían acceso, siéndole prohibido a esposa, hijos, nietos y empleados
apoyarse siquiera en el marco de las puertas. Eran
110
lugares prohibidos, a los que muy
contadas personas osaron adentrarse y los que lo hicieron, murieron llevándose
el secreto, aun cuando uno de ellos refirió muchos años más tarde, que se
sintió en un mundo diferente, en tinieblas, con la rara sensación de pavor, del
cual lo sacó la mano del patrón que lo sorprendió en el momento en que había
dado dos pasos dentro del recinto. Esas extrañas alcobas prohibidas, estaban en
las residencias de hombres que fueron señalados por el dedo popular como
"empautados", es decir, comprometidos con el demonio en pactos que
les proporcionaban riquezas y poder, y tal parece que estaban destinadas a
meter allí a los empleados que "viajaban a Venezuela", los mismos que
desaparecían sin despedirse de sus familiares y amigos, y lo peor, sin haber nunca
expresado la voluntad de viajar a otros países. En la zona central de
Sincelejo, a muy poca distancia de la, Catedral, uno de los magnates del que se
dijo adquirió una enorme fortuna a través de un pacto con los demonios,
construyó su vivienda de dos plantas. Está entre los edificios que algún
concejal, para
111
"defender el, patrimonio
urbanístico" de la ciudad, declaró que no podrán derribarse, frenándose
con ello el desarrollo ídem. Si bien es cierto que los que más tarde compraron
el edificio no hablaron del asunto, no puede negarse que adquirieron fortuna en
poco tiempo, no así los que, a manera de alquiler, la ocupan con frecuencia con
oficinas. Tal vez ignoran que allí está una de las puertas al reino de Satanás.
También lo ignoran quienes ocupan
hoy una lujosa vivienda cercana a la Catedral de Montería y los que están a
menos de cien pasos del mercado de Lorica. Como esos personajes fueron figuras
influyentes de la sociedad, de misal y camándula, buscaban la cercanía de los
templos como para que la carrera de la salvación no les fuera tan larga.
Sólo que los que suscribieron y
suscribirán estos pactos no tienen salvación alguna. Una familia campesina con
algunos bienes de fortuna, se trasladó a un centro urbano y los hijos
recibieron educación adecuada. Uno de los dos
112
cónyuges pactó con el diablo y la
riqueza se hizo presente de manera repentina y abundante. Todo marchaba
excelentemente hasta que el firmante del pacto trató de burlarse del demonio y
corrió a refugiarse en la iglesia. Satanás les demostró su poder y a la prima
noche, después de una agotadora jornada de estudios, los dos hijos mayores de
la pareja, jóvenes de dieciocho y veinte años que adelantaban estudios
profesionales en una universidad local, departían alegremente con otros amigos
y sin que se pudiera establecer la causa, dos cables de alta tensión se
partieron y un cabo de cada uno fue a dar a la humanidad de los dos muchachos,
únicos que sufrieron el terrible impacto, quedando incinerados ante la mirada
estupefacta de los demás. La riqueza, la buena suerte en los negocios,
comenzaron a venirse abajo hasta que la familia quedó en peores condiciones a
las que tenían antes del convenio con el diablo. Tal parece que una sola
persona, desde que el mundo es mundo y desde que aparecieron los demonios,
logró engañar
113
a Satanás para no entregarle el
alma. Un polaco de nombre Twardowski, hizo un pacto con Satán, en el cual una
cláusula disponía que antes de llevárselo, el diablo le concedía tres postreras
cosas. Leamos la transcripción:
"Llegado el día, Satán se
presenta a Twardowski en un baile. El hechicero le recibe de la más amable
manera, como si la infernal visita fuera de su mayor gusto.
- Vengo por ti- dice el diablo
con visible impaciencia.
- Es muy justo; pero cumple antes
lo estipulado.
- Lo recuerdo bien. Pide lo que
quieras.
Twardowski quiere que el demonio
le presente lleno de vida el caballo pintado en la muestra de la hostería donde
se hallan. Cumplido su deseo, quiere que el demonio le ofrezca una fusta capaz
de frenar el indomable ardor del mágico bruto. Satanás sonríe triunfante, y le
entrega la fusta que le ha pedido.
- Pide la tercera cosa-
Twardowski vacila, víctima de visible angustia.
114
- No te esfuerces exclama
Satanás, tu hora ha llegado y cuanto hagas será inútil: no retardes, pues, el momento.
- Ten paciencia- responde el
hechicero- que nada nos apura. Escucha, ¿conoces a mi mujer? - Si, hombre. -
Bueno; pues lo último que pido es que vivas veinticuatro horas con ella, como
si fueras su esposo.
- ¿Quién?... ¿Yo?... ¡Un cuerno!
¡Renuncio a ti mil veces antes!... Y Satanás salió disparando por los aires
lanzando espantosos gritos de rabia. Dícese que desde entonces no compra alma
polaca a ningún precio".
115
EL PENITENTE DE CIENAGA DE ORO
Las celebraciones religiosas de
Semana Santa en Ciénaga de Oro aún revisten algún esplendor, gracias al
esfuerzo de doña Berta Burgos de Mejía, quien pese a la indiferencia de las
autoridades logra cada año reunir los fondos para llevar a cabo los actos
respectivos, entre los que tienen fama la procesión del Santo Sepulcro, cuyo
cortejo da, al golpe de un tambor, tres pasos adelante y dos para atrás. Por
eso sale a las cinco de la tarde y el párroco debe enfurecerse y pelear con los
nazarenos, ya borrachos, para que entren la imagen al templo, toda vez que se
mantienen una esquina antes por más de tres horas, al cambiar el ritmo de los
pasos. Dan entonces uno adelante y dos atrás, dos adelante y uno atrás, con lo
cual no pasan del mismo sitio desde las diez u once de la noche. El otro tiene
ocurrencia a las cinco de la mañana del domingo de resurrección, que se llama
el paso de Las Carreras de San Juan. Este paso debe ser llevado por jóvenes,
por cuanto van de una esquina a la otra a toda velocidad con
116
el enorme peso encima, para
semejar el momento en que el Apóstol Juan ve a lo lejos a Jesús resucitado y
corre a informárselo a la Virgen María, que no le cree, por lo que debe
regresar a cerciorarse y vuelve corriendo a confirmárselo a la madre del
Cristo. Durante un largo tiempo la Semana Santa de Ciénaga de Oro fue tan
afamada como las de Popayán y Mompós, pero la indiferencia ciudadana la va
sepultando, contrario a las otras dos, que cada día se revisten de mayor
trascendencia e importancia no solo nacional sino internacional. A la par con
las celebraciones de la población de Santo Tomás en el departamento del
Atlántico, la cienagaorense mantiene la institución de los
"penitentes", caso en el que se sufre el mismo fenómeno. Los de aquel
lugar se registran nacional e internacionalmente por la prensa y los de acá son
ignorados. En tiempos ya lejanos, los penitentes salían del templo de Ciénaga
de Oro a orar a las cruces de arriba y de abajo, en las noches del jueves y
viernes santo. Conforme a los datos que nos
117
suministraron, y años después
corroborados en un programa de televisión por los señores Ovidio Santana,
Leopoldo Benavides y Carmelo Miranda, la cruz de arriba estaba, o está,
localizada a un lado del hoy hospital de Ciénaga de Oro, y la cruz de abajo en
la vía que conduce a un lugar llamado Cartagenita. En el caso que nos ocupa, la
cruz de abajo estaba en el sitio conocido como Chocorito, que parece no fue'
utilizado posteriormente a los hechos que vamos a narrar y que son ampliamente
conocidos en esa importante localidad sinuana.
Son hombres y mujeres, de
cualquier edad, que se colocan un capirote para no ser reconocidos, aun cuando
en pueblos pequeños nadie ignora de quiénes se trata; toman un látigo de cuero,
crudo mejor, con balines en las tiras y con el cual y a manera de silicio se
van dando golpes en la espalda en una constante flagelación durante el lapso de
la Semana Mayor. Los golpes, por muy suaves que sean, van formando edemas y
bolsas de sangre en la piel y por ello los familiares y
118
amigos del flagelante recurren
con una navaja o una cuchilla de afeitar a desaguar los edemas y las
protuberancias, sobre las que arrojan ron, el mismo que en cantidades
alarmantes ingiere el penitente. En uno de los tobillos se amarran una gruesa
cadena de eslabones de hierro, al término de la cual va amarrada una bola
grande del mismo metal. El penitente de Ciénaga de Oro, a diferencia del de
Santo Tomás, muy pocas veces se pone de pie durante los días de celebración,
que para el tiempo al que nos referimos, comenzaba el miércoles y terminaba el
domingo después de la llamada Misa de Gallo, a eso de la una de la madrugada.
Acá el penitente se acuesta en el suelo y va desplazándose girando el cuerpo
hacia la derecha y hacia la izquierda y viceversa, tratando así de arrastrar la
cadena y bola de hierro poniendo en acción todo el cuerpo, mientras que de pie
la fuerza la haría solamente en la pierna amarrada. La razón para que los de
allá y los de acá consuman tanto licor se origina en que los dolores corporales
son tantos y de tan alto grado, que solo embriagados pueden
119
soportarlos. Sin embargo, los
críticos, entre ellos sacerdotes y periodistas, jamás de los jamases cumplirían
una jornada de tres días en medio de tanto dolor, y abogan por abolir la
institución de la penitencia calificándola de un espectáculo bárbaro y cruel
cuando no es más que una herencia de nuestros abuelos españoles que tanto se
empecinaron en imbuirnos de fe católica. En una fecha que no se ha determinado,
cuentan los viejos "loranos", gentilicio que se encuentra arraigado
entre los nativos del lugar, un penitente salió de la plaza principal del
pueblo a cumplir con la oración en la cruz de Chocorito, erigida a un lado del
viejo camino a La Ye, sitio al cual llegó siendo las once de la noche.
Los familiares y amigos, como era
costumbre, se quedaron a una cuadra del lugar, que por ser solitario y a las
afueras de la población, tendría por lo menos unos doscientos metros de
distancia. El penitente llegó a la cruz en donde unas cinco o seis velas de
mediano tamaño iluminaban la escena y encontró a otro penitente arrodillado
frente a la cruz, la
120
cabeza gacha, el pelo largo, por
lo que pensó que se trataba de una mujer, lleno como él de polvo y en actitud
de oración. Se colocó a su lado e inició también sus oraciones agradeciéndole a
Cristo el favor recibido y por el cual cumplía la penitencia. Cuando había
pasado una hora por lo menos y terminado su compromiso, el penitente lorano le
preguntó al otro: Amigo, ¿qué hora será? —CUANDO SALI DE JERUSALEM ERAN LAS
DOCE DE LA NOCHE, le respondió con voz sepulcral. El penitente lorano se crispó
y al mirarlo notó que no tenía capucha y que del rostro manaba abundante
sangre, pero ésta no caía al suelo. El terror hizo presa de él, porque los ojos
del otro parecían brasas y fulguraban en medio de la noche. Aseguraron los
acompañantes que en el reloj de la iglesia estaban sonando las doce campanadas
con que terminaba el viernes Santo, cuando escucharon el grito del penitente, a
quien desde donde estaban alcanzaban a mirar solitario en actitud de oración.
El miedo se apoderó
121
de ellos y emprendieron carrera
hacia el pueblo y no obstante la velocidad con que lo hacían, el penitente los
alcanzó y los pasó, pero momentos después, cuando se pararon a establecer las
razones del grito, miraron al penitente con el tobillo ensangrentado y el hueso
al aire, porque el esfuerzo de la carrera y el peso de la cadena y de la bola,
le habían desprendido la piel, quedando en carne viva donde quiera que tropezó
en su precipitada fuga.
122
LOS SORTILEGIOS DEL NIÑO AYALA
El Niño Ayala nació en el pueblo
de Severá, municipio de Cereté, y siendo ya un hombre de aproximadamente
treinta y cinco o cuarenta años, se radicó en Montería. No conocimos el
parentesco con dos mujeres muy queridas y estimadas al final de la calle
diecisiete (hoy 37), hermanas entre sí, doña Isabel y doña Sol Hoyos, que
dejaron una serie de hijos muy populares y casi todos vivos al momento de
escribir esta nota. Ayala también tenía nexos lejanos con nuestra familia materna
y por ello podemos dar fe de lo que vamos a narrar, ya que lo conocimos
perfectamente.
El hombre tenía extrañas
facultades, que no eran comunes ni poseían los otros ciudadanos, como la de
duplicar los billetes de banco sin dibujarlos ni calcarlos, sin impresoras ni
tintas, con los cuales adquiría sólo lo indispensable para su manutención.
Jamás lo vimos haciendo más de un billete que, por la confianza y la
familiaridad, además de
123
que éramos vecinos y las
divisorias de aquellos tiempos consistían en líneas de alambre de púas, de
palos de caña flecha, matarratón, totumo, o tunas, le permitían solicitarle a
nuestra madre un billete de los buenos, no sin la advertencia de que cuando
devolviera el billete fuera el mismo que se le entregaba, porque los que hacía,
decía mamá, "se pierden en las cajas fuertes de los almacenes y los
cajones de las tiendas".
Para fabricar su billete, Ayala
sacaba el papel plateado de una cajetilla de cigarrillos Pielroja, desprendía
un papel blanco que venía adherido al papel de aluminio y que por curiosa
casualidad tenía el mismo largo y ancho de un billete legal de los emitidos por
el banco oficial. Colocaba el billete y el papel de manera que quedaban
perfectamente casados, agarraba una punta con dos dedos de la mano izquierda,
el pulgar y el índice, y la otra con los de la derecha, se abría de piernas
colocándose de frente al oriente, alzaba los brazos por encima de su cabeza, la
cual agachaba, y se ponía a murmurar de manera inaudible, como si
124
estuviera rezando. Terminaba, y
sin cambiar de posición, le daba vuelta al billete bueno para colocarlo en la
cara del papel que aún quedaba en blanco y volvía a subir los brazos y a rezar.
Terminada su ceremonia
particular, devolvía a mi madre el billete bueno y nos entregaba, ya que para
entonces sabíamos leer, una lista con todos los artículos que debíamos traerle
de la tienda de los Muñoz en la esquina de la 37 con carrera nueve o en la tienda
de don Miguel Caballero, entre las carreras ocho y nueve con calle 36, con una
sola prevención: "De lo que vas a comprar sobran cinco chivos (Así se
denominaba la moneda de centavos hasta llegar al peso). No recibas vueltas y
esos cinco chivos lo compras en panes, dulces y confites", prevención que
no nos hacíamos repetir porque los cinco "chivos" eran suficientes
para mí y todos mis hermanos durante dos días juiciosamente degustados ¿Qué
pasaba en realidad con los billetes de Ayala? Lo ignoramos. Lo único cierto es
que las veces que fuimos a cumplir con
125
entusiasmo sus mandados
observamos que los billetes eran iguales a los normales, que jamás los
rechazaron y tampoco se nos hicieron reclamos posteriores. ¿Quién se quedó con
el secreto? También lo ignoramos. Lo último que le vimos hacer, y ya entonces
lo calificaban de loco, fue sentarse en un banco del parque de Bolívar a gritar
enfurecido frente a la casa de una muy respetable y conocida familia de la
élite de la ciudad, exigiéndoles que le devolvieran la plata que les había dado
y que ahora le negaban.
Pero lo que sí nos asombró
sobremanera del Niño Ayala, fue su sistema de "echar suertes" como se
califica en nuestro medio a los augurios de los adivinos y magos. Y como no fue
en una sola ocasión en la que lo observamos, logramos detallar todos sus pasos
para tratar de sorprenderlo en lo que muchos aseguraban se trataba de un juego
de manos. Primero que todo, las tres últimas veces que presenciamos el acto no
fue él quien llegó por su propia iniciativa sino llamado por nuestra madre, sin
aviso
126
previo y sin demoras que nos
hicieran caer en la duda de que el acto estaba previamente preparado.
Nuestra progenitora lo llamaba
por el patio pidiéndole que pasara a la casa para que le ayudara en algo.
Cuando llegaba, ella le informaba que quería saber qué le deparaba el destino
en los días siguientes y colocaba una mesa sin mantel, frente a la mesa dos
taburetes, uno de espaldas al lugar por donde sale el sol y el otro de espaldas
al lugar por donde se mete. En el centro de la mesa ponía un vaso con agua un
dedo por debajo del borde. En eso consistía el preparativo que quién sabe en
qué ocasión le había señalado, mientras no le quitábamos la mirada al hombre
para ver en qué consistía el truco, pero no captamos nada anormal. Cuando mamá
se sentaba de espaldas al oeste, él llegaba y sin poner las manos en el
taburete, se sentaba manteniendo los brazos en alto. Rezaba en murmullos y
después bajaba la mano izquierda, la metía por debajo de la mesa en dirección
al vaso y se dedicaba a dar golpes suaves al tiempo que murmuraba palabras que
127
jamás entendí. De pronto el agua
se ponía a girar dentro del vaso haciendo una especie de remolino y cuando
estaba el giro en su furor, del fondo del vaso empezaba a salir una hoja de
papel blanco sin rayas, con figuras raras que con el correr de los años
concluimos, eran semejantes a la taquigrafía de las secretarias. Al cesar el
movimiento del agua le pedía a mamá que sacara la hoja de papel cuidando no
romperla y que la abriera frente a él, que aseguraba las rayas eran un mensaje
del más allá, que descifraba. Como pese a la corta edad leíamos muy bien, nos
empeñábamos por encontrar una frase, pero las caprichosas rayas nada nos
decían.
¿Cómo lo hacía? Quienes lo conocieron
afirmaban que el Niño Ayala tenía un poder diabólico que le permitía hacer
estas cosas, pero no para su beneficio, porque siempre fue pobre, sino para
entregar poder y riquezas a quienes ávidos de ellos, no dudaban en negociar sus
almas con Lucifer.
128
LA BRUJA DE NARIÑO Y SU BOLA DE
CRISTAL
Por allá por los primeros años de
la década del cuarenta del Siglo XX. residíamos en la parte final de la que ya
se numeraba como calle 27 y muy poco después 37, a una cuadra, de la zona de
tolerancia. Vivían a un lado, las matronas Isabel y Sol Hoyos, al otro lado de
la calle la familia de don Félix Burgos, al lado de ésta y al mismo frente
nuestro un callejón que comunicaba con la calle 38 y a la derecha un potrero
inmenso que todos llamaban la "paja" de los Cabrales.
Las relaciones de amistad con los
vecinos fueron, sin discusiones, las mejores que puedan esperarse. Los niños de
la época somos los viejos de hoy y cuando nos encontramos parece que no ha
pasado el tiempo. Nada ha cambiado. Por esas razones nos abstenemos de,
suministrar identidades completas y nos limitamos a dar los nombres sin
apellidos de dos de los protagonistas, pese a que ello podría restar
credibilidad a estas aseveraciones. Sin
129
embargo, en esto, estamos libres
de cualquier tentativa de ficción, y podemos asegurar que fue verdad de
principio a fin. Una vecina murió y uno de sus hijos, en el dolor por la
desaparición de su progenitora, no encontró otro camino que ahogar sus penas en
alcohol. En el ánimo de los otros hermanos no se justificó la actuación de quien,
en medio del dolor, antes que llorar como todos, se dedicó a ingerir bebidas,
lo cual obligó a los vecinos a intervenir para evitar situaciones enojosas
cuando aún se encontraba en la casa el cuerpo de la fallecida.
Julio, tal vez entendiendo que
había obrado mal, o quizás por no compartir con sus hermanos la concepción
errada que le habían dado a su proceder, sin decirle nada a nadie, preparó una
maleta y al día siguiente, después del funeral, partió con rumbo desconocido, de
lo cual se dieron cuenta al término del novenario. Julio, sin embargo, mantenía
un romance con María, que al quedar sola y sin
130
informaciones de ninguna clase
sobre el paradero de su amor, sufrió lo indecible. Lloraba día y noche y no
escuchaba reclamos, regaños, consejos ni nada que le señalara un comportamiento
distinto. La muchacha fue adelgazándose ostensiblemente y de ser una mujer
llamativa pasó a lo que entonces se calificaba como un "cuero", es
decir, totalmente depauperada.
Mamá ha sido siempre una
inmejorable e irrepetible vecina. Aún en los tiempos más difíciles, prefería
partir el diminuto pan que le correspondía a ella y a cada uno de sus hijos,
para brindarles a los hijos de alguna vecina amiga que estaba en peores
condiciones, que es mucho decir. Siempre la hemos calificado como la doctora
del barrio, porque a ella se le consultan todos los problemas de enfermedades
de los niños y sin prevención alguna, califica cuál es la enfermedad y el
remedio indicado, que se sigue al pie de la letra, tal vez porque si ella pudo
en medio de dramáticas dificultades económicas preservar su numerosa familia es
porque la
131
experiencia así lo garantiza. En
el aspecto sentimental, era también el paño de lágrimas de las amigas casadas,
solteras, abandonadas o "arrejuntadas". La consejera espiritual de
todos y a ella se recurre en los momentos problemáticos. Y María, a quien todos
criticaban por su comportamiento o aconsejaban que olvidara a Julio, recurrió a
mamá. Y quién sabe cómo ni por qué, ya que nunca estuvo en casa, la vieja nos
mandó a buscar a una señora que vivía en la calle 39 para que viniera a una
consulta. Corrimos a cumplir la orden y al dar cuenta del encargo, la señora
tomó una bolsa negra, metió en ella una bola de cristal del tamaño de las
farolas que adornaban el parque, frascos con líquidos de varios colores, pencas
de sábila, frascos con granos y otros objetos. El trayecto no era largo y
llegamos pronto, y luego de darle unas escuetas explicaciones a la señora que
se referían a Julio, nos ordenaron salir del cuarto al que se metieron las
tres, pero nos ingeniamos para quedarnos y presenciar lo que acontecería. La
mujer colocó una especie de rueda en una mesa, sobre la
132
rueda la bola y con mamá y María
al frente, las tres sentadas en torno de la mesa, comenzó a rezar. Juramos que
para ese momento no habíamos asistido a una sala de cine y tal vez unos veinte
años después fue cuando se conoció en Montería un aparato de televisión en
blanco y negro. A ello se agrega que en aquellos años las redes de energía
eléctrica se extendían solamente en la zona central de Montería, y se prestaba
el servicio de las seis de la tarde a las doce de la noche. Mucho más tarde se
extendieron las redes a la calle 37 y otras de los barrios de ese entorno, cuando
la luz artificial les quitó el misterio a las maravillosas narraciones de la
tía Miya, Mireya de Hoyos, que llenaba de fantasías nuestros cerebros siempre y
cuando le suministráramos calillas de tabaco de Ambalema o de revuelto con
hojas de primera calidad. Pero lo que presenciamos nos dejó atónitos. La bola
fue llenándose de una especie de humo blanco. Salía como si algo o alguien
fuera soplando humo desde la parte de abajo de la bola y ascendía en forma
total hasta copar la redondez interior. Desde el
133
escondite seguíamos los
acontecimientos y cuando la señora preguntó: - María, ¿es éste? - Sí, es él,
respondió la muchacha. - Señora Silvia, ¿es éste el Julio que usted conoce? -
Ese es Julio, por el cual preguntamos. Cuando mamá daba su respuesta, ya
mirábamos por sobre el hombro de la que desde entonces consideramos una bruja,
olvidando todas las precauciones y metimos la cuchara: - ¡Es Julio, el perdido!
¿Pero dónde está? - No puedo establecer cómo se llama el sitio donde se
encuentra y si ustedes no lo conocen, tendré que adelantar gestiones, agregó la
bruja. El humo blanco dentro de la bola se fue desvaneciendo y cuando ésta
volvió a quedar cristalina, la señora empacó de nuevo sus cosas y prometió
volver al día siguiente. Y así ocurrió por unas tres o cuatro ocasiones más,
pero no pudo determinarse en qué lugar estaba Julio. Las sesiones se hicieron
siempre entre tres y cinco de la tarde y en cada una de ellas Julio aparecía
caminando lentamente de un extremo a otro de un
134
largo corredor de cemento de por
lo menos un metro con veinte de alto, de una casa larga, de paredes de madera y
techo de zinc. Las paredes estaban pintadas de verde claro y el corredor tenía
el color natural del cemento, gris plateado. En cada ocasión, el joven vestía
de manera diferente, lo que descartaba una misma imagen. Algunas veces le
vimos, porque en las siguientes sesiones me permitieron quedarme en el cuarto,
recostado a la pared con ánimo desencantado.
Para los niños los espectáculos,
por muy interesantes, pierden pronto el interés. Y la bola de cristal fue
desplazada por los amoríos con Esperanza, con su hermana Silvia, con América o
con Emperatriz, o quizás por un desplazamiento con los amigos buscando en la
paja de los Cabrales una hermosa meneca, o una jornada de baño en la muralla o
en la playa de la Brígida, o muchas de las otras actividades que el tiempo no
nos permitía atender en una semana ni en un mes. Por ello no podemos
informarles qué sucedió más tarde y la memoria de
135
nuestra progenitora, por los
años, ya no es la misma y no obstante darle datos alimentando así sus
recuerdos, lo que logramos saber es que, pasados unos meses, o quizás uno o dos
años, María olvidó a quien la había olvidado, buscó otro amor, se casó y como
en los cuentos de hadas, vivió feliz y parió varios hijos y entre todos se
comieron más de una perdiz.
Unos veinte años más tarde, luego
de cumplir un periplo por todo el país, vinimos de vacaciones a Montería, y
cuando deambulábamos por la Avenida 20 de Julio, a eso de las cinco y treinta
de la tarde, un caballero transitaba de la calle 34 hacia la 33 y nosotros en
sentido contrario. El hombre se detiene, mira, abre los brazos y los dos nos
apretamos en un abrazo fraternal. Era Julio, quien informó que volvió a
Montería unos diez o doce años antes de nuestro encuentro, que preguntó por
nosotros, supo dónde estábamos y esperó a que se presentara una ocasión como la
que estaba ocurriendo. Luego de unas cuantas cervezas bien frías para soportar
el
136
inmenso calor de ese día, le
preguntamos sobre la casa de tablas verdes y techo de zinc. El hombre se quedó
meditabundo y respondió que no tenía idea de lo que se le preguntaba. Luego de
explicarle lo de la bola de cristal volvió a cavilar y de pronto dijo: - Sí, ya
sé de qué me preguntas. Se trata de la casa principal de la Gold Mines Company
de Segovia. Recién me fui de Montería llegué deambulando a Segovia, Antioquia,
y buscando un trabajo en la compañía minera debía ir todas las tardes, desde
las dos a las seis, a esperar al mister que dirigía la empresa, pero nunca pude
entrevistarme con él, me cansé y partí a otros lugares. Pero me hablas de cosas
diabólicas, porque eso de la bola de cristal que mostraba como en un televisor,
en esa época, lo que yo hacía, no te lo puedo creer.
- ¿Acaso Julio, alguien en
Montería sabía dónde te encontrabas?
- No lo creo. Puse tierra de por medio, porque
no pensé volver a este pueblo. Jamás me encontré con persona conocida, ni
siquiera de vista. Tampoco envié recados, notas, telegramas ni
137
cartas. Hasta el día en que me
cansé de vagar, y con el respaldo de un capital con el que poder montar un
negocio que me diera para vivir, decidí volver. Mis hermanos, mis sobrinos, mis
viejos amigos, todos me recibieron muy bien y aquí estoy. Sinceramente, si no
me preguntas por María, no la habría recordado, porque esos fueron unos amores
pasajeros, sin importancia.
- ¿Cómo podríamos entonces negar
que te vimos, aun cuando sea de manera rara e increíble, si corroboras que el
lugar que aparecía en la bola y aún no conocemos, existe y fue verdad que
acudiste a él en diferentes ocasiones?
138
EL SECRETO PARA ENAMORAR
Gerardo, un nombre ficticio para
ocultar la verdadera identidad del caballero que por fuerza debemos tomar como
principio de esta nota, un talabartero local, cuya seriedad, honestidad y
honorabilidad fueron ejemplares, por lo cual gozaba del respeto y la admiración
de los ciudadanos, tuvo un hijo al que puso el mismo nombre, pero por lo menos
para la época en que lo conocimos y tratamos con él, lo consideramos el
negativo de su progenitor. El hijo se dedicó a la zapatería y en ello quedó
cuando favorablemente desapareció de nuestro entorno. Como también, entre otras
actividades artesanales, aprendimos la zapatería, nos correspondió trabajar con
el personaje de esta nota haciendo chancletas, babuchas y otros tipos de
calzados para damas en un taller que a la sazón tenía el señor Roberto Piñerez
en el barrio Sucre, con cuya producción surtía gran parte del comercio del
mercado público local y en donde preferentemente se comercializaba este tipo de
calzado.
139
Allí nos topamos con el
individuo, al que brindamos amistad teniendo en cuenta las excelentes
relaciones que su padre había sostenido con el nuestro, hasta el punto de que
fue él quien enseñó a papá el arte de la talabartería. Pero mientras el viejo
fue un hombre afable, el hijo era huraño; el viejo dio y recibió amistad de un
gran número de personas en el pueblo y el hijo se llenaba cada día más de
enemistades; el padre fue un hombre sobrio y poco dado a la farra, mientras que
su retoño todo lo que ganaba se lo bebía, lo jugaba o lo gastaba en mujeres de
vida licenciosa; el viejo fue un exacto cumplidor de su deber y de sus
obligaciones y nunca nadie se quejó de él porque hubiera olvidado un
compromiso, a la par que el hijo le debía a todo el que conocía, llegaba tarde
a la jornada de trabajo, si sufría de guayabo mermaba en el rendimiento y si no
era para tomar tragos, frecuentemente olvidaba u omitía las citas y los
compromisos que pactaba. A semejante ejemplar, soportamos como compañero de
trabajo durante unos seis meses por lo menos. Un día en que a la fuerza lo
140
acompañamos desde el taller hasta
el centro de Montería, a la altura de la carrera segunda con calle 39, se cruzó
en el camino una linda joven a la que conocíamos por ser compañera de estudios
de una parienta muy cercana a la que, cosas de los primeros años de juventud,
como dice el poema, "adoraba en mi silencio mudo, como lengua mortal decir
no pudo". La joven residía en una lujosa mansión de los alrededores y
provenía de una importante y rica familia de Cereté, que quizás para
garantizarle una buena educación en el colegio de la Sagrada Familia, se
trasladaron de la capital del oro blanco a Montería y para la época, el sector
no repelía ni en la nariz, ni en los ojos ni en los sentimientos, como ahora.
Gerardo, dentro de la patanería que le brotaba por los poros, luego que la
muchacha nos saludó cariñosamente, le dijo: Adiós belleza, eres la mujer más
linda que han visto mis ojos. ¿Te gustaría ser la madre de mis treinta hijos?
La muchacha ni siquiera se inmutó, quizás porque el piropo, rematado con
141
una grosería, no le llamó la
atención.
- Reina linda, por favor, dime si estas
dispuesta a ser mi más grande amor y la madre de mis hijos, para llevarte hasta
el séptimo cielo- volvió al ataque Gerardo, pese a la advertencia de que la
conocíamos y no debía tratarla de esa manera. Pero la muchacha continuó su
camino sin dar muestras de sus verdaderos sentimientos. Y el hombre, con
inocultable furor en el rostro, y arrastrando las palabras, volvió al ataque:
- ¡Señorita, estoy hablándole,
respóndame! El silencio fue la respuesta, lo cual lo enfureció aún más. También
elevamos el tono de las advertencias para que cesara en sus molestias, pero él
ni siquiera nos miró, y resistiéndonos a admitir lo que oíamos, nos
sorprendimos de sus palabras:
- ¿Es que acaso no tienes lengua?
Si no la tienes te pongo una de marrano para que puedas comer mierda
¡hijueputa!- No tenemos palabras con las que definir lo que sentimos. La
vergüenza debió reflejársenos en el rostro cuando detuvimos la marcha, porque
él, con
142
acento amable, dijo:
- ¡Tranquilo hermano! Enseguida
subió el tono como para que ella lo escuchara, y agregó: "Mañana te espero
en el taller de zapatería de Piñerez, rogándome para que te desvirgue, pero te
voy a castigar por varios días para quitarte la importancia que no
tienes". Nos detuvimos en la esquina de la segunda con 38, y la muchacha
continuó su camino. Él, como para paliar en algo sus metidas de pata, informó:
- No te preocupes hermano, que mañana vas a ver a esa puerca arrodillada ante
mí rogándome amor, porque yo tengo el secreto para enamorar y se lo voy a rezar
ahora. Estirando el brazo derecho en dirección a la muchacha, cerró los ojos,
agachó la cabeza y se puso a rezar entre dientes. Luego sacó un pedazo de papel
de la billetera y nos lo entregó, asegurándonos que ese era el texto de la
oración para enamorar mujeres, el cual guardamos en un bolsillo de la camisa y
seguimos, cada cual, su camino. Pasados los años, guardando la identidad del
sujeto, la de la joven que hoy, si no ha
143
muerto, debe ser una matrona en
la ciudad a donde se fue a vivir después de su matrimonio, podemos asegurar que
no mentimos en nada de lo que hasta este momento hemos escrito ni en lo que
vamos a escribir. Serían las ocho y treinta o nueve de la mañana, cuando la
joven llegó al taller. Los obreros teníamos nuestros puestos de trabajo a un
lado de la entrada para evitar distracciones, pero escuchamos claramente cuando
ella le preguntó al señor Piñerez, que en el momento cortaba capelladas en un
mesón junto a la puerta de la calle, por un hombre de las características de
Gerardo, quien, con una amplia sonrisa, nos dio a entender que el secreto
estaba produciendo resultados. Como no había otro en el taller con esas
características, porque los demás, los hermanos Buelvas, eran tan bajos de
estatura como yo, el señor Piñerez, con mirada de extrañeza por la majestad de
la joven, le indicó dónde estaba y le permitió entrar. Ella, una vez frente a
Gerardo y sin mirar a ningún otro lado, como absorta, sin emociones, más bien
como un robot, le dijo:
144
- Señor, aquí estoy. Gerardo puso
un trozo de suela en el piso al lado de su sitio de trabajo, y le indicó que se
arrodillara sobre el mismo y se dedicara a darle caricias. La mujer lo hizo
como autómata. Cada dos o tres minutos, le daba una nueva orden, hasta que los
trabajadores protestamos porque pretendía que se desnudara para poseerla ante
nosotros. El señor Piñerez se unió a la protesta y le amenazó con echarlo si
continuaba atentando contra la dignidad de la muchacha, por lo que él dijo que,
para demostrarnos su poder, le quitaba el secreto y no volvería a molestarla.
Volvió a rezar y la muchacha, como despertando de una pesadilla, lanzó un
quejido, se pasó las manos por los ojos, se mostró sorprendida del lugar en que
se encontraba y salió corriendo para su residencia a escasas dos cuadras de
distancia. Cuando llegamos a casa, y luego de un análisis profundo del problema
y de los efectos causados, decidimos que, si esa era la forma de conquistar
mujeres, moriríamos célibes pero el secreto no lo guardaríamos ni lo daríamos a
nadie. Lo sacamos de donde lo guardamos, fuimos a la cocina y lo arrojamos al
fuego sin leerlo.
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EL SECRETO DEL "MOCHO"
MOVILLA PARA ARREGLAR LUXACIONES
Don Pedro Movilla del Castillo
fue un ciudadano ejemplar, que entre los vaivenes económicos levantó una prole
numerosa, y al mismo tiempo, cumplió con sus deberes ciudadanos y gozó de gran
simpatía, aprecio y del reconocimiento ciudadano por sus acrisoladas virtudes.
Un hecho del que sólo obtuvimos informes muchos años después de que murió,
gracias a la recopilación que sobre la familia tiene el primo Jerónimo Movilla
Padilla, se relaciona con la pérdida del brazo izquierdo a partir del codo, por
lo cual se le conoció como "El Mocho" Movilla. En plena juventud, don
Pedro fue muy aficionado a la cacería y poseía toda la parafernalia para ello.
Un día, en plena faena, se le rodó la escopeta y al dar contra el suelo se
disparó, hiriéndole en la mano. Los cirujanos de la época, bajo el principio de
cortar por lo sano para impedir que el mal avance, le amputaron el brazo por encima
del codo.
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Don Pedro fue hermano medio de
nuestro abuelo paterno José del Carmen Movilla Bermejo, y su esposa, Neris
Barrera, que en verdad debió llamársele Neris Galarcio Barrera, por haber sido
engendrada por el general Eugenio Galarcio, fue hija de María de los Ángeles
Barrera, hermana media de nuestra abuela paterna. Por esas razones, al existir
nexos familiares dobles, papá y nosotros gozamos de una gran confianza entre
ellos y ellos de admiración y simpatía entre nosotros.
Neris era la persona que
cualquier mañana, bien temprano, se presentaba en la casa y los muchachos
sabíamos cuál era la función que cumpliría. Obligamos a dejar la cama, bañamos
y ponernos ropa decente, era todo un solo acto, debido a que terminado el
proceso acicateado por las ordenes claras, precisas y perentorios de papá y
mamá, debíamos colocamos en fila india y pasar al frente de la tía que con una
sonrisa amable y a veces con risotadas de alto tono, nos abrazaba a uno por
uno, nos mostraba un paquete de confites de colores colocados a un lado de
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la mesa, que nosotros fingíamos
no ver, y luego nos señalaba el otro lado, el ominoso, sobre el que teníamos
puesta la mirada con ánimo atemorizado, en donde se encontraban sobres de Leche
de Magnesia Pesada Picot (¡Qué asco, Dios mío!), dosis de purgantes para cada
uno de aceite de ricino, o laxol, o de quenopodio, vermífugo Nacional, aceite
de higuerón o de leche de papaya, en fin, del purgante que los viejos habían
considerado conveniente para la ocasión. En muchas ocasiones nos mostraban dos
o tres clases distintas y nos invitaban a decidir cuál preferíamos, y si nadie
daba respuesta, nos amenazaban con uno de leche de magnesia, ante cuya
presencia extendíamos el brazo, abríamos la mano y agarrábamos cualquier otro,
por cuanto la mayoría vomitaba sólo mirando el sobre de magnesia. En otras se
trataba de una aleación de Sal de Glauber y de Sal de Epsom. La tía, con maña y
saliva, y mucha melosería, nos hacía tragar el odiado purgante, que con mucho
esfuerzo mental tratábamos de retener en el estómago porque si lo regresábamos
estaban en la mesa una, dos o tres dosis
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para esos casos de emergencia.
Muy pocas veces recurrió Neris de Movilla a pedir ayuda para purgar a un
rebelde, ni menos para introducir entre los dientes la pata de una cuchara de
alpaca para abrir las bocas. Sin tiempo a pensar ni a sentir el desagradable
sabor del purgante, llegaban los primeros dulces sabores de los confites
introducidos casi antes de sacar la cuchara de la boca.
Dicen las crónicas familiares que
cuando Neris nació, ya don Pedro trabajaba en una de las lanchas que cumplía la
ruta entre Montería y Cartagena y viceversa, como sobrecargo, y de que se
trataba, a pesar de no tener el brazo izquierdo, de un joven bien plantado e
inteligente. En uno de los arribos al puerto local, se enteró del nacimiento y
fue a dar sus felicitaciones a doña María de los Ángeles, de paso una mujer de
singular belleza, y al mirar a la recién nacida en la cuna dijo:
- He aquí a mi futura esposa. La
expresión no fue del agrado de la joven madre, pero la protesta pasó
149
desapercibida y no tuvo
trascendencia alguna. Los años continuaron su curso y cuando Neris estaba en
edad y condiciones para pasar de la primaria a estudios de bachillerato, que
para ese entonces no podían adelantarse si no se viajaba a la lejana Cartagena,
doña María de los Ángeles, olvidándose quizás de las palabras del joven Pedro,
ahora un hombre en plena edad adulta, que gozaba de fama por su seriedad y
pulcritud, así como por sus reconocidas capacidades intelectuales y su
instrucción escolar, le confió la educación de la joven que ya tenía renombre
por su hermosura. Y se acercó la estopa empapada de gasolina a la llama y
ardieron los corazones. Como la vieja no sabía leer ni escribir, no sospechó
que en el tablero se intercambiaban los mensajes amorosos, hasta que algún
"sapo", que siempre los ha habido, la enteró del asunto y María de
los Ángeles, que tuvo una lengua bastante ágil, maldijo en todas las formas al
apuesto galán y le deseó todas las muertes y calamidades, agarró a su hija de
una mano y la metió en un cuarto y mostrándole la puerta a Pedro lo
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conminó a no pisar más su casa.
Pero ya los dos corazones estaban enlazados y quieras o no, la madre dio su
brazo a torcer y el apuesto galán y la bella casadera dieron el sí ante el
sacerdote. Pero el propósito no es hacer una biografía, sino referimos a un
caso en particular: El secreto para "componer" luxaciones que más
adelante le dio otro motivo de fama a Pedro Movilla del Castillo. Nadie se
enteró jamás del texto del secreto, y parece que no hubo intentos por
obtenerlo, ante la actuación del viejo, que nunca cobró por sus servicios y los
posibles interesados dedujeron que se trataba de uno de esos arcanos y
cabalísticos rezos que le impiden a quien lo posee obtener ganancias por su
uso.
Mientras la mayoría de los
sobanderos, como se llamaba a los que hoy, después de varios años de estudios
en la universidad, obtienen el título de Fisioterapeutas, examinaba la parte
afectada y deducía qué pasaba para inmediatamente tomar un tarro de ungüento, o
vela de cuba u otro menjurje que suavizara la piel, y luego de untarla
151
en la zona requerida (aún lo
hacen los teguas y los profesionales) comenzaban a sobar en medio de los gritos
de la víctima para llevar al tendón o el hueso a su posición normal. Ya ni
siquiera se narran los episodios de quienes han dejado en donde están orines y
excrementos expulsados al perder el control de los esfínteres por efecto del
agudo dolor; el "Mocho" Movilla se limitaba a mirar, colocaba
suavemente la mano derecha sobre el sitio afectado, hablaba como para sí en voz
baja y decía de pronto:
- ¡Listo! Te mantienes un día en
completa quietud y te echas agua tibia con sal para que se baje la hinchazón.
Si sigue el dolor, mándame un pañuelo y te lo colocas sobre la parte
descompuesta durante doce horas más.
- ¿Don Pedro, ¿cuánto le debo?
Preguntaba el afectado o alguno de sus familiares. - ¡Nada hijo, nada, vaya con
Dios!
Esa capacidad de aliviar a los
descompuestos, de conducir músculos,
152
tendones y huesos a sus sitios
sin dolor alguno, y a veces a larga distancia, simplemente con un pañuelo
rezado, obligaron a muchas personas a recurrir a don Pedro Movilla, a quien le
traían pacientes desde apartados lugares y casi siempre, ante el fracaso de los
sobanderos. Sin embargo, el caso que vamos a referir, y les pedimos disculpas
por no divulgar nombres, fue la cúspide del secreto de componer del
"Mocho" Movilla.
Un joven muy popular, contrajo
nupcias en medio de la complacencia general de los habitantes de Montería
Moderna y cumplido el plazo normal, su esposa dio a luz una hermosa niña, que
llenó de júbilo al padre. Pasados unos días y cuando la niña cimentaba el
endurecimiento de sus vértebras y coyunturas y podía medio sostenerse erguida,
el padre procedió a sacarla a pasear por el barrio todas las tardes, cuando
amainaba el intenso calor monteriano. Tomándola por los pies le pedía un pinito
y la niña, con una inocente sonrisa se bamboleaba en el aire. Es una costumbre
regional que tiene por objeto
153
demostrar a los demás que se
gestó un niño o una niña con todas las de la ley y que en el futuro tendrá
suficientes energías para crecer sanamente. "Si mi hijo está sano y fuerte
es porque yo lo soy", piensa el progenitor, como una más de las demostraciones
de machismo a que somos dados los nativos de esta tierra, porque las madres no
suelen hacer demostraciones de esta clase.
Martín, para darle un nombre a
nuestro personaje, se encontraba por los alrededores de la plaza grande con su
hija que ya contaba con cinco meses de edad y al mostrarla a unos amigos para
que determinaran lo bien nacida que había resultado, la niña se fue hacia atrás
en el momento en que se encontraba lejos del cuerpo de su padre y parada en la
mano derecha del mismo. El hombre, para que no se estrellara contra el suelo,
la aferró con dureza por los pies y la niña, al doblarse con fuerza en sentido
contrario, sufrió la dislocación de una vértebra. La hinchazón en la espalda
comenzó junto con el llanto de la inocente, que su padre, en el desespero
corrió a llevar al
154
consultorio médico más cercano.
El galeno dictaminó la enfermedad y se negó a tratar de reinstalar la vértebra
en su lugar porque para ello tenía que sobar con fuerza y la niña no soportaría
el dolor, lo cual, casi con seguridad, le ocasionaría la muerte. El acongojado
padre, como dicen en la tierra, "sufrió las verdes y las maduras" y
él mismo se acusaba de su irresponsabilidad. Su imprudencia resultó dolorosa
para la hija y en el afán por encontrar una pronta solución fue a rogar a todos
los sobanderos del pueblo y de los pueblos y veredas vecinas, pero nadie quiso
poner sus manos sobre la espalda de la niña, convencidos, como lo estaba el
médico, de que hacerlo era matar a la menor. Mientras tanto, la hinchazón subía
diariamente. Una forma de bola cristalina en el sitio de la dislocación de la
vértebra adquirió proporciones preocupantes y a la menor se le mantenía boca
abajo en la cuna, llorando día y noche, pese a que muchos afirman que los niños
no sienten dolor.
Martín, quién sabe por qué nexos,
llamaba tío a don Pedro Movilla, y un allegado le dijo desde el primer día que
155
sólo el viejo Pedro podía
solucionar el asunto, pero el joven respondía que su hija no la sometería a
cuestiones de brujería, porque la brujería era asunto del diablo. Prácticamente
todos los días, de cada cinco personas que miraban la gravedad de la niña,
cuatro le recomendaban a don Pedro, que con el secreto solucionaba el problema.
Los días pasaban y Martín, sin
comer y sin dormir, caía lenta y visiblemente en un estado de desolación que
los restantes miembros de la familia temían desembocara en un estado de locura,
pero él insistía en no llevar la niña donde el tío Pello, como lo llamaba. Una
mañana, como quien no quiere las cosas, salió temprano sin cambiarse de
vestidos y sin decir nada a nadie, se encaminó por la calle 36 hacia el final
de esta y llegó a la casa de Pedro Movilla.
- Buenos días, tío. - Buenos días
hijo. ¿Qué te ocurre que me visitas tan temprano y con toda la traza de amanecido,
acaso estabas en El Cocodrilo?
156
- Nada de eso tío. Es que tengo
un problema con la niña que sufrió...
- No sigas, porque estoy enterado
de lo ocurrido a tu niña. Pensaba que la dejarías morir antes que venir a mí,
que de acuerdo con lo que respondes cuando te aconsejan, debo estar endiablado
o tener un convenio con el mismo Satanás. Pero te esperaba. Dame uno de tus
pañuelos. El joven saca un pañuelo y lo tiende a don Pedro que, sentado en un
taburete, lo toma en la mano que le queda, cierra los ojos y se mantiene en
silencio por unos tres minutos, al cabo de los cuales se lo devuelve y le dice:
- Si viniste aquí es porque
crees, por lo tanto, cuando llegues a la casa pones este pañuelo sobre la
hinchazón en la espalda de la niña y con cuidado le echas a cada hora agua
tibia, sin tocarla. Mas tarde traes seis pañales para que reemplaces el pañuelo
y la envuelves en el pañal cambiándoselo cada cuatro horas y no olvides el agua
tibia. Cuando quede solamente un pañal, me traes otros seis, si observas, si
compruebas, que la
157
hinchazón está bajando. Si así no
ocurre, deja las cosas como están y apréstate a verla morir lentamente, porque
será designio del Topoderoso que así suceda. Martín, que llegó lleno de dudas,
sale con prisa de la casa de don Pedro hacia la suya y sin decir nada a nadie
coloca el pañuelo sobre la parte inflamada y dispone entibiar una olla pequeña
de agua y él mismo, en silencio, va esparciéndola sobre la espalda enferma. Una
hora después informa a su esposa y familiares, aun cuando ellos intuían lo que
había hecho, su visita al tío Pedro y las instrucciones de éste.
La madre de la niña no resistió
la emoción por los resultados que veía y llamando a su esposo y a sus suegros,
en la madrugada, y veinte horas después de colocado el pañuelo, les mostró con
una amplia sonrisa de alegría, la espalda de la niña. Sin discusión alguna, la
hinchazón había remitido en por lo menos un sesenta por ciento, situación que
los mantuvo en diálogos cordiales hasta la seis de la mañana, hora en que
Martín, empacando seis pañales más, salió
158
corriendo hacia la casa del tío.
En menos de cuarenta y ocho horas, el secreto de Pedro Movilla había hecho
desaparecer la tremenda bola en la espalda de la menor, pero la sorpresa fue
aún mayor, cuando el médico dispuso una nueva radiografía y la vértebra se
encontraba en su lugar, colocada allí como por un prodigio. La noticia se regó
en el barrio Montería Moderna y la felicidad rondó por varios días en el sector
y no hubo vecino que no visitara nuevamente a Martín y su familia, para
verificar lo que consideraron un milagro.
Don Pedro Movilla del Castillo
fue un hombre diferente. Sus mismas expresiones que a otros irritaban, lo
pueden mostrar hoy a la opinión de los que lean esta nota. Su agudeza le
permitía conocer con anticipación cuando el visitante trataba de "tirarle
un lance" como decimos en la tierra y luego de oír pacientemente sus
desventuras, poniéndole la mano en el hombro e invitándolo a salir porque él
estaba ocupado, le recomendaba: "Tranquilo hijo, que el trompo da la
vuelta. Ya verás
159
días mejores."
El viejo murió después de una larga
vida de servicio. Pero su secreto no lo compartió ni hubo interesados en
poseerlo, porque si él no cobraba sus servicios, debía ser porque es de los que
se usan sin interés monetario, y así carece de motivación.
160
EL AMOR DE LOS MUERTOS
Dentro de las fábulas sinuanas se
encuentran varias que requieren un estudio mucho más profundo, en mora de
realizar por parte de los entendidos, que las simples referencias verbales o
las notas periodísticas. Entre ellas se destacan las que aseguran que las serpientes
buscan el calor de las cunas y aprovechan que las madres que amamantan se
duerman, para pegarse a chupar de sus senos la leche y para evitar que el niño
se despierte y se ponga a llorar, le introducen en la boca la punta del rabo,
lo cual origina por un lado el envenenamiento del seno y, por el otro, que el
niño absorba sustancias que disminuirán su capacidad de crecimiento. También se
encuentra la que afirma que, si una persona es asesinada y cae bocabajo, el o
los asesinos serán prontamente descubiertos y aprehendidos por las autoridades,
por cuanto algo los atrae al lugar de los hechos. De la misma forma, muchos
asesinados son velados y sepultados con al ataúd al revés, para que los
victimarios paguen su deuda con la
161
sociedad y la justicia. Otra,
aceptada sin beneficio de inventario, se refiere al regreso del alma de los
difuntos para tratar de llevarse
con ellos a los seres que más
amaron en esta dimensión.
El caso al que vamos a referirnos
tiene que ver con esta segunda hipótesis, de la cual fuimos testigos en más de
tres ocasiones. Una vecina, de nombre Isabel, enfermó gravemente y cuando se
acercaba la hora de su muerte pidió a nuestra abuela paterna, a mamá y a papá,
que acudieran a su lecho de enferma. Un largo tiempo había transcurrido desde
una pelea entre los hijos de ella con nosotros y nuestro hermano mayor, que dio
paso a una enemistad entre los mayores, porque los muchachos reconciliamos al
día siguiente. La señora Isabel, que pese a la enemistad continuó gozando del
respeto y la admiración de nuestra familia, por cuanto una hermana suya de
nombre Sol fue también gran amiga de nuestra casa, y nosotros fuimos respetados
y admirados por ella, pensaba únicamente en su hija Maruja, que quedaba sola
entre varios hermanos casi
162
todos mayores de edad. No se
oponía Isabel al designio divino de nacer, crecer y morir, pero su pensamiento
se dirigía a creer que su hija, una niña entre los once y doce años, habría de
sufrir penalidades al quedar huérfana.
En su lecho de moribunda, Isabel
pidió perdón por el error de sostener por varios años una aparente enemistad
con nosotros y recalcó sus buenos sentimientos, y les planteó con claridad sus
preocupaciones por la niña. No sabemos a qué acuerdo llegaron, porque la
reunión fue reservada a los mayores, pero unos quince días después, muerta doña
Isabel, Maruja pasaba más tiempo con nosotros que en su propia casa, llegando
con el tiempo a ser "madrina de puerta" de la mayor de nuestras
hermanas. Cumplido el novenario, la niña salía corriendo hacia nuestra casa
gritando, porque veía a su progenitora que la llamaba para que la siguiera al
más allá, y sabiendo que ella estaba muerta, sentía miedo al verla. Ninguna otra
persona, incluyendo la familia de Maruja, veía a doña Isabel,
163
pero la niña, jugando normalmente
con nosotros, de pronto se quedaba como una estatua mirando hacia algún lugar y
señalaba con el dedo, mientras perdía el color y se tornaba pálida, gritando
que allí estaba su mamá llamándola. Mamá le preguntaba que dónde y la niña
dirigía el dedo índice y llorando le repetía que allí estaba, pero ni mamá ni
nosotros alcanzábamos a verla.
Nuestra abuela paterna, enterada
del asunto, dijo que eso era posible, por cuanto la niña se comportaba dentro
de la mayor normalidad antes y después de ver el espíritu de Isabel, que en un
exceso de amor maternal, se obstinaba en no pasar al lugar que le correspondía
en la otra vida, Y dictaminó que ella sabía cómo evitar que la difunta se
llevara a la hija, porque supuestamente eso había ocurrido varias veces en la
región, no solo con hijos, sino entre marido y mujer, entre novios, etc.
"Los muertos vienen a buscar sus seres queridos" sentenció la abuela,
que al día siguiente se quedó en la casa para esperar la aparición del espíritu
de Isabel, por lo cual dispuso que Maruja
164
debía permanecer a su lado en el
patio de nuestra casa, como ocurrió.
Serían las cuatro de la tarde y
jugábamos en el patio bajo la estrecha vigilancia de la abuela, cuando la niña,
al alzar la cabeza, como para atender un llamado, se puso pálida y temblorosa.
Abuela, atenta a las actuaciones de la niña, captó de inmediato su actitud y
antes de que dijera algo, le preguntó:
- Maruja, ¿dónde está tu mamá?
- ¡Ahí, junto al palo de coco, y
me está llamando!, contestó la muchacha con tono lleno de espanto señalando el
lugar. Abuela entonces se puso de pie mirando hacia el sitio indicado y
gritando fuertemente, dijo:
- Isabel H., respeta a tu hija que
es de este mundo y vete a tu lugar. ¡No jodas! Tú no vives entre nosotros.
¡Vete, fuera de este mundo, porque tú estás muerta! ¡Fuera, no joda! La niña,
aferrada a la larga pollera de mi abuela le dijo con voz temblorosa:
165
- Ahora se fue para la orilla del
pozo y sigue llamándome. - ¡Te dije que te largaras porque tú estás muerta y
los muertos no pueden ni deben estar con los vivos! Tu hija ya no te pertenece
y ¿quién carajo eres tú para tratar de llevártela? Dios habrá de castigar tu
alma si persistes en llevarte a Maruja, pero yo estoy aquí para impedírtelo y
para enfrentar al más hijo de puta de los diablos si viene por ella ¡No joda,
gran hijueputa!
La niña se encargó, tirando de la
pollera, de contener la sarta de improperios de abuela, para informarle que el
espíritu había desaparecido. Pero mi abuela, que parecía conocer del asunto, la
instruyó para que no siguiera jugando y se mantuviera alerta y le avisara
inmediatamente la viera y el sitio en el que estaba.
- Si la ves, dímelo de inmediato
y muéstrame el lugar en que está. Agárrate de mí y no te sueltes, pase lo que
pase, porque con seguridad que ahora vendrá y estará más cerca de ti. Por esa
razón, hija
166
mía, no te ofendas por mis
palabras en contra de tu madre, pero solamente diciéndole porquerías,
insultándola, abandonará su empeño en llevarte. El espíritu sabe que las
porquerías que decimos los vivos lo salpican y no le conviene llegar a entregar
cuentas con pecados posteriores a su muerte.
Los demás continuamos jugando,
temerosos, es cierto, aun cuando nada habíamos visto ni sentido, pero la
actitud de Maruja fue suficiente para convencernos de que algo no usual había
estado cerca de nosotros. El terror que vimos pintado en la cara de la niña no
podía ser fortuito, porque en las ocasiones anteriores, se comportó como una
niña cualquiera luego de la aterrorizante experiencia, de la visión del
espíritu de su madre, a la cual pintaba como había sido en la vida terrena,
sólo que al espíritu, lo rodeaba una especie de luz.
Una media hora más adelante,
Maruja lanzó un grito y se abrazó al cuerpo de abuela, diciéndole:
167
- ¡Allí está... allí frente a
usted! Me pone la mano y me dice que me vaya con ella. ¡No!... ¡No deje que me
lleve! clamaba con desesperación la niña cambiando de posición en la medida en
que el espíritu le daba vueltas al lugar en que abuela, de pie, oponía su
cuerpo para impedir que tocara a la menor. Un poco asustada, indudablemente,
porque el moreno de la piel se le tornó cenizo, abuela se repuso de la
sorpresiva aparición, y pese a sus negativas posteriores nos quedó en la mente
la sensación de que ella también estaba viéndolo, porque sin necesidad de que
la niña se moviera era ella la que daba vueltas como para no perder el frente
del espíritu, gritándole:
- ¡Ah perra puta, es que crees
que eres más poderosa que yo, no joda! Aquí te espicas, hijueputa, porque me
cago en tu cara antes de que toques a la niña, que ahora es mía. Yo fui quien
la parió por este culo que es mejor que el tuyo, malparida, y si quieres comprobarlo
álzate la falda y los comparamos. ¡Me cago en tu cara y me limpio con tu
lengua!, para castigarte la falta de
168
respeto, ya que te estoy hablando
como amiga y no me obedeces ¡Vete al cielo o al infierno, pero aquí no vengas
más a joder, hijueputa! Para quitarme a la niña me tienes que meter la lengua
en el jopo. ¡Míralo! La abuela dobló el espinazo, se alzó la falda y los
pollerines y dejó las posaderas al aire libre. Las mujeres de su época no
conocieron los morunos o panties. Unos segundos pasaron mientras estuvo doblada
y la distensión emocional de Maruja, que regresaba mentalmente quién sabe de
dónde, fue visible para los niños que allí estábamos. Al sentir que la niña,
relajada, le soltaba la falda, señal inequívoca de que el espíritu había desaparecido,
abuela volvió a erguirse, dio una vuelta en redondo como buscando algo y sin
decir nada más, se santiguó haciendo la señal de la cruz desde su frente al
pecho y del hombro izquierdo al derecho. Luego se arrodilló, con un ademán le
indicó a la niña que también lo hiciera y entre las dos rezaron dos
padrenuestros, dos avemarías, un Dios te salve y cuatro veces el Bendito. Se
levantaron, abuela salió para su
169
negocio, una sancochería en el
mercado a buscar los elementos que diariamente llevaba y. traía y Maruja volvió
a nuestro lado a continuar jugando. Unos seis o siete años más tarde, Maruja se
casó y hasta la última vez que supimos de ella, vivía tranquila en un hogar
bien formado y con varios hijos, sin que jamás se repitiera la aparición del
espíritu de Isabel. Un caso parecido, ocurrió en Sincelejo, en donde una señora
le pidió a su marido que le prometiera que jamás, después de ella morir, le
pegaría a su pequeña hija. Omitimos los nombres por no estar autorizados, pero
es conocido el caso. El viudo olvidó la promesa y le pegó una o dos veces a la
menor para corregir entuertos, y desde entonces la menor comenzó a ver a su
progenitora que la llamaba para que se fuera con ella. Fueron muchas las
angustias y en la propia casa se oficiaron misas y el agobiado y asustado padre
reitero ante los sacerdotes de que no repetiría la violación de la promesa
hecha a su compañera moribunda, con lo cual se acabaron las apariciones.
170
VOMITOS DE GRAPAS Y AGUJAS
El asesinato de Jorge Eliécer
Gaitán Ayala, llamado Caudillo del Pueblo, que en numerosas ocasiones afirmó:
"Yo no soy un hombre, soy un pueblo", así como la consecuente riada
de violencia, una más en la larga lista de dolor y muerte que caracteriza a
nuestro país desde el momento mismo del encuentro de los dos mundos, le restó
importancia a hechos curiosos y extraordinarios que ocurrieron en el Sinú, que
hoy serían de inapreciable valor para revistas escandalosas y para estudiosos
del fenómeno OVNI, que los atribuirían, sin duda alguna, a los efectos de
encuentros cercanos del tercer tipo.
Y los afectos a esta clase de
informaciones, entre los que nos encontramos, no negarán que en el fondo de
esas ocurrencias hay aspectos inexplicables que permitirían encajarlos dentro
del fenómeno que desde hace muchos años intriga a neófitos y científicos. La
desaparición de niñas, algunas para
171
siempre y otras, muy pocas, por
lapsos de hasta tres días, como si se hubieran hundido en los caños y los
pozos, para surgir en el mismo lugar, en algunas ocasiones llenas de lodo, que
perdían la razón cuando entraban a explicar en dónde habían estado,
necesariamente facilita pensar que no es cosa común y corriente. Uno de los
aspectos no estudiados de este caso de las desapariciones, tratado en otro
lugar de este mismo trabajo, es el que nadie se detuvo a analizar cómo
desaparecían y aparecían las muchachas, siendo que se sabía el lugar al que
habían ido, el caño o el pozo en el que se abastecían de agua en los pueblos en
que ocurrieron, y que, al momento de reaparecer, fuera en el mismo lugar en que
supuestamente desaparecieron. Nadie las vio por parte alguna, ni cerca ni
lejos, lo que indica que allí se produjo el fenómeno, de tal manera, que se
puede pensar que pasaron a otra dimensión en un parpadeo. El caso que ahora nos
ocupa, sucedió un poco más tarde de los de las niñas desaparecidas, algunas de
las cuales fueron curadas de sus "locuras" por un
172
medio tan desconcertante como
extraordinario: por las llamadas Niñas Encantadas de la localidad de
Providencia. Y ellas regresan porque fueron parte de este otro hecho sin
precedentes, por lo menos en la región. En la localidad de Caño Viejo
Valparaíso, también conocida como Mata de Plátano, nació y se crió una mujer a
la que únicamente mencionaremos por su nombre de pila, Clemencia, residente en
el momento de escribir esta nota en la ciudad de Montería. La joven Clemencia
amaneció un día cualquiera con el cuerpo lleno de dolencias y raras
sensaciones, que en un principio se atribuyó a "el costumbre" como
solían calificar las campesinas costeñas en aquellas épocas en que aún las
mujeres se sonrojaban, a la innata renovación de las capacidades de gestación
que se denomina menstruación y que en estas épocas ya falta poco para que se
muestre en toda su naturaleza en los avisos de toallas higiénicas por
televisión. Contrasta esta actitud y nos patentiza de qué modo cambiaron los
tiempos, recordar los principios de la publicidad cuando el Ministerio de
173
Educación de Méjico censuró y
dispuso suspender la publicidad de las toallas higiénicas Cotex, porque decía:
"Cotex no es lo mejor del mundo, pero está sobre lo mejor del mundo".
Pero Clemencia no cumplía el
período menstrual, porque antes del mediodía esparció por el patio de la casa
campesina donde se levantó, un vómito de sangre. acompañado de varias
puntillas, agujas y grapas. Si bien ello llamó la atención de sus padres y
demás familiares, se atribuyó a que se trataba de una niña necia que quién sabe
cómo se había tragado esos elementos mientras jugaba. Arrojados los objetos
metálicos y punzantes, Clemencia retornó a la normalidad. Ella misma se
preguntaba si acaso en un descuido se había tragado las agujas, las puntillas y
las grapas, pero no recordaba haberlas tenido en su poder el día antes ni en
los días ya pasados, pero las inquietudes infantiles y juveniles pasaron a
primer término olvidándose de cuándo y cómo ingirió los metales que vomitó. Por
más de cuatro veces en el lapso de
174
los siguientes cinco o seis
meses, Clemencia repitió sus vómitos metálicos y, como es lógico, de sangre.
Nadie que expulse del interior de su cuerpo objetos metálicos y punzantes, como
clavos, agujas, puntillas, grapas y similares, puede quedarse impávido ni menos
creer que los órganos no se resienten. Lesiones punzantes, cortaduras,
rasgaduras en el estómago, el esófago y la garganta, debían producirse al pasar
los elementos buscando salida y de allí la sangre que los acompañaba. Y esa
profusión de sangre y las factibles hemorragias internas le cambiaron el color
a Clemencia y se fue poniendo amarillenta, por efecto de la anemia.
Los comentarios de la vecindad
señalaban a la enferma como poseída de Satanás, porque al no encontrar
justificación a sus vómitos, y la estrecha vigilancia ejercida en ella
descartaba qus9 ingiriera tales elementos metálicos, no existía duda que se
trataba de un maleficio de tremendas proporciones. Y sin tener en cuenta que la
pérdida de sangre en los vómitos surtía efectos
175
negativos en la humanidad de la
muchacha, las consejas aseguraban que el diablo dormía con ella en las noches y
se la estaba llevando poco a poco y de allí la palidez del rostro y la
decrepitud que mostraba su cuerpo.
Temerosos de que tal cosa
estuviera sucediendo, los familiares visitaron la iglesia de Montería para en
un recipiente de vidrio llevar al pueblo de Mata dé Plátano suficiente cantidad
de agua bendita para bañar a la joven, pero los vómitos continuaron. Un vecino
recordó los milagros de las Niñas Encantadas y después de la insistencia, los
familiares se trasladaron a Providencia a exponer el asunto, logrando una
consulta en tiempo prudencial.
Clemencia refiere cómo las tres
mujeres que surgían de las tinieblas le dieron atención especial y le
prometieron que en corto tiempo estaría sana, como en efecto ocurrió. Esa
preferencia de los tres espíritus, porque no podía ser otra cosa, por
Clemencia, se ganó la buena voluntad de Nicolasa, que, desde entonces, hasta el
176
momento de su muerte, la contó
entre las pocas amigas que tenía y la hizo su confidente, pero con el correr
del tiempo, y posiblemente por esa deferencia, Clemencia se niega a referirse a
esos pormenores para no traicionar la memoria de Nicolasa ni mucho menos las de
las Tres Niñas Encantadas.
177
EL TESORO DEL CASTILLO
A raíz de la violencia en el país
en los primeros años de la década del cuarenta del siglo pasado, que bautizamos
con el nombre de "la época de la violencia", como si hubiera sido la
primera y última, la situación económica para los militantes del Partido
Liberal fue un doloroso viacrucis. En Id correspondiente a nuestro progenitor,
por ejemplo, además de alimentar a una familia numerosa de las ganancias
provenientes de una cacharrería en el mercado, debía soportar las semanales
visitas de los miembros de la policía, denominada "Popol", policía
política que sin dolor alguno se llevaban dos y tres cajas de mercancías y le
decían: "No se preocupe, que, en El Manguito, lo está esperando El Charro
para pagarle". El Manguito funcionaba en la sede de la Alcaldía, en el
mismo lugar en que se levanta el edificio actual y que muchos recuerdan con
horror, y El Charro el comandante de la policía política, que además de ese
nombre también se le
178
conoció como "policía Chulavita".
Los liberales carentes de relaciones de amistad con los funcionarios
transitaban lo más lejos posible del lugar, y papá, a quien le dedicaron mucho
tiempo para encontrarle el lado flaco, nada ni nadie lo hubiera hecho asistir a
tan siniestro sitio. Sabía para qué le robaban y no dudaba su destino si
llegaba a cobrarle a El Charro. La exacción incontrolada y semanal, fue
agotando paulatina pero efectivamente el capital del establecimiento y cuando
papá notó que estaba cercano a la bancarrota, meticuloso y en gran medida
orgulloso de su apellido y de las tradiciones familiares de honestidad,
honradez y pulcritud, llamó a los acreedores y les dijo: "Señores,
repártanse lo que aquí queda y si no es suficiente me avisan, para buscar cómo
pagarles, pero este negocio se cierra hoy". Así lo hicieron, quedándole
pendiente la suma de $400 pesos de la época, 1949, con la firma Antonio y
Octavio Gómez, de Medellín, que distribuía artículos de loza. Ni corto ni
perezoso y sometiendo a la familia a mayores dificultades, vendió los pocos
179
bienes raíces que poseía y pagó,
quedándole la fabulosa suma de mil pesos, con la cual nos trasladamos a
Cartagena a pasar las mayores dificultades en la más extrema pobreza. Otro
comerciante que tampoco resistió los embates de la mala situación fue don
Joaquín de Oro Tejada, de la misma catadura y como si hubiera sido hermano
gemelo de papá, que quedó en la ruina para tener el orgullo de asegurar que no
le debían a nadie. Y al igual que papá, se dirigió con la familia al Corralito
de Piedra. Un tercero, don Felipe Castañeda, ciudadano oriundo del interior del
país, montó una de las tres cacharrerías más grandes que entonces existieron en
Montería, la de mi padre, sin nombre, la de Castañeda, llamada Cacharrería
Bogotá, y la Cacharrería Barranquilla del señor Eloy Urueña. Los tres
liberales, pero solamente el último con relaciones en el sector oficial.
Castañeda, sin embargo, quién sabe por qué medios, inmediatamente llegó a
Montería se conectó con la oficialidad del Batallón La Popa, a donde asistía
con frecuencia a tenidas con los mismos.
180
En esas andaba la noche fatídica
en que el _. fuego copó las instalaciones de la cacharrería en la calle del
comercio, o calle 30, que redujo a cenizas el establecimiento, dejando al
interiorano en ruinas. No fue suficiente probar con documentos a la mano que
las pólizas de seguro no amparaban ni siquiera la tercera parte del capital
representado en mercancías, ni las facturas pendientes de pago que comenzaron a
llegar desde diferentes casas de negocios de todo el país. Para la policía, en
primer lugar, para los miembros de la clase y el partido gobernantes, y para
muchas personas que se limitaron a. escuchar el veredicto oficial, Felipe
Castañeda había dejado velas encendidas dentro del establecimiento para
enriquecerse con el valor de los seguros. Fue el tercero en llegar a Cartagena,
para la época el refugio de los perseguidos y los desplazados por la violencia,
y por simple casualidad, vivieron a corta distancia el uno del otro en el mismo
barrio, Lo Amador. Joaquín de Oro en la calle El Progreso, Castañeda en una
esquina y nosotros a su lado frente a la
181
llamada Plaza de los Chivos,
junto a la vía que conduce al convento de La Popa, plaza que el urbanismo hizo
desaparecer hace muchos años. Las angustiosas y dramáticas situaciones de las
tres familias no se ocultaban ni minimizaban a los menores que los viejos
consideraban que podían entender. Ello nos permitió observar y escuchar las
pláticas anegadas en llanto de Felipe Castañeda, señalando la injusticia a la
que había sido sometido, simplemente por ser militante del partido Liberal.
Una noche, Joaquín de Oro llegó
con el semblante demudado, todo sudoroso por la carrera que había dado,
balbuceante, para contarle a papá que, al pasar por la parte de atrás del
castillo de San Felipe, siendo las diez de la noche y en medio de las tinieblas
del lugar, se le apareció un soldado español que lo llamaba. La aparición pasó
a su lado, tan cerca como para establecer que era como de humo. Al día
siguiente, reunidos los tres, recordaron leyendas sobre tesoros de piratas y
soldados españoles enterrados en las murallas, y que, por tanto, lo visto
182
por Joaquín era el alma en pena
de un soldado, tal vez de la época de la colonia, que quería mostrar a los
vivos el sitio en que habría escondido un tesoro. Para sustentar la creencia,
se refirieron a las luces en los montes y otras leyendas, tomando la
determinación de ir desde las ocho de la noche hasta la una de la madrugada,
lapso en el que salen a penar las almas que aún no han logrado descansar en
paz. El trío alcanzó a estarse noche tras noche en el oscuro lugar, por cerca
de cuatro meses, hasta que desistieron de entrevistarse con el espíritu del
soldado y de desenterrar un fabuloso tesoro que les aliviara el sufrimiento.
183
EL GRITON
En un excelente trabajo sobre los
mitos y leyendas de Colombia, que lamentablemente aparece sin el nombre del
autor en la edición rústica que poseemos, tal vez de origen pirata, se ubica el
mito de El Gritón, entre los mitos universales, especialmente europeos y
americanos, y luego de una muy juiciosa disertación, el autor crea un subgrupo
y lo denomina "Mito Lúdico", es decir, que se trata de un engendro
que encaja más en lo didáctico y educativo y en la entretención, que en el de
crear pánico en su alrededor.
Finaliza el estudio diciendo:
"Séanos pues dado atribuirles el lado cómico, lúdico, chispeante de la
vida, a estos mitos que son frecuentes entre nosotros y de los que son algunos
ejemplos: La mano Peluda (un aparte de este libro se refiere al caso en este
sentido), El Gritón, El Costalón, El Chucho, El Coco, El Patas o El Putas o El
Mandingas. Los mitos menores así descritos, tienen pues
184
la finalidad de enseñar
deleitando, y a lo mejor, no convenga buscarles relecturas profundas,
metafísicas y serias". En otras obras hemos leído que se le considera un
duendecillo que persigue las recuas y las confunde, ya que pasa en un santiamén
de la cabeza a la cola y viceversa gritando órdenes, y los animales pierden la
orientación. Más allá se habla de un hombre de inmensas proporciones que de
forma estentórea grita y se les escucha a varias leguas a la redonda y más acá
de un hombre flacuchento que parece no tener fuerzas ni para mover un dedo. Los
antioqueños, por ejemplo, lo consideran producto de la arriería, o mejor aún,
parte integral del oficio. Arriero que no escuchó este engendro no era del
oficio.
En el Sinú y las Sabanas El
Gritón es otra cosa. Nada de arrieros, nada de figuras, solamente un grito
espantoso que como un temblor de tierra parece brotar de lo más profundo del suelo.
Es decir, que el sonido no viene por el aire sino por el entresuelo, y en lo
correspondiente a la región del Sinú, en una zona delimitada
185
que tiene a Montería como punto
de referencia y de allí, por la ribera izquierda del río, desde más allá de
Angosturas hasta San Bernardo del Viento, dejando a un lado la zona costera,
bordeándola para pasar al lado de Canalete, llegar a Mulatos y regresar al Alto
Sinú. Los siguientes ejemplos, más otros que escuchamos y tenemos registrados
pero que no alcanzan el dramatismo ni la curiosidad como para citarlos, nos
permiten reafirmar lo dicho.
En Las Cruces del San Juan:
Nos contó nuestro padre, José del
Carmen Movilla Cuadrado, que en tiempos en que salía de la niñez y entraba a la
juventud, primeros arios de la década del treinta del siglo pasado, fue
invitado por su tía Andrea Cuadrado, a estarse una corta temporada en la finca
que ésta, con su marido, Pedro Velásquez, poseían en la región llamada Las
Cruces del San Juan. Para aquella época ya habían nacido diez de los
veinticuatro hijos que parió la tía Andrea.
186
A los cuatro o cinco días de
estar en el lugar, el mayor de los primos, Pedro, los invitó a una cacería
nocturna, a lo que papá se rehusó. La invitación se convirtió en reto y de reto
en compromiso, cuando el promotor le dijo al primo y a sus propios hermanos que
él no quería tener miedosos ni mariquitas en la familia. A eso de las seis de
la tarde se organizó lo indispensable y una hora después partieron rumbo a una
montaña cercana en la que deambulaban los venados, zainos, ponches y otros
animales de caza. Cabe advertir que, si aún hoy la región es montañosa, para
aquellos tiempos era una selva total. La existencia de animales destinados a la
cacería permitió al grupo considerar que una hora después de la partida
estarían de regreso con cualquier animal para la comida del día siguiente. Más
o menos a las ocho de la noche llegaron a la orilla de una aguada natural en
donde se detuvieron para calzar las escopetas y en éstas estaban cuando arriba,
en la montaña, se escuchó un grito pavoroso. Nos aseguró papá que más que
oírlo, tuvo la sensación de sentirlo, porque un algo extraño le estremeció el
187
cuerpo, tal como tres o cuatro
años más tarde experimentó con ocasión de un fuerte temblor de tierra. Pedro,
que los había metido en el compromiso refiriéndose a la capacidad varonil de
cada uno, guardó silencio. Hacia él se dirigieron las miradas de los
integrantes del grupo y no se sonrojó al invitarlos a devolverse, por cuanto el
grito era cosa del otro mundo. Así lo hicieron con paso presuroso.
Se habría rehecho unos veinte
minutos de camino cuando se repitió el grito, y Pedro los invitó entonces a
redoblar el paso. Pasados otros cinco minutos se escuchó el tercer grito, esta
vez, lo consideraron todos, a la orilla de la aguada desde la que se
devolvieron, por lo que Pedro encabezó el grupo que emprendió veloz carrera.
Vislumbraron entre las tinieblas de la noche los techos de las casas de la
finca cuando un nuevo alarido los estremeció. Desde la distancia comprendieron
que en la finca estaban durmiendo porque no se veía luz alguna en las casas y
Pedro, sin detenerse, se estrelló contra la puerta derribándola.
188
Ajustaban la puerta en el marco
al repetirse detrás de ella el grito, mucho más fuerte y tenebroso. El viejo
Pedro Velásquez les informó entonces, que se trataba de un engendro diabólico
al que llamaban El Gritón, que cada cierto tiempo escuchaban en la montaña,
pero que hasta entonces no había llegado tan cerca de la zona que se encontraba
en aquellos tiempos en proceso de civilización.
El segundo caso que nos llamó la
atención, nos lo refirió el viejo amigo Pedro Salas. Dice él que por allá por
1935, su padre, don Pedro J. Salas Mercado, adquirió un terreno baldío por la
región de Cucharal, en cercanías de Santa Lucía, lugar al que se trasladó toda
la familia. Nuestro amigo tendría entonces unos diez años y recuerda que como a
los seis días escucharon por primera vez a El Gritón. Prácticamente. todos los
martes y jueves, se escuchaba el grito cerca del rancho que construyeron para
emprender el desmonte del terreno e iniciar cultivos, al punto que se
acostumbraron, si bien no dejaban de
189
estar prevenidos ante el engendro
que jamás vieron. Una cosa que no se le ha olvidado a Pedro Salas es que cada
grito parecía brotar de la tierra, como una especie de temblor.
Unos seis meses más tarde, fue a
visitarlos un amigo que se llamaba Martín Noriega, residente en el caserío de
Boca de la Ceiba. Era precisamente martes, recuerda Pedro, y como los mayores
estaban a la espera de la ocurrencia de todos los martes y jueves, le contaron
a Martín el asunto y éste, después de preguntarles sobre las horas y los
lugares en que lo oían, les prometió que a partir de ese día no volverían a
escucharlo. A eso de las seis de la tarde, al oscurecer en la zona, escucharon
el alarido como a unas dos o tres leguas de distancia. Martín Noriega encendió
una gruesa calilla de tabaco revuelto, tomó el taburete en el que estaba
sentado, se lo terció al hombro y partió hacia el lugar en donde generalmente
se producía uno de los gritos, distante a unos cien metros del rancho. Desde
entonces no se repitieron los escalofriantes alaridos. Martín
190
Noriega, sin pronunciar palabra,
regresó al rancho, colocó el taburete en el mismo sitio de donde lo tomó, se
despidió y jamás, pese a sus frecuentes visitas, trató sobre el asunto ni los
Salas le preguntaron cómo había hecho para desterrar a El Gritón.
Uno de los casos, raro por cierto
porque fueron contadas las personas que vieron a El Gritón en estas tierras,
fue el ocurrido a un señor Lozano en el municipio de San Andrés de Sotavento.
Lozano solía pescar por las noches en una aguada de enormes proporciones
relativamente cerca del poblado, y en una ocasión, al llegar al sitio, vio a
una persona recostada a un palo de mango que estaba a unos cincuenta metros de
donde él lanzaba los anzuelos. No pudo determinar quién ni cómo era, debido a
la intensa oscuridad nocturna. Finalizada la tarea y con un buen número de
peces para acompañar la alimentación de su familia al día siguiente, decidió
regresar y al pasar por el palo de mango, la forma continuaba allí, como si se
tratara de un bulto recostado al árbol. Pasó por el lado, lo
191
Saludó, pero no recibió
respuesta. Apenas había andado unos cincuenta metros cuando un ensordecedor
grito que parecía haberle quitado el piso de los pies lo llevó a tierra.
Tremendamente asustado se puso en pie e inició veloz carrera, convencido de que
quien lanzó el alarido no era de este mundo. Un grito con tal fuerza y
estridencia solamente podía emitirlo un demonio, pensó. No terminaba de deducir
los acontecimientos y se repitió el grito y volvió a caer. Se levantó y
entonces sí, a sabiendas de que lo que gritaba era un demonio que iba tras él,
las piernas fueron más veloces que su pensamiento. No había tiempo para
imaginaciones porque estaba en juego su propia vida. Cuatro veces el grito lo
dejó sordo y atontado, además de derrumbarlo, pero sacando fuerzas de no sabía dónde,
se erguía y continuaba la carrera. Al doblar un recodo del camino alcanzó a ver
y a oír a una señora a la puerta de un rancho que lo llamaba para que entrara y
apenas cerrada la puerta, el engendro repitió el grito prácticamente frente al
rancho. La señora le comunicó que se trataba de El
192
Gritón, que escuchó todos los
gritos y dedujo que alguien corría peligro, por lo que con un mechón entre
manos se colocó en la puerta a la espera de quien viniera huyendo para
brindarle protección. Don Guillermo Mercado Arias, que pasa de los ochenta
años, nos asegura que, entre Caracol y Las Piedras, en el municipio de
Toluviejo, tanto El Gritón como La Llorona, son sonidos conocidos por la
frecuencia con que se producen, pero no hay quien testifique haberlos visto.
"Cuando se trata de El Gritón, este va de uno a otro lugar y lanza su
grito. Pero momentos antes, se escucha como si pasara un mosquero zumbando,
nada más". Esta peculiaridad no la encontramos en ningún otro lugar de los
que nos sirvieron para este trabajo.
193
FORMULA PARA CONVOCAR AL DIABLO
Muchos se preguntan cómo llamar
al diablo para concertar una cita, en la cual tratar las condiciones para
venderle el alma a cambio de poder y riquezas. Parece ésta la aspiración de
quienes al sentirse agobiados por las exigencias del medio en el que se
desenvuelven; especialmente cuando, conforme a la regla de medir los estratos
sociales, se sube de la mitad hacia arriba, reclama la atención de compromisos
cada vez más onerosos. Es desde este punto de la escala de medir valores y
condiciones sociales, en que la necesidad de poseer fortuna y poder sobre los
demás, se hace mucho más apremiante. Los de la mitad hacia abajo, si bien es
cierto que sueñan con poder y fortuna, se contentan con poco, después de
obtener con qué comer y vestirse.
Sin embargo, quienes han sido
señalados como poseedores de la fórmula, jamás fueron adinerados, si bien sí
194
sobresalieron en la comunidad en
la que vivieron por diferentes circunstancias. Por ejemplo: Pedro Velásquez, en
Las Cruces del San Juan, fue un hombre muy diferente a los de su tiempo. Con su
compañera, Andrea Cuadrado, hermana de nuestra abuela paterna, engendró
veinticuatro hijos a los que crió y dejó algunos bienes con los que poder
desenvolverse. Se le distinguía porque siendo el patrón, se enrolaba con los
peones en el desarrollo de tareas como el desmonte, el macaneo, la siembra y la
cosecha, descuajar montañas, serrar maderas, etc., sacándoles ventaja. Por lo
menos su trabajo resultaba doble ante el más alentado de los peones.
Se cuenta que un día, tumbando
árboles para serrar y transportar ciento cincuenta alfajías para un aserradero
de Montería con el que las había concertado, un hijo suyo se atravesó en el
camino por el cual caería uno de los árboles sin que fuera advertido con
tiempo. Una rama lo traspasó a la altura del estómago. Ninguno de los
aserradores quiso cortar la rama debido a que se requería una labor
195
de por lo menos dos horas y se
dedujo que si se extraía, el muchacho moriría allí mismo, desangrado. Pedro
Velásquez se apartó a cierta distancia del grupo. Al volver pidió silencio,
tomó una sierra pequeña y tras cuatro pasadas cortó la rama. El hijo murió,
pero en la cama, por cuanto el sitio más cercano en que los médicos habrían podido
atenderlo era Montería y estaba entonces a por lo menos un día de camino.
En otra ocasión, un aserrador
quedó atrapado por las piernas debajo de un árbol. El tronco era demasiado
grueso para aserrarlo y sacar con vida al trabajador. Unos veinte hombres que
laboraban ese día no contaron con la fuerza suficiente para levantar el árbol y
sacar al compañero. También, retirándose por breves momentos del grupo, Pedro
Velásquez guardó silencio y al volver, les pidió apartarse y estar prestos a
sacar al herido cuando se los ordenara. Afirmó bien los pies para no resbalar,
se apoyó en una de las ramas más gruesas, le metió el hombro y, aparentemente
sin mucho esfuerzo, lo
196
levantó y gritó para que sacaran
al herido. Velásquez, una vez cumplido el esfuerzo, vomitó sangre y faltó poco
para que acompañara en el último viaje al peón al que el árbol trituró las
piernas.
Nuestro abuelo materno, Teófilo
Angulo, al cual nos hemos referido antes, señalado por todos como poseedor de
la fórmula para llamar al rey de los infiernos, murió pobre y jamás gozó ni de
fortuna ni de poder.
Y uno de los casos más referidos,
es el de la señora Evangelina X, que vivió toda su vida en la localidad de Caño
Viejo Verija. Nos reservamos su apellido, por cuanto solo tenemos la anuencia
de un biznieto, mientras que ella es hermana de una distinguida matrona que
levantó un excelente hogar en la hoy capital de Córdoba, y sus hijos destacados
personajes de las altas capas sociales, económicas y profesionales, y uno de
ellos, figura prominente de un partido político, a nombre del cual ha ocupado
importantes cargos públicos y escaños en el Parlamento. Somos convencidos de
que lo que vamos a referir no incide en
197
nada en la trayectoria social de
la familia, pero es mejor dejar las cosas así. Doña Evangelina, mujer
agraciada, formó su propio hogar, pero sin abandonar los bríos de la juventud y
una permanente inquietud por adentrarse en las cosas que para los demás
mortales eran incomprensibles o vedadas. Durante su larga existencia acopió y guardó
oraciones de toda clase, libros de magia blanca, roja y negra, talismanes,
amuletos, etc.
Un día cualquiera, alguien le
facilitó la fórmula para convocar al diablo en persona y ni corta ni perezosa
la puso en ejecución. Bien cara que le resultó la experiencia, pero por lo
menos, de allí en adelante, fue una mujer que, si ya venía siendo diferente a
las demás de Caño Viejo Verija, entonces resaltó por sí sola en toda la
comarca. Obtuvo una energía inagotable para el trabajo y superaba a los hombres
en la ejecución de las tareas del campo, así como en su profesión normal que
era la modistería, pero no para ropa femenina, sino masculina. Se ofrecía para
ayudarle a los
198
cultivadores y después de cumplir
a cabalidad sus tareas en el hogar, se presentaba al sembrado. Una leyenda la
coloca en el arrozal de un señor de apellido Tordecilla, al cual llegó a eso de
las nueve de la mañana, cuando cerca de veinte personas ya estaban, desde la
seis de la mañana, cortando las espigas y formando manos, manotadas o puños,
como se califican los manojos de arroz. A las dos de la tarde se impartió la
orden de suspender el corte y recoger los manojos para llevarlos al sitio
establecido para guardarlos y ella pidió que le proporcionaran dos muchachos
para trasladar los que había cortado. Mientras los demás cortadores tenían un
promedio de diez o quince puños, ella se encontraba rodeada de ciento veinte
puños.
Más tarde el biznieto le preguntó
cómo podía hacerlo si el más alentado de los cortadores no pasa de veinte puños
al día. Ella se dirigió a una petaquilla, la abrió y sacó unos muñequitos de un
tamaño no mayor de pulgada y media, de color negro con la boca roja y le dijo
que se
199
llamaban muñequitos boca colora,
que se los había regalado el mismo Satanás y que eran ellos los que se
encargaban de hacer el trabajo que les ordenara. El muchacho como que mostró
dudas en el rostro, porque ella le agregó que los muñequitos realizaban los
trabajos en agradecimiento por la alimentación que les daba. Para alimentarles
los llevaba a las cercanías de una de las fincas, escogía las vacas más viejas
o en mal estado, cuya desaparición no afectara al dueño y los muñequitos se
metían por la nariz de las vacas o los novillos comiéndoles el corazón, única
presa que les agradaba.
Un aspecto que también llamó la
atención de los vecinos de Caño Viejo Verija, pero de manera singular cuando se
acercaban las fiestas del poblado, era la rapidez con que doña Evangelina cosía
pantalones. Como era la costumbre en esos tiempos, hombres y mujeres ordenaban
confeccionar sus vestidos con anticipación, para estrenarlos durante las
fiestas. Ella acumulaba cortes de dril y de lino y faltando dos o tres días
para iniciarse las celebraciones, los cortes, en
200
un mínimo de veinte, estaban
arrumados al lado de la máquina y ella con la mayor tranquilidad les informaba
a los interesados que se los entregaría en la fecha pactada. Y efectivamente,
cuando faltaban escasas cuarenta y ocho horas para abrir los festejos, se
sentaba frente a la máquina a eso de las nueve de la mañana y a las cuatro de
la tarde comenzaba a entregar los pantalones sin que jamás se le hubiera
presentado una queja por imperfecciones en el corte o costura.
¿Pero qué fue lo que ocurrió en
la convocatoria inicial al diablo? Que doña Evangelina, una vez en su poder la
fórmula, cumplió todos los requisitos, pero le costó que fuera considerada como
loca por cerca de cinco años. La fórmula es la siguiente, haciendo la
advertencia de que no la hemos utilizado ni la utilizaremos y que no tenemos
responsabilidad de ninguna índole si algún lector la lleva a la práctica y
sufre consecuencias lamentables: En el primer viernes de la primera semana de
Cuaresma, se toman tres
201
huevos puestos por gallinas carne
prieta. Ese mismo día, el interesado va a un cruce de caminos, de manera que
haya, como puntos cardinales, cuatro vías a cuatro lugares diferentes, no
importa si son veredas, pueblos o sitios. Siendo las doce de la noche y
establecido el centro de la cruz que forma la intersección de los caminos, se
abre un hueco y se entierran los tres huevos y se tapan bien, para que no vayan
a ser extraídos por animales o personas.
A las doce de la noche del
viernes santo, se sacan los huevos. Una vez extraídos, debe evitarse que se le
vayan a caer y romperse. Con los huevos en su poder, el interesado puede llamar
al diablo con la seguridad de que habrá de concurrir al lugar en donde se
encuentre y sostendrá los diálogos, diurnos o nocturnos que sean necesarios.
Si la cosa es tan sencilla ¿por
qué doña Evangelina quedó como loca? Algunos, entre ellos su biznieto, piensan
que pudo sufrir un ataque de pánico y se le cayó un huevo en el momento en que
apareció
202
Satanás y se truncó el contacto.
La mujer fue encontrada como muerta en el lugar en la mañana siguiente y tras
quince días de permanecer en estado de coma, recuperó el conocimiento, pero
daba muestras de estar en un sitio diferente. Entre algunos de los antojos se destacó
el de rogar a los amigos de la casa que le permitieran, y varios accedieron,
cortar las orejas a los burros para comérselas crudas.
Preocupados el esposo y los
hijos, por cuanto la condición de la mujer no variaba, aprovecharon la llegada
de un médico que venía precedido de una buena fama y que se asentó por un buen
tiempo en la población de Boca de la Ceiba, de apellido Talegua o Talaigua, y
éste, después de observarla, dijo que la curaría y en pago solamente exigía que
ella y su esposo le bautizaran a un hijo, como ocurrió en ambos casos,
vinculándose la mujer, nuevamente, a la vida de la comunidad, y se inició la
leyenda a raíz de sus portentos. El último de ellos fue asegurarle a su nieto
Francisco Pacheco, cuando se dirigía a prestar el servicio
203
militar, que en esa carrera
habría de tener muchas satisfacciones y que cuando le regalaran un cristo, se
lo trajera. Francisco Pacheco fue, según las leyendas en torno a doña
Evangelina, un soldado valiente y después de demostrar que era el mejor en el
manejo de las ametralladoras llamadas mariapalitos, por su semejanza con ese
insecto, fue enviado o viajó por sí mismo, no se ha logrado establecer la
forma, a la ciudad de Roma, en donde formó parte de la guardia personal del
Papa de ese momento, quien le obsequió un crucifijo de plata de seis pulgadas
de largo, en agradecimiento por sus servicios. Lógicamente, en cumplimiento de
la solicitud que le hiciera la abuela, Francisco Pacheco llegó a Caño Viejo
Verija y le regaló el cristo, bendecido por el mismo Papa, el cual ella guardó,
pero cuando murió nadie supo quién se quedó con él.
En el plano internacional,
encontramos una manera de convocatoria de Satanás, que difiera por ligeros
detalles de la supuestamente utilizada por doña
204
Evangelina. Consideramos oportuno
recordar que los europeos son convencidos de que el diablo compra todo lo que
le ofrezcan y por esa razón se habla hasta de vender la sombra. Varios
personajes de cuentos y novelas sufren por la carencia de sombra. Pero volvamos
a la convocatoria del señor de los infiernos y repetimos:
ENCRUCIJADAS. - Lugar donde se
cruzan dos caminos formando cuatro sendas que se encuentran en un punto
formando ángulo recto más o menos exactamente. En las encrucijadas, según se
dice, se reunían con frecuencia los brujos y ponían en un poste plantado al
centro sus ofrendas al demonio. Estos sitios se han tenido siempre por muy a
propósito para verificar las invocaciones infernales y se miran en algunos
países con supersticioso terror, sobre todo durante ciertas horas de la noche. El
famoso sacrificio de la gallina negra, que hace aparecer al diablo, ha de
verificarse precisamente en una encrucijada y con estricta sujeción al
ceremonial incluido en el Dragón Rojo (véase nuestra
205
traducción comentada. Venecia
1905). "Tornaréis una gallina negra que no haya puesto huevos jamás y que
no haya sido cubierta por el gallo. Procuraréis cogerla de manera que no chille
y para esto iréis a buscarla a las once de la noche cuando esté dormida. La
cogeréis por el cuello con la presión suficiente para que no cacaree y saldréis
a la carrera, a sitio despoblado, donde se crucen dos. caminos. Cuando suenen
las doce de la noche trazaréis en la tierra un círculo con una varita de
ciprés; os pondréis en el centro y partiréis la gallina en dos por medio del
cuerpo, pronunciando estas palabras tres veces: "Eloim, Essaim, Frugativi
et ap' eilavi". Acto seguido, os volveréis hacia oriente; os arrodillaréis
diciendo una oración. Después formularéis el Gran Conjuro y entonces el Espíritu
Inmundo aparecerá vestido con casaca de color escarlata galoneada de oro, chupa
amarilla y calzones verde agua. Su cabeza, que simulará la de un perro con
orejas de asno, estará adornada con dos cuernos; sus piernas y pies remedarán
las patas del toro. Os dirá qué es lo que queréis y vosotros le pediréis
206
todo lo que os venga en gana,
pues nada puede negaros. De esta manera podréis convertiros en la persona más
rica y, por tanto, la más dichosa del mundo entero. Conviene advertir que para
hacer lo dicho, antes es necesario prepararse para ello con la práctica de
actos de devoción y que nada tengáis que reprocharon en conciencia. Esto es de
tal importancia que, si se desatiende, en vez de mandar como queráis al
espíritu maligno, será el soberano a quien resultaréis indefectiblemente
sometidos".
Si después de ver semejante
vestimenta uno puede retener la risa, quizás el diablo tenga piedad por quien
lo mira. Cabe agregar que nos abstenemos de copiar tanto la oración como el
Gran Conjuro, para evitar que los millones de colombianos que se encuentran en
la miseria absoluta, vayan a meterse en honduras.
207
LOS SECRETOS
Nuestros antecesores en estas
tierras del Sinú, la Sabana y el San Jorge, y en general, las que hoy conforman
los departamentos de Bolívar, Córdoba y Sucre, vivieron y viven convencidos de
la existencia de fórmulas mágicas que permiten a un mortal común y corriente,
adquirir extraños poderes y por ello sobresalir entre los demás. Esas fórmulas
se mantienen en el más absoluto silencio y bajo un nombre genérico: El Secreto.
Tan celosamente se guardan, y
ello es lo más extraño si se tiene en cuenta que en ellas no se habla de los
seres infernales si no que se le pide a Dios, a los ángeles, a los santos,
santas, vírgenes y demás miembros del Cielo, que sólo se entregan como herencia
a un hijo o a un amigo de la mayor confianza, en los minutos finales de la
existencia, cuando se llega al convencimiento de que no se nos permitirá
deambular un minuto más en este mundo cruel. En más de 500 oraciones o secretos
que consultamos, sólo una estaba dirigida al demonio.
208
Hay secretos de secretos. El
llamado "Niño en Cruz", es una manera de resaltar condiciones
extraordinarias. Comúnmente se introducen en la zona denominada pulso de la
mano, lo cual proporciona el don de pegar fuertemente con el puño. Al colocarse
en los bíceps, duplica o triplica la fuerza y resistencia muscular, y si en las
piernas, una capacidad superior e inusitada para desplazarse en caminata, trote
o carrera, sin agotamiento alguno y tres o cuatro veces más que cualquier otro
mortal. Si son introducidos por la vía oral, la fortaleza corporal adquiere
grados sorprendentes y se afirma que ni el acero ni el plomo entran en la
humanidad de quien se preserva de esta manera, y si penetran, no tocan partes
ni órganos vitales y el poseedor muere de viejo, pero solo momentos después de
legarlos. Una persona muy allegada, entre las muchas que consultamos, nos habló
del "Niño en Cruz": "Son unas figuras de un tamaño no mayor de
un centímetro, que por sus movimientos demuestran que tienen vida propia. Para
que entiendas cómo son, imagínate un niño recién
209
Nacido, pero de un tamaño
diminuto que permanece con los brazos abiertos, como una manera de
crucificado", nos dijo. Luego agregó que quien introduce los "Niños
en Cruz", recibió directamente de Satanás las instrucciones, así como la
oración para convocarlo al acto. "Para meter un ser tan extraño en el
cuerpo de una persona, el poseedor del secreto hace un corte longitudinal en el
brazo, suficiente para albergar el cuerpecito y otro corte transversal
atravesando el primero, para que la criatura se mantenga con los brazos
abiertos. Luego cose las dos heridas para lograr la cicatrización. De la misma
manera se hace en los hombros o en las piernas, mientras que los que van dentro
del cuerpo, deben ser vomitados por el poseedor en el último minuto de vida y
el receptor tragárselos a medida que van saliendo, sin asco alguno".
Asegura el informante que el
tenedor de las diminutas criaturas "sufre mucho a la hora de la muerte,
debido a que los "Niños en Cruz" se alimentan de la sangre de quien
los porta y en la medida
210
en que la sangre va perdiendo
olor, color, sabor y nutrientes, buscan salir del cuerpo de quien va a morir,
para no morir ellos. Por esa razón, si no hay quien sepa cómo sacarlos, el
poseedor debe ser acostado en el suelo, sin esteras, lonas ni ningún objeto que
impida el contacto directo del cuerpo con la tierra, y así las criaturas
infernales salen y se esconden en la tierra. A mí me tocó ver esto y me
sorprendí al observar cómo por las venas del moribundo subían y bajaban unos
pequeños bultos, tal vez buscando una salida".
El mismo pariente nos informó que
en alguna oportunidad vio a los llamados "Negritos Boca Colorá", de
los que se habla en otro aparte de este trabajo y afirma son los mismos
conocidos como "Animes", en otros sitios de la Costa Caribe.
"Son doce muñequitos que, por su tamaño, caben en una caja de fósforos. Su
función es la de cooperar con el poseedor en el desarrollo de tareas grandes y
agotadoras, las que ellos ejecutan con empeño. El poseedor, sin embargo, debe
proveerles alimentos.
211
Estos muñequitos son muy
parecidos a los Niños en Cruz" y cuando tienen hambre sacan la lengua para
que el poseedor sepa que es hora de suministrarles alimentos. Solamente,
conforme me lo dijo a mí quien me los mostró, se alimentan del corazón de los
animales grandes y de la sangre y la carne interior de los seres humanos. De
allí que personas que se acuestan en buen estado de salud, amanecen enfermos o
muertos. Esto sucede cuando el poseedor carece de animales con que alimentarlos
y los envía hacia una persona que no le cae bien o porque han sido contratados
para darle muerte o, en el peor de los casos, escogida al azar".
¿Quién suministra los Niños en
Cruz, Los Animes o Negritos Boca Colorá, que son tan singulares y de tanta
eficacia? Le preguntamos, y nos responde: "Satanás en persona. Recuerde
que la historia señala que cuando se presentaron diferencias entre Dios, Máximo
Creador del Universo, y Luz Bella, conocido después como Lucifer, que era el
predilecto de Dios y con poderes
212
sobrenaturales y equivalentes, se
iniciaron el Bien y el Mal. Satanás se dedicó a hacer lo contrario del Creador.
Los "Niños en Cruz" no son más que un remedo del que los creyentes
llamamos El Divino Niño o el Dios Niño, pero a manera de negativo, una
contraposición a lo que hizo Dios. Los "Animes", como en el caso de
los Apóstoles que acompañaron a Jesús, el hijo de Dios en la tierra, son doce.
Sus poseedores bien pueden hacer cosas buenas con ellos en beneficio propio o
de otras personas, pero al final caen en el mal, porque son como el negativo de
una fotografía. Lo que no puedo explicarle, porque de estas cosas me mantuve al
margen, es por qué son negros". Los secretos, de más o menos
significación, resultan de una elementalidad curiosa, por cuanto ellos, si bien
se asegura tienen algo de diabólico, resaltan las creencias religiosas. Dios y
el Diablo se confunden en ellos. Muchos, casi todos, se basan en una oración
dirigida a Dios, a su divino poder, a los santos, santas y vírgenes, a
213
los ángeles, por lo que uno se
pregunta cómo es que tienen efecto. Prácticamente todos los personajes que
mencionamos en estas páginas sobresalieron en el entorno. Seres humanos, de
carne y hueso que en determinados instantes adquirían preeminencia sobre los
restantes humanos. Pedro Velásquez, en Las Cruces del San Juan, por sus
demostraciones de fuerza, pericia, rapidez y mayor volumen de trabajo. Manuel
Vicente Almanza, por los alrededores de Puerto Escondido, por. sus singulares
cualidades, y cuando una no menos extraña enfermedad lo redujo a la cama,
clamaba la presencia de una amiga, la que finalmente acudió a su lado y ella
viajó a Barranquilla a contactar con un brujo que viniera a sacarle los
"Niños en Cruz" para que pudiera morir, debido a que ella se negó a
recibirlos y tragárselos, en la medida que fueran saliendo del cuerpo del moribundo.
El brujo de La Arenosa se comprometió a que sin venir a Puerto Escondido le
daría muerte desde larga distancia en un plazo cuyo día y hora convinieron.
Almanza murió al día siguiente del regreso de su
214
amiga, lo cual fue bien recibido
por los vecinos que siguieron su agonía y de qué manera se le caían pedazos de
carne del cuerpo. Las enfermeras no pudieron colocarle ninguna inyección,
porque la carne no permitía la entrada de la aguja y en las venas no
encontraban sangre, por lo cual la medicina se devolvía por el minúsculo
orificio en la misma medida en que era inoculada.
En los alrededores de Puerto
Escondido vivió un hombre de nombre Manuel Wilches, al que llamaban Mane
Vilches: Las versiones aseguran que tenía en su poder la misma oración de
nuestra abuela Eduviges Reina Bello, que peleaba con dos y tres hombres a la
vez y al que tocaba quedaba tendido sin conocimiento. Y que también debió
poseer Agustín Portillo Bello, cuya fama le precedía no solo por su destreza
para pelear a los puños sino por la contundencia de sus golpes. A quien tocaba
había que revivirlo arrojándole agua. Agustín no le buscó jamás la pelea a otro
ciudadano. No lo necesitaba, porque a donde llegaba le surgía de inmediato un
retador. Mane
215
Vilches como que poseyó además
otro secreto: El de poder dejar ciegos y sordos a los miembros de la autoridad.
Lo perseguían y tranquilamente se metía entre los policías, entraba al lugar
donde pasar la noche y por la mañana salía, sin que lo vieran, de manera tal
que parecía invisible. Se nos informó que, para esconderse de la policía, para
que ésta no pueda localizar a quien busca, el perseguido que posee el secreto
de la Santa Camisa lo reza y no hay autoridad que lo encuentre. Otro aspecto
interesante de este hombre fue el de rezar las manos de los niños, que después
desataban el más fuerte y complicado nudo con que les amarraran las manos,
cualidad que no perdían sino a la hora de la muerte.
En lo que corresponde a Agustín
Portillo Bello, podemos afirmar que se trató de un hombre joven a quien se le
reconoció su fuerte pegada. Nativo de Severá, murió asesinado en una zona rural
cercana a Valledupar, a donde viajó para adelantar, en la época de la bonanza
marimbera, un cultivo de marihuana, en
216
sociedad con un ciudadano del
interior del país radicado en aquellos territorios. Su capacidad de trabajo y
su buena suerte fueron la causa de su muerte, la que le propinó el socio, sobre
seguro y alevemente, mientras dormía, para no entregarle la gruesa suma de
dinero que le correspondía en el éxito del negocio. Como si se tratara de la
serie de televisión Higlanders que se refiere a la leyenda escocesa de Los
Inmortales, que sólo mueren cuando se les decapita, el socio aprovechó que
Agustín dormía para cercenarle la cabeza. Alrededor de este asesinato se rumora
insistentemente que el asesino se sobresalta a cualquier hora del día o de la
noche, porque escucha la voz del muerto que le dice: "Vas a morir lo mismo
que yo. Tienes que pagar mi muerte".
La vieja María Ifigenia,
igualmente de los alrededores de Puerto Escondido y el viejo Pedro J. Salas
Mercado, en Caño Viejo Verija, poseyeron un mismo secreto. Por eso fueron
vistos cruzar quebradas, riachuelos, caños y ríos crecidos, como quien camina
por tierra
217
firme, sin mojar la suela de sus
zapatos o abarcas. María Ifigenia, además, se internaba por los inmensos
potreros de Lorica sin dedicarle atención a las manadas de toros bravos, porque
eran los animales los que la ignoraban. Toradas de Esteban Vargas, de Milad
Barguil, de Federico Cabrera y otros terratenientes y ganaderos del Bajo Sinú,
que las mantenían por esas tierras para luego enviarlas a las corralejas
durante las fiestas, manadas que constituían verdadero peligro porque atacaban
a todo ser humano que veían.
Algunos creen que la oración a
San Cristóbal es la que permite caminar sobre las aguas, pero no logramos
conseguirla. Además, mal podríamos repetirla, porque si no es esa la oración,
después van a achacarnos la muerte de quien o quienes se ahoguen creyendo en
cuentos de velorio. Nuestro abuelo materno, Teófilo Angulo de Hoyos, tuvo en su
poder la oración o secreto para convocar al diablo. Nuestro bisabuelo materno,
José Isabel Bello, el secreto de San Bartolomé, para atajar,
218
espantar o amainar los vendavales
y como si fuera poco, espantaba las culebras y los peligros a su paso y con una
simple penca de majagua colorada, una rama o un pedazo de cuerda, creaba una
peligrosa serpiente.
El señor Martín Noriega, del
caserío de La Boca de la Ceiba, guardó con el mayor celo el secreto que le
permitía contactarse con los más tenebrosos espantos y los obligaba a cambiar
de rumbo para evitarles peligros a sus amigos, como en el caso de El Gritón.
Un hermano medio de nuestro
padre, Pedro Nel Martínez Cuadrado y el señor Francisco Tordecillas,
desaparecían detrás de un palo de escoba. ¿Poseerían el secreto de la Santa
Camisa? El viejo Pedro Movilla del Castillo poseyó el secreto para arreglar luxaciones.
Su esposa, Neris, el de matar gusaneras, con una potencia tal, que media hora
después de aplicado, los gusanos caían muertos a montones. También tenía el
secreto para alejar los espantos. Se asegura que, si quien reza el secreto
contra los gusanos,
219
pasa sus dedos inmediatamente por
la oreja de otra persona, la deja sorda para el resto de su vida. El secreto u
oración a la Virgen del Carmen para evitar a la mujer los dolores del parto, le
debe ser suministrado por un hombre, por cuanto de mujer a mujer pierde los
efectos. Quien nos habló de este secreto tan benéfico, se negó a
suministrárnoslo alegando que como cambió de religión ya no cree en ella y no
puede seguir transmitiéndola. Cabe anotar que esta mujer parió quince hijos y
jamás sintió un dolor en el momento culminante. De otra fuente, nos llegó el
texto siguiente, que parece ser el mismo: "Virgen María, que apareciste en
el Monte Carmelo, tú que trajiste al mundo al hijo de Dios y no sufriste
dolores, acompáñame en este trance. Virgen del Carmen, bendita entre las
mujeres, evítame los dolores para poder entregar al mundo el fruto de mis
entrañas. Dame tu bendición, Madre Mía".
Para el mal de ojo, aojo o
jettatura, como le llaman en Europa, se registran más de veinte formas
distintas del secreto para
220
combatirlo. A este respecto, hay
también diversidad de criterios. Las clases más humildes e iletradas de la
sociedad lo aceptan sin discusiones, mientras que en las clases altas y las más
ilustradas, lo rechazan de plano. En un estudio al respecto, se dice:
"Colocado este asunto en el
terreno de la crítica más desapasionada y rigurosa toda vez que se habla de
hechos bien comprobados y perfectamente decisivos respecto de la posibilidad de
la Jettatura, podría admitirse el fenómeno si se prueba: 1°) el poder especial
de la mirada; 2°) el poder proyectante de la voluntad; 3° el influjo de la
sugestión".
No sabe uno a qué atenerse. Lo
cierto es que nuestras experiencias nos muestran un camino diferente y bien
directo hacia el sentido de creer el asunto. Uno de los primeros pediatras de
Montería, cuyo nombre omitimos, recién llegó de Paris en donde se especializó
en Pediatría en la Universidad de La Sorbona, se enfrentó al caso de un niño
que se depauperaba lenta pero irrefrenablemente y al cual no
221
le encontraba mal alguno. Pese a
que los padres del menor, parientes del médico, le señalaban la posibilidad de
un mal de ojo, el pediatra los insultaba por creer en brujerías y cosas sin
sentido. Por más de seis meses luchó con todos los recursos y el niño murió. Al
enfrentarse a un nuevo caso y repetirse los síntomas, el pediatra aconsejó a
los padres llevarlo mejor a donde un brujo para que lo rezara, porque
científicamente el niño no presentaba ningún síntoma de enfermedad. Así lo
hicieron y el niño se recuperó de un momento a otro.
Un segundo hecho que nos llamó, a
pesar de ser niños entonces, la atención y lo registramos en la memoria desde
ese momento, es el que ocurrió en una residencia del barrio Montería Moderna.
Dos niñas, primas entre sí, nacieron con un día de diferencia. La una de piel
blanca. La otra de piel negra. Ambas robustas y sin enfermedad alguna. Por
vivir en la misma casa, las acostaban una junto a la otra, lo cual era de la
admiración de la vecindad. En el patio de la casa estaban dos árboles
222
bastante raros y desconocidos
entonces en la población. El uno, un tipo de guayaba sumamente grande, olorosa,
supremamente dulce, que aparentemente había sido traído de la India. El otro,
europeo, tenía la peculiaridad de cambiar de color de acuerdo con las
estaciones climáticas de donde provenía. Por ello, unas veces las hojas eran
blancas, otras verdes, luego rojas y después amarillas.
En el momento en que nacieron las
niñas, el árbol parecía un gran copo de algodón: blanco por todos lados, de una
blancura resplandeciente. Y fueron estos árboles los que salvaron a las niñas,
de la mirada hechicera de una parienta lejana. La mujer llegó a visitar a las
niñas y quedó encantada con ellas, pero el blanco del árbol y el penetrante olor
de las guayabas, le hicieron cambiar de dirección en la mirada. Se dirigió al
patio y reparó ambos árboles expresando a gritos su admiración por la rareza de
ambos.
Una media hora después de
despedirse la parienta, comenzaron las convulsiones de ambas recién nacidas.
223
Favorablemente alguien se acordó
de la fuerte mirada de la visitante y corrieron a buscar un rezandero, que se
vio en apuros para mitigar la fiebre de las menores. Bultos de cogollos frescos
de matarratón, buscamos los niños por los potreros vecinos, los cuales quedaban
como quemados sólo con pasarlos por la cabeza de las niñas, que se salvaron al
cabo de tres intensos días de rezos y de cogollos marchitados. Pero no los
árboles, los cuales amanecieron al día siguiente de la visita quemados desde la
raíz hasta lo más alto de las copas, tal como quedan los palos de coco cuando
les cae encima una centella. Bastó un pequeño empujón para que se vinieran al
suelo destruidos interiormente.
Indudablemente hubo un poder
especial en la mirada, pero no intención en la proyección de esta, ni mucho
menos un influjo en la sugestión.
Pasando a otras cosas,
encontramos elementos de la naturaleza a los que se atribuyen poderes
especiales. Ejemplo: El pájaro Macuá, los tres gusanos de la
224
buena suerte y la flor del
higuerón. Luego de largas y extenuantes búsquedas, alcanzamos a obtener del
médico Omar González Anaya, referencias del primero y de la última. Parecen
fábulas, pero como aseguramos al principio, se encuentran profundamente
arraigados en la mente desde nuestros tatarabuelos y difícilmente podría
suprimírseles a la luz de las realidades del mundo moderno. Y pensamos que tal
vez la simpleza en el texto de los secretos, por una parte y las intrigantes e
irrealizables tareas para obtenerlos, por la otra, fueron razones para que
penetraran tan hondamente en la creencia popular y se les aceptara sin
discusiones.
Conforme a las creencias, la flor
del higuerón, un árbol del que también se usa como vermífugo el líquido blanco
que emana, proporciona con su aroma, entre otras cosas, el poder de dominar a
las mujeres y convertirlas en amantes de quien la posee. Se trata de una flor
de pétalos blancos y medianos tanto en el largo como en el ancho, veteados de
un amarillo como de yema de huevo, que le
225
dan una hermosura pocas veces
vista en una flor común y corriente", y de un aroma seductor. De la obra
inédita "Los Cuentos de mi Abuelo", de la autoría del médico Omar
González Anaya, y con su anuencia, extractamos uno que se refiere a un hombre
que no conseguía mujer, por la sencilla razón de que como no se bañaba, expelía
a su alrededor un fétido olor. Lo pertinente, dice: "La vieja Candé le
dijo: "Pa mi eso no es trabajo. ¿Tú quieres conseguí mujé? Óyeme bien lo
que vas a hacer. El Viernes Santo, antes de las doce de la noche, debes coger
una sábana blanca y limpia, te vas a la montaña, antes de las doce, la colocas
debajo de un palo de higuerón, sin ninguna clase de arrugas y te escondes en un
mogote, casi sin respirá, pa'que el espíritu de ese árbol no te sienta, y pueda
entonces florecer a su gusto. Hecho lo anterior espera que sean las doce de la
noche y cuando oigas tan tan tan... las doce de la noche vas a oír un silencio
grande, vas a ver el palo de higuerón que se regodea, porque va a florecer y
las estrellas que están encimita del árbol parece que bajaran en el
226
momento del florecimiento. Oirás
un pujío y verás que de la rama más alta cae una hermosa y perfumada flor. En
el momento que se caiga tú sales corriendo, arropas la flor con la sábana
blanca y patas para qué las tienes. No puedes mirar pa'tras. Tú corre, corre y
oirás una voz ronca que sale de la montaña y te preguntará: ¿Para qué la
quieres? Tu gritarás: La quiero pa'enamorá. Y no dejes de correr hasta llegar a
tu casa. Como la flor del higuerón es muy olorosa, te perfumará toda la sábana.
Entonces tú con unas tijeras vas a ir cortando pañuelitos de esa sábana. Ya con
el pañuelo perfumado le das en la cara a la mujé que te guste".
Así de sencillo, el personaje se
quitó el mal olor por no bañarse y comenzó a gozar del amor de las mujeres.
¡Qué aroma! Lo que pagarían las fábricas de perfumes de Francia por la esencia
de una docena de flores de higuerón. Lo grave de este asunto, es que la tal
flor apenas concede un deseo, que es el que se expresa a gritos en el momento
de huir del lado del árbol que acaba de parirla.
227
De la misma obra del médico
González Anaya, conocimos una versión de los poderes del Pájaro Macuá. La de
conquistar con su olor a las mujeres. Tenemos otras versiones sobre las
propiedades del ave, que señalan que se deja secar al sol y se mete en las ollas
de la chicha, en las del sancocho, se esparce sobre la masa del pan, y, en fin,
que produce un deseo intenso de acabar con todos los comestibles untados con el
ave. González Anaya también asegura que hay una oración para el Pájaro Macuá,
pero no transcribe el texto. Sobre el ave agrega: "Ese es un pájaro
chiquito como un picaflor. Hace el nido en los volaos de las montañas. El
preparado hay que hacerlo así: Un picaflor muerto, unas flores, unas palabras,
perfume y ¡Listo! Está la cosa apta para echarle al pañuelo y pasárselo por la
nariz a la muchacha, que ella viene detrás del hombre llorando para que se la “lleve".
La llamada Aguja del Muerto, parece más un acto sádico, de excesiva crueldad,
que un sortilegio. El interesado en poseerla debe encontrarse al lado de una
persona
228
que está para morir,
preferiblemente un hombre, y al determinar que falta muy poco para el deceso,
se toma la aguja y se mete profundamente en el talón del agónico, la cual se
retira inmediatamente haya muerto. La envuelve en un pañuelo blanco y la
guarda, sacándola solamente en el momento en que la va a usar. Semejante a la
flor del higuerón, la aguja del muerto tiene como fin principal atraer a las
mujeres, o a los hombres si es mujer la poseedora, y cuando se está cerca del ser
deseado, se hacen con ella figuras en el aire como si se estuviera cosiendo
sobre una tela, lográndose así un estrecho vínculo amoroso que se desata lo
mismo que se hizo.
Las referencias a los tres
gusanos de la buena suerte son escasas y el proceso para obtenerlos mucho más
complicado que los anteriores. Para ello se sigue pacientemente a una mariposa
para establecer, al introducirse en sitios intrincados y llenos de espinas, de
qué flor liba el néctar por más tiempo y cantidad, a fin de no tener que perseguir
a las mariposas siguientes. Después se
229
mantiene el seguimiento para
detectar sobre qué otra flor evacua el contenido de sus intestinos por tres
ocasiones y ver cómo el detritus se va tornando inmediatamente en tres gusanos,
los que se toman y se guardan en una cajita. El trabajo de estos gusanos es
coronar con éxito toda actividad de negocios de su poseedor. Nuestro informante
nos aseguró que treinta años atrás, cada gusano se vendía a un precio de cien
mil pesos, y que hoy deben cotizarse en unos cien millones de pesos. Estos
gusanos se exportan a los Estados Unidos de América, en donde tienen una gran
demanda por individuos dedicados a las actividades comerciales y financieras,
pero ignoramos si Proexpo, el Ministerio de Comercio Exterior y la DIAN tienen
información sobre el particular.
En el tema de los gusanos hay así
mismo mucha tela que cortar. Una humilde planta jardinera, conocida con el
nombre de "Tres V" produce un gusano microscópico, que juran y
perjuran nuestros informantes, es de buena suerte.
230
Quien ponga la atención debida,
podrá hacerse a un gusanillo de este tipo con la absoluta certeza, continúan
aseverando los de los informes, que habrá de recibir favores benéficos y
productivos de las fuerzas incomprensibles que rigen el destino de los humanos.
En los jardines de una gran
cantidad de residencias costeñas, aparece una planta de hojas menuditas, a la
que, quién sabe por qué se le llama La Millonaria. Pues bien, nos enteramos de
que el nombre deriva de sus raros poderes. Al momento de sembrarse, se la
bautiza con el nombre de una persona que posea bastantes bienes de fortuna.
Posteriormente, al regarla, se le reza un Padre Nuestro y ella, en
agradecimiento, proporcionará a su dueño suficientes medios económicos para
sobresalir en la sociedad.
Para no dejar en el aire estas
notas, he aquí algunos secretos, filtros y sortilegios de la cosecha nacional e
internacional: Para aplacar a las chismosas, contrarrestar los insultos
indirectos, embobar a quienes nos buscan pelea,
231
para que la vecina no se burle de
nuestra compañera ni la haga blanco de chismes y consejas, y, en fin, para
obtener lo que se desea, y que por su brevedad es fácil de memorizar y repetir
en el instante requerido: "Bendigo el bien en estas circunstancias Y deseo
tenerlo ya. Gracias Señor por escucharme". Para conseguir que la persona
hombre o mujer que es de nuestra predilección y que añoramos sea nuestra
compañía en asuntos del amor (¡Quién sabe si no es éste el secreto para
enamorar que nos suministró Gerardo y del cual hablamos en otra nota!) y en
general para que piensen constantemente en uno, se procede a rezar la siguiente
oración con la mayor fe y con disposición dirigida a lograr mentalmente el
contacto con la persona amada: "Muerte querida Muerte de mi corazón, No me
desampares ni me dejes sin tu protección Y no me dejes a (fulana/o) descansar.
Moléstala/o a cada momento;
232
Mortifícala/o, intranquilízala/o
Para que siempre piense en mí". Nota: Inmediatamente se rezan tres Padre
Nuestro. La oración del tabaco es así misma efectiva tanto para los amores como
para obtener dinero. Pero por razones especiales, ni ésta ni la de la Santa
Camisa podemos repetirlas en estas páginas. El secreto para salir de los malos
ratos por los que atravesamos en determinadas ocasiones de la vida es de
comprobada eficacia, según la persona que nos lo suministró, pero no debe el
tenedor sobrepasarse en el uso porque podría acarrearle consecuencias funestas.
Se debe rezar con la mayor devoción. Dice: "¡Oh! dulcísima paloma ¿Qué
haces en esa plataforma? Adorando los Santos Sacramentos De las Tres Divinas
Personas. Jesucristo anda conmigo, él delante, Y yo, detrás de él. María
Santísima me acompaña Y me libra de las malas horas. Amén". Inmediatamente
debe santiguarse por
233
tres veces, diciendo: Gloria al
Padre, Gloria al Hijo y Gloria al Espíritu Santo. El "coco" de los
secretos, sin embargo, es la Oración del Gran Poder. Una persona de avanzada
edad nos lo suministró, pero al enterarse que era para publicarlo en un libro, nos
rogó no hacerlo, porque no quería sufrir el castigo para quien la entrega a más
de una persona, como lo prometió bajo juramento a quien a ella se lo entregó
décadas atrás. "Si después que yo me muera la publicas, atente a lo que se
te viene encima. No olvides que te previne. Estas no son cosas que puedan estar
en manos de todos los que lean tu libro", nos aconsejó. En respeto a ese
deseo, no lo transcribimos, pero es bueno señalar que sirve para asegurar un
viaje feliz, para evitar peligros, para enfrentarse incluso a las fuerzas
infernales, y lo más importante, para vivir una larga vida y al término de
ella, aún enfermos, ser felices. Hay sortilegios y fórmulas, que como las que
siguen, se publican sólo a manera de ilustración. Son de carácter internacional,
por cierto: "Contra el dolor de muelas: Santa
234
Apolina que está sentada sobre
esta piedra. Santa Apolina, ¿qué hacéis ahí? Aquí me trae mi dolor de muelas.
Si es un gusano se quitará; si es una gota se irá". Conviene transcribir
la opinión de un tratadista de cuestiones mágicas, relacionada con la simpleza
de las oraciones: "...hay que respetar las formas ritualísticas de las
mágicas oraciones, conservando con respeto sus términos obscuros, y a veces
antigramaticales e incomprensibles, sus voces extrañas no pertenecientes a
ningún idioma conocido, sus latines monstruosos, sus hebraísmos inadmisibles.
No cambiéis ni una letra en la tradicional estructura de la mágica
oración".
"Contra el trueno. Santa
Bárbara, Santa Flor, la verdadera cruz de Nuestro Señor. Donde quiera que esta
oración se diga el rayo no caerá". "Contra las heridas. Dios me
bendice y me cura a mí, pobre criatura, de toda especie de herida, de cualquier
clase que sea, para honra de Dios y de la Virgen María y del señor San Cosme y el
señor
235
San Damián. Amén".
"Contra las enfermedades de
los ojos. El señor San Juan pasando por aquí encontró a tres vírgenes en su
camino y dijoles: - Vírgenes, ¿qué hacéis ahí? Estamos curando. - ¡oh! Curad
vírgenes, curad este ojo".
"Para contener las
hemorragias nasales. Jesucristo ha nacido en Betheléem y ha padecido en
Jerusalén. Su sangre se ha turbado, yo lo digo y te mando sangre que te
detengas, por el poder de Dios, por la ayuda de San Fiacro y de todos los
santos, lo propio que el Jordán, en el que San Juan Bautista bautizó a Nuestro
Señor, se detuvo. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén". Ni qué decir, tomados también de importantes obras escritas en
diferentes países y distintas épocas, de los filtros de amor. En este aspecto,
los publicamos como una muestra, porque preferimos las oraciones o secretos
nuestros, por la sencillez. He aquí algunos: "Tomad un sapo vivo un
viernes, antes de
236
la salida del sol, a la hora de
Venus y sujetadlo por las dos patas traseras en vuestra chimenea, y cuando esté
bien seco le reduciréis a polvo en un mortero y le envolveréis en una hoja de
papel; ponedle entonces bajo un altar y por detrás, durante tres días, e iréis
a retirarlo el tercer día a la misma hora. Observad que es preciso que se diga
misa sobre este altar, y cuando hayáis retirado la composición, echadla sobre
una flor, y tantas muchachas o mujeres como queráis os seguirán por todas
partes".
Esto demuestra que carece de
fundamento la afirmación muy costeña de que alguien "no vale tres cueros
de sapo seco". Pero mucho ojo. Se corre el riesgo de ser acusado por el
sacerdote de sacrilegio.
El Kama Sutra recomienda un
ungüento que se compone nada más ni nada menos que de coronaria tubernamenta, el costus speciosus o arábicus y la
calaphacta flacourtia. Se unta por todo el cuerpo dándole a quien lo usa un
aspecto agradable y simpático.
237
No nos encontramos en capacidad
de averiguar cuáles son esas plantas, y de hacerlo, tampoco lo diríamos. Ya en
este país hay suficientes "hombres" que se mueren de lo lindo, como
para atormentarlos con la búsqueda de los brebajes que con ellas se preparan.
"Arrancaos tres pelos de las partes secretas y tres del sobaco izquierdo,
quernadlos sobre una badila caliente, y cuando estén quemados, reducidlos a
polvo y colocadlos en un pedazo de pan que daréis a comer a la muchacha o mujer
de tus anhelos. Estad seguros que no os abandonará".
Para los que sufren del mal de
lujosas cornamentas colgadas por sus compañeras, he aquí la siguiente fórmula
para evitarlo: "Tomad el extremo del órgano genital de un lobo, el pelo de
sus ojos, los que en la cola tienen forma de barba, reducidlos a polvo por
calcinación y hacedlos tomar a la mujer sin que ella lo sepa: ella será fiel".
En una época como la que estamos
238
viviendo, en la que "colgar
cachos" ya no molesta a nadie, en la que los Otelos han prácticamente
desaparecido del panorama, en la que se promueve el "amor libre", el
"triángulo francés o emparedado" y el compartir e intercambiar
parejas, nos parece de una ridiculez total la recomendación anterior. Además,
nos preguntamos: ¿cómo quedará el que se enfrente a un lobo para quitarle pelos
y caparlo?
En los límites de la región que
analizamos hay un medio más sencillo y menos peligroso para la fidelidad. Rezar
el Padre Nuestro chiquito. Lamentablemente en nuestro trabajo solamente
localizamos a dos personas ancianas que poseen este secreto y no nos fue
posible convencerlas para que nos lo proporcionaran. Nos dedicamos entonces a
tratar de deducir en que consiste lo "chiquito" pero tiramos la
toalla. Y con el mismo argumento ya señalado, de la "libertad
individual" para uno hacer lo que le venga en gana, abandonamos la
búsqueda, por estar seguros de que muy pocos estiman ya la
239
fidelidad como un pilar para la
existencia del hogar.
La baronesa Karen Blixen, de la
nobleza de Dinamarca y gran escritora de ese país nórdico, recuerda en el
cuento "Cena en Elsinore" que los campesinos de su país tienen una
oración para los solteros, que nos parece adecuada en este momento. Dice:
"Os suplico, Señor, que nunca sea atrapado por los lazos matrimoniales. Y
si algún día cayera en ellos, concédeme que nunca me convierta en cornudo. Y si
soy víctima de esa desgracia, que yo no me entere de ella. Si, finalmente,
llegara la noticia a mis oídos, concededme, Señor, que no lo tome en cuenta,
que no entristezca mi alma". Como se puede colegir, para todo hay una
oración apropiada. Lo que ocurre en estos tiempos es que las hemos olvidado por
culpa de pasar el día frente a un receptor de televisión.
Hay un número respetable de
oraciones, secretos, sortilegios, artilugios y brebajes para conseguir el amor
o para
240
fortalecer la capacidad viril.
Incluso, se dan numerosas recetas por las que se cobraban algunas sumas antes
de la aparición del viagra.
Se nos viene a la memoria la
fórmula del doctor P., un músico monteriano, repetida por un
"curioso" sincelejano, tendiente a revivir en hombres viejos, o de la
tercera edad como se les dice hoy, los bríos de tiempos idos: Se compra un
mollo culo azul, preferiblemente en La Doctrina o San Sebastián, corregimientos
del municipio de Lorica en los que se hacen los mejores objetos de barro
cocido. Se pone al fogón con agua y se introducen dos pencas de corteza de
guásimo, verdes, una panela de las que hacen en Ciénaga de Oro, de otro lugar
no sirve una onza de pimienta picante molida y una docena de uvitas criollas de
las que se usan como pegantes. Todo se deja hervir por tres horas a fuego
lento, luego se deja enfriar y se envasa en un recipiente de vidrio claro,
grueso, y se pone a sol y sereno por el lapso de veinte días. Pasado este
lapso, se toma el interesado una copita del líquido, en ayunas, durante un
241
mes. Cuando sienta restablecida
en su totalidad la virilidad que se había perdido se pasa entonces a una copita
semanal.
En Montería, primero, y en
Sincelejo después, dos conocidos conductores de servicio público sobrepasaron
la dosis y murieron. El de la capital de Córdoba conducía un campero taxi,
cuando éstos imperaban por la falta de automóviles y el de la capital de Sucre,
un viejo auto de los que llamaban chevrolata. El primero se tomó, antes que una
copita, medio vaso, y el segundo un vaso, acuciados por la necesidad de citas
amorosas. Y ambos sufrieron, después de muertos, un mismo proceso: les
cercenaron los
miembros viriles porque no
dejaban tapar los ataúdes.
Entre la familia satánica,
también hay un demonio dedicado a estos menesteres de la conquista amorosa de
hombres y mujeres. En Las Clavículas de Salomón se afirma que tal demonio es
Brulefer, al que hay que convocar para llegar al ser que se quiere enamorar y
conquistar.
242
Pero para no hacer tan
desagradable el final de esta parte del trabajo, encontramos dos oraciones
sumamente bellas. Una es el Credo Espiritista, pero su extensión nos impide
transcribirlo en su totalidad, por lo que nos limitamos a una de sus partes,
que es del siguiente tenor: "Creo firmemente en la Ley del Amor, por la
cual todos los hombres se elevan y se purifican, y tengo la certeza firme de
que, siendo el mal la desgracia, no habrá más que dichosos en la Tierra cuando
desaparezcan los malos. Ser bueno es querer a sus hermanos en humanidad y amar
a sus hermanos es amaros".
La otra, un Acróstico antiguo a
María Auxiliadora, aparentemente dictado al espíritu de una monja por San Juan
Evangelista.
En el monasterio de San Pedro de
Lyón, Francia, en el Siglo XVI, se encontraba una monja, Sor Alis de Telieux,
que repentinamente cambió de modo de ser y se involucró en una serie de
escándalos internos, hasta que se fugó y comenzó a
243
deambular por las poblaciones
vecinas, llevando una vida muy desordenada. Sor Alis murió llena de llagas y
otras enfermedades, en un oscuro y olvidado callejón de uno de los arrabales de
Lyón. Sor Antonia, una monja joven, se condolió de la vida depravada que
llevaba Sor Alis y en sus oraciones, se dedicó a suplicar el perdón para la
oveja descarriada. Y se produjo el fenómeno de que Sor Alis comenzó a
manifestarse en donde estaba Sor Antonia. Fue tanta la insistencia del
espíritu, que la comunidad religiosa, con la Abadesa a la cabeza, fueron
testigos de acciones extrañas en el monasterio y mediante señales lograron
establecer un diálogo en el que la fugitiva expresaba sus arrepentimientos y
les pedía rezar por ella y oficiar misas por su salvación. Muchos meses
después, Sor Alis indicó que su alma había pasado de vagar sin rumbo al
Purgatorio, en donde esperaba encontrar el perdón total. Y entregó el texto del
acróstico a María Auxiliadora, que es el que sigue:
Mediadora entre Dios y los
hombres,
fuente viva de la que salen continuamente
arroyos de gracia,
244
¡Oh
¡María! Auxiliadora de todos
y fuente de la eterna paz,
¡Oh María! Reparadora de los
débiles
y medicina eficacísima del alma herida,
¡Oh María! Iluminadora de los pecadores,
llama de salud y de gracia,
¡Oh María! Alivio de los
desgraciados oprimidos,
tú eres la que acabas nuestros males,
¡Oh María!
Según el espíritu de Sor Alis de
Telieux, esta oración es sumamente importante, por cuanto rezarla con
frecuencia, especialmente cuando estamos enfermos, evita que nuestra alma, si
morimos, vaya al infierno. De acuerdo con la devoción que se le ponga, puede
servir para muchas otras cosas.
245
LOS INEXPLICABLES
Acumulamos cantidad de cosas
curiosas, que dejamos para esta parte porque no encajan entre las otras o
porque sencillamente son tan especiales, que carecen de explicación. Con ello
resaltamos que la tierra costeña posee, en esta materia, sus propios mitos y
leyendas. Elegimos las siguientes: En la localidad de Caracol, municipio de
Toluviejo, varias personas vieron un ente bastante extraño. Nadie fue atacado
por él, que se limitaba a mover unos pequeños brazos y manos, como en ademán
amistoso de invitación para que se le acercaran. En gran síntesis, es una
especie de bola de carne, negra, en la que se confunden cabeza, ojos, orejas,
nariz, boca, brazos y manos. Ninguno de los testigos alcanzó a determinar si
tenía piernas. El detalle que resaltar es que los ojos, de un azul intenso, y
los brazos están a un lado de la boca. Con esos brazos y manos, diminutos, hace
ademanes de invitación para que se le acerquen, lo que no ha ocurrido por
cuanto los testigos pierden el sentido
256
0 enmudecen, estupefactos, por
cerca de cuatro horas.
Igualmente, en Caracol, una
lámpara sale a eso de las ocho de la noche y deambula alrededor de dos horas
llenando de miedo a quienes la ven. Algunos osados que pensaron en una
jugarreta y trataron de sorprender a quien asustaba, se extrañaron al
establecer que la lámpara, cuya figura es similar a la del rallador de coco que
se usa en las cocinas costeñas, va sin soporte alguno, flotando en la
oscuridad. Se cree que es un encanto, pero ninguno se atreve a seguirla para
verificarlo.
En varias veredas del municipio
de Chinú, se habla de la "luz ambulante", pero difiere de la
anterior, en el sentido de que la luz no va sobre ningún objeto. Flota
solitaria de un lugar a otro. Quienes se atrevieron en el pasado a dirigir el
rayo de luz de sus linternas hacia la luz, sufrieron unos de fuertes choques
eléctricos y otros la sorpresa de ver cómo la luz ambulante atraía la de la
linterna, llevándosela como si se tratara de un
247
objeto, quedando la linterna
inservible. En la vía de Carbonero a la Villa de San Benito, se afirma que la
luz ambulante no soporta la de una vela, por lo que, al enfrentársela,
desaparece de inmediato.
El río San Jorge, fue en una
época escenario de sustos de magnitud para los pescadores nocturnos,
sorprendidos al escuchar desde la distancia una especie de chasquidos de cosas
duras que fueran dentro de un saco. Muchos pescadores miraron aterrorizados a
una figura de gran altura, tanta que coloca un pie en una de las orillas del
río y pone el otro en la otra orilla, lo que le permite pasar el río como quien
pasa por encima de una cuneta de agua. La figura es completamente descarnada.
Es decir, es un esqueleto, al cual precisamente llaman El Zancajo de la Noche.
El ruido que hace al desplazarse se debe al entrechocar de sus propios huesos.
Es auténtico y absoluto de la zona, por cuanto no hay registros de su aparición
en otros lugares.
Los conductores de canoas con motor
248
fuera de borda, llamados
"Jhonson" por haber sido de esta marca los primeros utilizados en los
ríos Sinú y San Jorge, que cumplen su trabajo de transporte de pasajeros y
mercancías desde Montelíbano hasta las cabeceras del San Jorge, ya no se sorprenden
de la aparición de un niño de unos diez años sobre la patilla delantera de la
embarcación que avanza rompiendo las aguas. No mira a ningún lado y juega con
el agua que salta del río. No responde preguntas, no se conmueve con los gritos
ni con las amenazas. Parece que de un momento a otro la punta de la canoa fuera
en una dimensión diferente al resto y el niño desaparece de la misma manera en
que se presenta. Su permanencia es de pocos minutos, tres o cuatro. También en
la región del San Jorge, pero en la zona de los municipios de San Marcos,
Caimito y La Unión, la aparición es más larga. Los viajeros solitarios escuchan
a la distancia el grito de los vaqueros, el bramar de las reses y el golpe de
las pezuñas sobre la tierra. Un viaje de ganado avanza hacia el sitio en que se
encuentra el viajero, que recurre a
249
protegerse para no ser
atropellado en la oscuridad de la noche. Son cientos de reses y más de diez los
vaqueros que las conducen, vaqueros que no saludan y parecen no ver al que
encuentran. Más de diez ciudadanos testifican haber encontrado el viaje de
ganado, pero que al llegar a la primera casa que encuentran al paso, preguntan
qué ganadero es el dueño del viaje y la respuesta es la misma: Ningún viaje de
ganado ha pasado por ese camino.
En San Marcos, frente a la casa
de doña Ignacia Sánchez, esposa de don Abraham Guerra, en donde hoy funciona el
Súper mercado Cristalima, salía un espanto llamado "La Sombrerona".
Se trataba de una mujer vieja, con un sombrero grande que en medio de la oscuridad
nocturna salía al paso de los que por allí transitaban diciéndoles: Si corres,
te lo pongo, y si no también. Como es de lógica, nadie esperaba que le calaran
el sombrero, por lo que jamás pudo establecerse si se trataba de una mujer de
la población que, con un balay entre manos, asustaba a todos, o si en
250
verdad era un engendro diabólico.
Varios testigos se han visto
sorprendidos a la medianoche con una luz tan resplandeciente, que parece que el
sol hubiera salido para alumbrarles el camino. Este fenómeno lo han reportado
en distintas ocasiones en los últimos treinta años, personas, algunas de las
cuales aún viven, que se dirigen de o hacia la localidad de Severa. La claridad
se interrumpe cuando los caminantes se aproximan a una de las poblaciones de la
zona. Cerca de Las Piedras, en Toluviejo, un grupo de hombres acostumbraba a
pescar por las noches en una poza que estaba cerca del lugar que llaman la Paja
de Pacho. Una noche observaron a un lado del camino una "bola" de
monte que no habían visto antes, porque cuando salían a sus faenas del campo
también pasaban por allí de día. A la mañana siguiente, no había nada. El
fenómeno se repitió en varias ocasiones, hasta que alguien dijo que se trataba
de un "encanto" y que allí debería encontrarse un tesoro, pero nadie
se midió al reto. Uno de ellos,
251
de apellido Marrugo, reconocido
por ser hombre de temple, pasó solitario y vio la bola de monte, desde la cual
una voz sepulcral le dijo: Tengo aquí escondido un tesoro. ¿Lo quieres? Marrugo
le preguntó que cuándo y cómo se lo daría y la voz respondió: Mañana a las doce
de la noche, ven y te digo dónde tienes que cavar para sacarlo. La noche
siguiente Marrugo fue, no a las doce sino antes y comenzó su tarea, sin recibir
indicaciones, hasta que tropezó con un barrilito lleno de oro que lo convirtió
en hombre rico y por ello se fue a vivir a otro lugar. Se asegura que, si
hubiera esperado las indicaciones, habría encontrado mucho más.
En la propia población de
Toluviejo, sus habitantes se preguntan qué fue lo que ocurrió. Un día
cualquiera un vigoroso árbol de campano, sin viento alguno, se vino a tierra,
dejando sus raíces a la vista de todos. Se pensó que de pronto lo hubieran
envenenado, pero no se encontraron rasgos. La sorpresa general se produce cuando
el árbol comienza por sí sólo a levantarse. Poco a poco, día tras
252
día, va irguiéndose y vuelve a su
antiguo estado. Quince o veinte años más tarde, continúa dándole sombra a los
alrededores con su frondosa ramazón a un lado de la tradicional cueva del
municipio. Cueva de la que unos "gringos", como se califica a todo
extranjero que llega por allí, extrajeron un objeto como de vidrio y en forma
de barca antigua y se fueron del lugar al día siguiente para no volver. Don
Alejandro García Ordosgoitia, que conjuntamente con Salomón Urzola y otros
pretendieron alguna vez desentrañar los misterios de las cuevas, tanto de
Toluviejo como de Coloso, fue testigo de este caso y nos refirió que pese a las
diligencias adelantadas ante las autoridades de entonces, no fue posible
detener a los extranjeros para verificar qué y de qué era el objeto extraído de
la cueva, ni su valor, como para que quienes habían estado por más de seis
meses hurgando las entrañas terrestres, se fueran precipitadamente.
Los manteros, esos hombres que
arriesgan sus vidas en las corralejas
253
lidiando toros bravos, mantienen
una serie de agüeros y de mitos sobre los toros. Se afirma que se preparan con
hechicerías toros para matar a determinado mantero o banderillero cuya fama
molesta a alguien. Es famoso un caso en la corraleja de San Pelayo, en donde un
toro dejó la plaza desierta porque nadie, después de dos muertos y varios
heridos, osaba enfrentársele. Repentinamente apareció por una de las puertas un
hombre como de sesenta años, con una manta entre las manos, que se dirigió a
donde estaba el animal. Al ponerse al frente del toro, el hombre abrió la manta
y el animal saltó a un lado y corrió hacia la valla, la destruyó con la
embestida y se fue de la corraleja.
En la Plaza de Majagual, de la
cual sólo quedan los recuerdos y las menciones que hacen los cantantes en los
discos, en donde por muchos años se escenificó la célebre Fiesta del 20 de enero
de Sincelejo, Manuel Tamara, borracho, se internó en el cuadrilátero y se
dirigió hacia el lugar en donde un toro seguía con singular atención los pasos
de un
254
mantero que se aprestaba a
sacarle una faena, y le gritó: ¡Toro, no hagas eso con ese hombre indefenso!
¡Ven atácame a mí! Y sin nada en las manos Tamara se fue hacia el animal, que
se apartó asustado, se alejó a toda carrera y aprovechó que la puerta del
chiquero estaba abierta para meterse de inmediato ante la sorpresa de todos.
Tamara le informó al mantero que el toro estaba compuesto para matarle esa
tarde y que por ello decidió evitarlo.
Urbano Manuel Ramos Ramos,
conocido en el mundo de las corralejas como El Loco Ramos, uno de los veteranos
en estos ajetreos, nos narró una experiencia suya. Nos dijo que, durante una
fiesta de los Santos Reyes en Ciénaga de Oro, al momento de dirigirse hacia un
toro para la faena, otro de los viejos manteros lo llamó y le pidió que no lo
intentara, porque los dos toros en ese momento dentro la plaza, estaban
"compuestos" para matar a un mantero, pero que no sabía a cuál. El
hombre le aseguró entonces que, para salvar a sus compañeros, pondría a los
toros a beber
255
guarapo y rezó un conjuro.
Efectivamente, los dos animales empezaron a dar muestras como de inquietud y de
un momento a otro corrieron hacia la valla, la destruyeron con el golpe y
salieron de la corraleja. No fueron muy lejos. Se detuvieron ante un tanque de
venta de guarapo abandonado ante la presencia de los animales y no se quitaron
de allí, hasta que no se tomaron la última gota.
Un cotero de la plaza de mercado
en Sincelejo, conocido con el apodo de Manito Cortica, identificado como
Heriberto García Cruz, de 74 años, natural de Toluviejo, sorprendió a los
asistentes a una tarde de toros en la plaza Hermógenes Cumplido del barrio
Mochila, en el año de 1968, aproximadamente, al enfrentarse sin otra cosa que
sus manos, a un fiero toro del encierro conjunto de Arturo Cumplido Sierra y
Edgar Hernández Perdomo. Varios de los testigos afirman que García
"parecía tener entre las manos una manta o un capote para sacarle el cuerpo
al toro". Él se muestra discreto frente a los
256
interrogantes y nos narra una
larga historia de cómo desde niño empezó a trabajar en fincas de las Sabanas.
"Aprendí a mantear en la finca La Compañía, en Santiago Bajo, para los
lados de El Viajano, en el departamento de Córdoba, de propiedad de don Julio
Olimpo Urzola Sierra. Ese veinte de enero solamente me enfrenté al toro con mi
experiencia, pero yo no tengo ningún secreto", nos responde.
En los alrededores de lo que hoy
es en Montería el puente que facilita el transporte hacia las poblaciones
costeras, mucho antes de la construcción de la carretera circunvalar, existía
un conglomerado de familias de lo que hoy podría calificarse clase media, y
algunas pobres, entre la que se encontraba la familia Madera, de donde salieron
los hermanos Fidel y José Madera. Ambos con una fama difundidas a todo lo largo
de la costa caribe como dos excelentes manteros y figuras principales en
cualquier corraleja que se respetara en aquellos tiempos. A Fidel lo llamaron
siempre "El Ñato" y al otro "Maderita".
257
El primero un banderillero sin
par y el segundo llegó incluso a vestir el traje de novillero en corridas de
cartel, pero quién sabe por qué no quiso continuar en ello y prefirió, hasta el
fin de sus días, la magnitud de una corraleja. En el mismo sector o barrio,
vivían dos hermanas. Edelmira Ospino, comadrona de fama, y Victoria Ospino,
pitonisa, razón por la cual la llamaban en voz baja "la bruja".
La amistad entre las dos familias
permitió que Victoria anunciara que mientras ella viviera, los hermanos Madera
no sufrirían ningún percance en sus enfrentamientos con los toros.
Singularmente, así ocurrió. Las heridas sufridas por los hermanos fueron
siempre de menor grado, hasta el día en que Victoria murió, fecha en la cual un
toro arrancó con una velocidad endiablada hacia El Ñato que lo citaba acostado
en el piso para colocarle el par de banderillas cuando llegara a la distancia
conveniente. Pero la velocidad fue mayor que los reflejos del banderillero, que
apareció colgado de la asta del toro que se
258
le había introducido por la boca
y le salió por el lado izquierdo de la cara, muy cerca del ojo. Desde entonces
se ratificó también el apodo de El Ñato. Y a partir de esa misma fecha, ambos
hermanos comenzaron a sufrir cornadas graves. Al momento de escribir esto,
Maderita había fallecido de muerte natural pero su cuerpo presentaba más de
ochenta heridas graves producidas por las astas de los toros, mientras que
Fidel, El Ñato, vivo aún, parece un colador con más de cien heridas recibidas
mientras estuvo activo en las corralejas. ¿Coincidencia? ¿Victoria los mantuvo
tantos años protegidos con sus conjuros?
En el San Jorge, arriba de la
localidad de Pica Pica, se encuentran a la orilla del río tres fincas con
nombres singulares. La Luna, El Sol y El Edén. Esta última fue o es de
propiedad de Ulises Pérez; Las dos primeras pueden considerarse, por su
extensión, como haciendas. Al Edén se presentó un día un machetero del que
solamente se recuerda su nombre, Andrés, pidiendo trabajo y alojamiento. Le
dieron ambas cosas y por lo menos un
259
año más tarde, ganada la
confianza de todos, inició la cacería nocturna de pavas congonas, que servían
para variar el acompañamiento de los alimentos. Refiere el dueño de la finca, que
una noche salió el hombre a cumplir su entretenimiento diario y regresó a eso
de las dos de la mañana, asustado, porque según él, vio una hermosa pava
congona y cuando se disponía a dispararle, una voz le dijo que no lo hiciera.
No le puso atención, apuntó y haló el gatillo, pero antes que ver a la pava
caer muerta o por lo menos herida, en su lugar apareció una mujer de singular
belleza, y le dijo que, al no acatar la invitación y advertencia, desde ese
día, no habría de cazar ningún animal de monte, como en efecto le sucedió. Ese
mismo individuo presentó meses más tarde a un joven fornido, galante, afirmando
que era hijo suyo y pidiéndole al patrón que le diera trabajo, pero con una
condición: proporcionarle doble ración. Luego de explicaciones lo engancharon y
el joven cumplía un mínimo de dos tareas de las que le encomendaban a los demás
peones, que al ver los resultados no protestaron por la
260
deferencia.
En un cerro localizado en la
finca propiedad de don Miguel Febles, en el municipio de Coloso, los campesinos
escuchan con frecuencia un rugido que brota de la tierra, como si se tratara de
un animal. Aseguran que del mismo lugar sale cada cierto tiempo, la figura de
un hombre de oro, que corre por los alrededores.
En una vieja casa de dos pisos,
en pleno centro de Sincelejo, aparece ante quienes allí viven y hasta de los
visitantes, una niña que se mece tranquilamente en una mecedora de tiempos
antiguos. No pone atención a las preguntas, no mira, no habla, como si
estuviera en una dimensión distinta a la nuestra. Varios de los testigos
afirman que lo único que cambia es el color del vestido, que de paso es de una
moda de por lo menos el siglo dieciocho, que algunas veces es blanco, otras
rosado, y hay quien insiste que la vio vestida de verde. Recientemente, a
principios del año 2003, apareció en el cerro La Piche del
261
municipio de Toluviejo, un
individuo al que nadie conocía. Este se acercó a un grupo de personas que
seguían las incidencias de un juego de damas, en el que uno de los jugadores,
cuyo nombre omitimos, es campeón indiscutible. El hombre, luego de
identificarlo, lo retó a una serie de partidas para establecer cuál de los dos
jugaba mejor, lo que fue aceptado de inmediato. Después de una jornada de dos
horas, el hombre se paró intempestiva y visiblemente molesto, porque no había
ganado una sola partida, y en voz baja aseguró que el campeón se las pagaría, y
se fue. Cuatro o cinco días más tarde, principiaron a aparecer reses de
propiedad del ganador, muertas en los potreros, con una singularidad: unas
carecían de cabeza, pero todas estaban sin entrañas. Las características de los
cortes son similares a cuando se desgarran las cosas y no por efecto del corte
de cuchillos. En un principio se pensó en la incursión de alguno de los grupos de
hombres armados de todas las tendencias que pululan por los llamados Montes de
María, pero la forma de los cortes hizo cambiar de opinión. No hace
262
muchos años, en los Estados
Unidos se reportaron casos similares.
Esto nos trae a la memoria un hecho
que se concatena con otros que ocurren desde los primeros años de la década del
cincuenta del siglo pasado, en varias calles de Sincelejo, en zonas rurales de
los municipios del bajo San Jorge y en San Onofre.
Entre los años 1992 y 1993, los
amigos Jairo Vásquez, el mocho Vega, Eugenio Atencia y su hijo Dagoberto
Atencia, venían en un campero Suzuki después de asistir a las fiestas del
corregimiento de La Solera, en el municipio de San Marcos, y al llegar al
puente de Caimitico, como a la una de la madrugada, se les atravesó un perro
negro de proporciones descomunales parecido a un novillo. El susto fue tan
enorme, que no pronunciaron palabras hasta que no llegaron frente a la catedral
de Sincelejo, en donde comentaron sobre el asunto.
Un perro de las mismas
características,
263
fue visto en las calles de
Sincelejo desde 1950 en adelante y en un lapso de veinte años, y siempre que
aparecía, encontraban en la calle visitada por el animal, una res que carecía
de cabeza y de entrañas. En los municipios de San Benito Abad, Caimito, La
Unión y San Marcos, hay reportes similares desde entonces. En la misma década,
y después de un receso de unos veinte años, desde el 2003 en adelante, se
conocen reportes iguales en el municipio de San Onofre.
Ayer nada más, metafóricamente
hablando, el caso volvió a ser actualidad y motivo de preocupación. La
periodista Martha Morales Manchego, en una nota en la página 6A del diario El
Universal del domingo cuatro de julio del 2004, nos cuenta: "Entre la
realidad y la ficción se mueve la historia campesina que está recorriendo el
departamento de Sucre. En el corregimiento El Cinco, llamado así por su
ubicación a escasos cinco kilómetros del área urbana de Sincelejo, galopan
múltiples versiones en torno a la muerte sangrienta de animales que aparecen
despedazados, sin testículos y
264
con mordiscos que le arrancan
hasta cuatro libras de carne a burro y vacas. Así sucedió en la madrugada del
jueves, en casa de los Bertel, una familia campesina dedicada a la siembra de
maíz, yuca y ñame, con muy pocas propiedades, entre las cuales se contaba con
el burro bayo que encontraron muerto y desfigurado en un matorral de la
parcela. "¿Sería el diablo?", fue lo primero que vino a la mente de
Juana de Bertel, quien aún no sale del asombro y de la duda, sobre lo que ha
(está) pasando en los campos de El Cinco". Además de las fotografias, la
periodista Morales toca tangencialmente los informes relacionados con la muerte
de otro jumento en el sector conocido como Policarpa, y la de otros tres burros
y una vaca.
La singularidad de estos hechos
es que la generalidad de estos ocurre en regiones afectadas por la violencia y
por la presencia de grupos de violentos de todas las ideologías si es que puede
aceptarse que un violento posea ideologías lo que nos permite
265
preguntarnos: ¿Es el demonio
Caacrinolaas, el patrón de los homicidas y los asesinos, al que desde tiempos
inmemoriales le achacan ser el que diezma hatos ganaderos, que aparece ante
quienes lo invocan en figura de perro de tamaño desproporcionado, el autor de
los desmanes que aterrorizan a los campesinos sucreños?
. Al alcanzar el Siglo XXI, se
piensa que todo lo dicho hasta aquí y de lo que se omite, no es otra cosa que
la ingenuidad del montuno, del que vive en el campo, enfrentado a situaciones
para él extrañas e incomprensibles, pero que la luz eléctrica que rompió las
tinieblas, la apertura y pavimentación de carreteables. y carreteras por las
que transitan a altas velocidades los automotores, las pistas aéreas oficiales,
semioficiales, privadas y clandestinas, y como si fuera poco, la aparición de
la radiodifusión y luego de la televisión, necesariamente tenían que variar las
concepciones del montañero, del coralibe, del corroncho. Pero no fue así. Solo
varió un poco la condición de los que viven en el campo, que por la
266
expulsión violenta o por el
desplazamiento ante el miedo a los violentos de todos los colores, pensamientos
y condiciones, deben colar, tragar y digerir otros retos, otras incomprensiones
y otras actitudes para ellos desconocidas, y chocan en medio del hacinamiento
en los tugurios de los arrabales de los pueblos y ciudades, con los mismos
miedos, los mismos espantos de la montaña. Solo que esta es una montaña de
cemento por un lado y de cartón y plástico por la otra, la de ellos. Es un
choque de visiones, de concepciones, de conocimientos y de pensamientos y, por
lo tanto, de culturas. Y los entendemos. No es mucho el tiempo pasado entre los
que vivimos y sufrimos el desplazamiento forzado de la querencia por la
violencia de las décadas del cuarenta y el cincuenta, que la que vienen
viviendo los desplazados desde entonces hasta hoy. Cambiaron apenas los actores
y los motivos. Los liberales y conservadores, godos contra mochorocos o
cachiporros, los que se hacían llamar orgullosamente "capitanes" y el
complemento de
267
calificativos tales como El
Charro, Sangre Negra, Albañil, Venganza, Tiro Fijo, como un camaleón, se
tornaron en grupos que se enorgullecen de sus acciones.
Y, no obstante, el montuno
continúa viviendo en las mismas condiciones y con las mismas percepciones y
concepciones. Basta simplemente enterarse de hechos y circunstancias reportadas
en lo que va corrido de esta primera década del Siglo XXI, que son similares a
las de la primera del Siglo XVIII. Para el montuno, coralibe o corroncho, nada
ha cambiado. El desarrollo de la ciencia y de la tecnología, pasa sin romperlo
ni mancharlo. Y si quiere creer en otras cosas, las religiones se encargan de
sujetarlo a sus creencias y la televisión, especialmente con una producción
norteamericana que cae como ruidosa catarata sobre los ojos y el pensamiento,
les entrega en versión moderna su mismo temor a los demonios. Series con
distintos nombres, pero de veinticuatro horas de programación, le indican que
el infierno está muy cerca y
268
que las legiones de Satanás se
pasean como Pedro por su casa, como si los gringos pensaran que abandonaron el
infierno para habitar el mundo y nos dejaron el sitio de castigo a los mortales.
Pero el montuno no cambia su concepción. En cada uno de nuestros pueblos hay un
individuo que mantiene opciones diferentes al común de los hombres. Es cierto
que hay muchos estafadores que por la radio aseguran saber el pasado, el
presente y el futuro de los demás, pero no deja de ser cierto que los hay que
compiten, abiertamente y ante testigos, con la medicina, por ejemplo.
Acopiamos una serie de datos
sobre este aspecto, que no consideramos saludable publicarlos. Por ello,
solamente haremos leves referencias.
Tres distinguidas señoras, dos
amas de casa y una educadora, ya fallecidas, fueron invitadas a presenciar cómo
se curaba a otra que vino del campo. La mujer, de unos cuarenta años, porte muy
distinguido y con algo de belleza, recibió
269
un momento cualquiera la atención
galante de un habitante de la vereda, que no fue del agrado de la esposa. Esta,
movida por los celos, buscó a un brujo para que le hiciera un hechizo tendiente
a desmejorarla para que no siguiera siendo acosada por los hombres. Producido
el maleficio, la mujer comenzó a ver cómo día a día le crecía el abdomen. Llegó
a Montería y visitó a cuanto médico le recomendaron, pero no hubo mejoría
alguna. Parecía un tambor.
Una amiga le informó que eso era
el producto de un hechizo y le recomendó a un brujo que deshiciera el
maleficio. El brujo la examinó, le dictaminó lo que tenía, pero para curarla,
lo cual no tendría una duración de más de media hora, exigió la presencia de
tres testigos que darían fe, posteriormente, de lo que ocurriría en la sesión
de curación, por ser esta inconcebible para los demás. Y así se hizo. Llegó el
brujo sin nada en las manos, abrió la sesión, pidió que a la señora le
colocaran al frente un recipiente en donde recibir el maleficio que arrojaría,
y luego de sus conjuros, sin
270
tocarla, sin acercarse a ella, la
señora comenzó a mostrar signos de repulsión. Algo quería salir de su estómago
y ante todos, vomitó un gato negro como recién nacido. Una semana más tarde,
sin abultamiento alguno, regresó a la vereda en donde vive sin complicaciones
posteriores.
Un hombre del campo con algunos
bienes de fortuna que le permiten vivir acomodado, se ganó la mala voluntad de
uno de sus vecinos, el que contrató un maleficio para echárselo.
Lamentablemente en el momento en que el brujo cumplió su misión, la que recibió
los efectos fue la esposa del hombre. Un abultamiento en el estómago, una serie
de ruidos extraños dentro del cuerpo y malestares de toda clase, pasearon por
los consultorios, clínicas y hospitales de Montería, Barranquilla, Medellín y
Bogotá, sin resultados. Alguien le recomendó a un médico, tegua, mejor, de uno
de los pueblos llamado Caño Viejo, tantas veces mencionado en este trabajo, que
al saber que habían pagado más de veinte millones de pesos en el proceso,
271
pidió solamente el pago de
trescientos mil pesos, quince días después de cumplida su tarea y comprobada la
curación. Realizada la ceremonia, la señora, ante la presencia de su marido,
hijos y otros familiares, expulsó en un vómito un sapo de gran tamaño, que hoy
mantienen en un frasco para mostrarlo a quienes van en busca de confirmación
del hecho.
¿Qué puede pensarse, cuando un
individuo conduce su automóvil y al llegar a un semáforo en rojo se detiene e
intempestivamente el semáforo le cae encima? Casualidad, se responde. Algo
fortuito, dicen aquellos. Lo que no saben es que el mismo individuo, treinta
días después del caso del semáforo, estrenaba un hermoso campero con el cual
remplazaba el automóvil destruido e inusitadamente el capó del vehículo se
abrió y le tapó la visión cuando avanzaba a velocidad regular, estrellándose
contra un poste. El orgullo de la casa fabricante del campero es la seguridad
del capó que viene sujeto con dos ganchos de acero que aparecieron sin daño
ninguno. El hombre
272
aceptó entonces someterse al
examen de un brujo, que le indicó que estaba siendo objeto de manipulaciones
diabólicas por dos mujeres, que no eran otras que su propia esposa y la amante,
ambas con la ambición de quedarse con parte de sus bienes. Comprobó los
informes al buscar con cuidado tanto en su casa como en la de la amante y halló
fotografías suyas mantenidas boca abajo en rústicos altares, plagadas de
alfileres. El amor, sin embargo, enceguece, enmudece y atrofia las capacidades
mentales y el personaje nada hizo contra sus dos mujeres. Exactamente a los
treinta días del segundo incidente y nuevamente estrenando vehículo, se dirige
por una calle recta y plana, como son las de Montería, y de un momento a otro
se le traba el timón, se le van los frenos como se dice en el argot de la
mecánica, se le pega el acelerador y rueda a una velocidad enorme y como si
bajara por una loma, da tres vueltas de campana y muere. Tres es un número
cabalístico, por ser múltiplo de seis, el número de la Gran Bestia, como se
llama al demonio principal. Y este caballero sufrió un
273
accidente extraño cada treinta
días, hasta que al cumplirse noventa, muere. ¿Qué pensar?
Un caballero muy elegante y de
buena suerte con las mujeres, como que se enredó con una dama de casco liviano
que colgaba con frecuencia los cachos al esposo, que pese a saberlo, sólo vino
a sentir celos de éste. Le hicieron el maleficio y una tarde, cuando venía de
la entidad bancaria en la que trabajaba, tropezó con una piedra, se vino al
piso y jamás pudo volver al trabajo ni a recuperar su estado. Quince o veinte
años más tarde, fue donde un brujo en cercanías de Planeta Rica, quien al verlo
le dijo: Viene usted muy tarde, el que realizó el trabajo ya murió y es
imposible deshacerlo. Sin embargo, dos años después ya camina por esas calles
de Dios, pero los años le cayeron encima.
En que sitio ubicamos a los que
compiten, y tal vez con mayor acierto, con los laboratoristas químicos o
microbiólogos, en lo de estudiar las heces humanas, es la pregunta del
274
millón. Son incontables los que
después de conocer los resultados del laboratorio visitan a un
"curioso" que mirando los orines le da una información sobre la
enfermedad que padece. En algunos casos concuerda con el examen, pero en lo
demás difieren ostensiblemente. Lo extraño de esta situación es que el
"curioso" es comúnmente un iletrado. ¿Quién, cuándo y cómo le proporcionó
ese conocimiento?
Al respecto, tenemos el caso de
un hombre, que para la fecha de aparición de este libro debe haber fallecido
porque a principios del 2004 contaba con 95 años. Se trata de Jerónimo Benítez
Hoyos, residente en la vereda Hoyo Oscuro del corregimiento de Guateque en el
municipio de Montería, con una amplia y larga fama de acertado en la lectura de
los orines y en la formulación de medicamentos. Al "Viejo Jero" como
se le llama, no dejan de tenderle trampas. Un vecino de Guateque le llevó los
orines de una yegua, diciéndole que eran los de su esposa, que estaba bastante
enferma. El anciano tomó el recipiente, lo puso a la
275
luz del sol, lo miró con
detenimiento y de pronto le dijo: "Tu mujer no está enferma sino
estropeada. Y para que te enteres por qué, te informo que esta preñada de un
caballo joven"
No creemos necesario continuar.
Es posible que se nos queden otros mucho más interesantes. Pero el propósito es
hacerles caer en cuenta que, por mucha televisión, mucha coca cola, muchos
perros calientes y hamburguesas, nada cambiará al hombre que vive en el campo.
Y esto debe llenarnos de orgullo a quienes nacimos en las áreas rurales de la
Costa Caribe colombiana, porque indica que seguimos conservando nuestra
identidad.
276
UNA CAMINATA CONTRA EL DIABLO
Quienes conocieron a Elías
Cogollo, lo definen como un hombre serio, parco en palabras, buen amigo y de un
alto sentido humanitario, cumplidor de sus deberes y de una respetabilidad
encomiable. "Fue un hombre que le puso con el ejemplo la verdad a la vida.
Para él fue un axioma invariable el valor de la palabra empeñada", nos
informa uno que fue su amigo.
Elías Cogollo nació en el pueblo
de Severa, en donde gozó del aprecio general, pero fue un caminante incansable,
lo cual le permitió realizar una hazaña de la que pocos pueden alardear. Al
momento de escribir esta nota, tenía ya unos quince años de muerto, debió
fallecer en 1989 o en 11990, pero pese a su popularidad, nadie pudo informarnos
en qué sitio ni por qué causas se fue de este mundo. Unos dicen que murió de
viejo, entre setenta y ochenta años, en el municipio de
277
Canalete. Otros que en Puerto
Escondido, mientras que pocos señalan a Puerto Rey y al municipio antioqueño de
Arboletes, como escenario.
Siendo muy joven, Elías, ávido de
enseñanzas, aventurero de corazón, explorador de nuevos conocimientos, con una
capacidad intelectual fuera de lo común entre sus coetáneos y paisanos,
interesado en las cosas nuevas y misteriosas, adelantó todos los estudios sobre
magia blanca, roja y negra y otros aspectos de brujería, con gran
aprovechamiento y singular destreza.
Por esas razones, se le considera
como el mejor. Ninguno de los otros brujos, a los que en otros lugares se
limitan a calificar como magos, pudo superarlo en el desempeño de su trabajo.
La lista de conocimientos y actividades de Elías Cogollo fue apreciable. Dominó
la Astrafalomancia o Cubomancia, que le permitían adivinar por la caída de los
dados; La Eromancia o Hidromancia, por el vaso de agua; La Cafeomancia por la
borra del café y por las huellas que la
278
misma deja en las tazas después
de haber ingerido la bebida; la Batracomancia, por las ranas, un sistema poco
conocido en la región; la Alomancia por la forma en que queda la sal al ser
derramada; la Acultomancia, por las agujas; la Aeromancia, por el aire; y la
Alectroromancia, por el canto del gallo, en lo que parece fue el único en
utilizar este sistema.
Pero fue en la capacidad de
desplazamiento en la que adquirió fama. Y a ello sumaba un sexto y hasta un
séptimo sentido, por cuanto se enteraba de los acontecimientos de sus
familiares y amigos segundos después de ocurridos. Y en poco tiempo, cuando
apenas se pensaba en enviarle aviso, ya estaba él en el lugar indicado presto a
dar ayuda, si se requería o para acompañar en los sentimientos de pesar a los
familiares y amigos enlutados.
En alguna ocasión y nadie sabe
por qué, le prometió a nuestra abuela, materna, Eduviges Reina Bello, así como
a las hermanas de ésta, Marciana (Chana)
279
Bello y Débora (Veo) Bello, que
en el sitio en que estuviera, tendría información del fallecimiento de cada una
y vendría cumplidamente a rezar el novenario. Y así se cumplió, llegando
rezagado al de Eduviges Reina, porque ignoraba que ésta no se encontraba en el
pueblo de Severá sino en la localidad de Tierralta en el Alto Sinú y le tocó
hacer doble jornada para darle cumplimiento a la palabra empeñada. Fue ella la
última de las tres hermanas que murió.
Lo destacable de estos hechos es
que Elías Cogollo no subió jamás a un burro, una bestia, una canoa, una lancha
o un automotor para desplazarse. Siempre fue un caminante inagotable. La última
de las tres promesas lo obligó a salir de Puerto Escondido hacia Severá a las
siete de la mañana y a las diez estaba en su pueblo natal, dándole aviso a la
familia del fallecimiento de la Reina. Al enterarse de que ella estaba en el
Alto Sinú, emprendió camino a Montería y luego a Tierralta, a donde llegó
cuando se aprestaban a iniciar los rezos, a eso de las cuatro de la tarde. Una jornada
de nueve
280
o diez horas. Se dice que
normalmente un hombre, a buen paso y sin descanso, bien "alentao' como los
califican en la región, puede caminar ocho leguas por día. La legua es una
medida itineraria equivalente a cinco kilómetros y medio, lo cual representa
unos veintidós kilómetros. Aproximadamente la distancia entre Ciénaga de Oro y
Cereté. Otros afirman que un hombre no camina más de cuatro horas por día, con
equivalencia a legua por hora. Otra cosa señalan los científicos, especialmente
los rusos, que investigaron, llevando a una jornada normal lo que podría
caminar un jugador de fútbol en noventa minutos de un partido. Lamentablemente
olvidaron a los jugadores de billar. De todas maneras, la jornada de Elías
Cogollo fue extensa. Unos 63 kilómetros de Puerto Escondido a Severá, otros
diez de Severá a Montería y de ésta a Tierralta unos 85, para un total de 158
kilómetros. Si la cosa es verdad, y nadie lo puso en duda entonces, Elías
Cogollo caminó un promedio de 16 kilómetros por hora, que es lo mismo que decir
que fueron tres leguas por hora y unas 30 leguas durante el día, lo cual sería
281
el recorrido normal de un hombre
"alentao” durante más de tres días de intensa y agobiadora jornada. Esto
no debe sorprender si se conoce una proeza de Elías Cogollo, que lo elevó a la
cúspide de la fama en materia de brujerías. Fueron tantos los que lo vieron en
la competencia, que no necesitó contarle a nadie, porque los testigos se
encargaron de pregonarlo. Veamos: Quién sabe por qué. razones, Elías Cogollo,
con el acopio de tantos conocimientos en asuntos de magia negra y después de
varios años de ejercer su oficio de brujería, renegó de la compañía diabólica y
se convirtió en un hombre religioso. De allí nació su oficio de rezandero, lo
cual hacía con mucha complacencia de quienes utilizaban sus servicios en estos
menesteres. El cambio le atrajo el odio de Satanás, que lo sentenció a morir.
Elías lo retó entonces a una competencia y le ofreció al señor de los inflemos,
que, si le ganaba caminando, le entregaría el alma sin complicaciones de
ninguna clase. Fijaron una ruta que se iniciaba en Puerto Escondido, llegaba a
Canalete, desviaba
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casi devolviéndose hacia Pueblo
Búho, se metía a Santa Lucía, bordeaban a Montería y se dirigía a San Carlos,
para luego tomar a Ciénaga de Oro, Punta de Yánez, Cereté, San Pelayo y
dirigirse de nuevo a Santa Lucía y finalizar en Severá.
El recorrido debía cumplirse
entre las doce de la noche y las doce del día sin descanso. Satanás confiaba en
sus condiciones y aceptó que, si por cualquier causa se alejaba el uno del
otro, no habría impedimento para continuar la caminata, porque
irremediablemente debían encontrarse en Severá a la hora indicada. Si Elías
Cogollo llegaba primero, quedaba exento de sus obligaciones infernales. Si era
el diablo, entonces, allí mismo, entregaba su alma.
Los que alcanzaron a ver al
diablo y a Elías transitar la ruta establecida, juraban que no se sabía cuál de
los dos caminaba con mayor rapidez. "No se alcanzaban a ver los pies"
nos informó uno de esos testigos. A la par, paso a paso, transitaron Elías y el
diablo. Uno junto al otro y sin
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agotamiento, fueron de uno a otro
lugar para cumplir la jornada de doce horas continuas de caminata. Pero Elías,
humano al fin, comenzó a sentir los efectos de la larga caminata en todo su
cuerpo. No se trataba simplemente de caminar, sino que el diablo le estaba
imponiendo un ritmo fuera de lo normal en claro intento de agotarlo para que se
quedara rezagado y él no podía permitirlo. Cuando se inició uno de los tramos
finales, el de San Pelayo a Santa Lucía, fue víctima de la tentación de hacer
un atajo y engañar al diablo dirigiéndose a Severá, pero concluyó que de nada
le serviría. Cumplidor de la palabra, no podría fallar en momento tan crucial,
porque eso era, entre otras cosas, una de las metas de Satanás: Obligarlo a
incurrir en el pecado.
Analizando las circunstancias del
reto mientras andaba, pensó que su compromiso era llegar primero a la meta. Y
mirando hacia el caño en el último tramo, decidió que no estaba pactado ni
prohibido el que para llegar lo hiciera por el agua y dejó que Satanás avanzara
cerca
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de cincuenta metros adelante y
sin pensarlo dos veces se lanzó al caño y se fue nadando por debajo del agua y
al llegar a cercanías de Severá, sin emerger ni una sola vez, salió a flote,
subió a la orilla y retomó el camino. Cuando el diablo llegó, Elías Cogollo
estaba en la plaza principal de Severá dándose masajes en los pies y en las
piernas, con los vestidos empapados aparentemente de sudor. Circunspecto, nada
dijo al señor de los infiernos, que se quedó mirándolo y desapareció
súbitamente para dejarlo tranquilo por el resto de la vida.
Como lo anotamos en otro lugar
con respecto al brujo Antonio Macea, que poseía la facultad de desplazarse a
pie a grandes distancias en corto tiempo y sin cansancio alguno, Elías Cogollo
debió poseer el "Anillo de los Viajeros" de que se habla en los
tratados de brujería o la oración del perro negro.
Esta oración o secreto, lo posee
un hombre de condición humilde de Sincelejo, cuyo oficio hasta el año 2000, era
llevar y traer bultos de los depósitos y
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graneros de la plaza de mercado,
identificado como Rodrigo Solar Rodríguez, de 74 años, residente en el antiguo
barrio Las Carautas, hoy San Roque. Una demostración la hizo en presencia de la
señora Emma Álvarez, una rezandera y enfermera empírica de la capital de Sucre,
así como de otros que la acompañaban. Salieron del barrio Las Carautas de
Sincelejo en un vehículo automotor y lo dejaron allí. Pero al llegar a
Varsovia, lugar de destino, lo encontraron allá cuando ya había tomado tres
tazas de café y fumado dos cigarrillos. En el trayecto, vía única, no pasó
hacia Varsovia ningún vehículo automotor ni caballo. Es decir, que Rodrigo
Solar caminó unos veinte kilómetros en un dos por tres y a mayor velocidad que
el automotor. Como todos los poseedores de los llamados secretos, se negó a dar
información, alegando que eso había ocurrido cuando tenía quince años y que ya
no recordaba los detalles. Ante nuestra insistencia, aceptó que conocía el
secreto del Anillo del Viajero y la oración del perro negro, "pero todo
eso y muchos otros secretos, los tiré en una
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poza en donde se perdieron"
y se escudó en la pérdida de la memoria para no repetir lo que algún día ¿O
acaso aún? fue practicado por él. Y Elías Cogollo, sin ufanarse de su proeza,
utilizó entonces todos los conocimientos adquiridos, los diabólicos y los
sagrados y vivió feliz el resto de su vida. La historia costeña está plagada de
referencias de victorias humanas sobre el diablo. Francisco el Hombre, en el
Cesar, le habría ganado en la ejecución del acordeón, pero debió recurrir a
cantarle el Padre Nuestro al revés. Francisco Llirene, en Ovejas, le ganó
tocando la tambora, pero sin cuero, solamente con un pañuelo.
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LA RESPUESTA
Tras años de consultas,
entrevistas y otras averiguaciones, y ya listo el trabajo en sus tres partes
fundamentales, nos enfrentamos a un interrogante: ¿Qué falta? No es una novela
en cuya trama podríamos ocultar la verdad, maquillarla y presentarla de otra
manera. Faltaba algo, porque de lo contrario, surgirían interrogantes que nos
dejaría todo entre lo inexplicable.
Esa pregunta nos trasnochó y ya
estábamos a punto de rendirnos, cuando surgió una persona de la mayor
confianza, una mujer con parentesco cercano, con la que habíamos charlado de
estos aspectos, pero a la que anteriormente no le hicimos la pregunta. Fallas
del periodista.
Si algo nos ha caracterizado en
esto de escribir libros, es no creer ni hacer creer que agotamos todos los
recursos y que el trabajo es completo. Por el contrario, dejamos las puertas,
las sendas y los
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caminos abiertos para que otros
con mayor y mejor instrucción, ilustración y conocimientos, así como
inteligencia, tiempo y recursos, continúen el trabajo para recuperar lo
nuestro, lo caribeño, lo montuno, coralibe o corroncho.
Esa tal vez la razón para que no
agotáramos lo relativo a María Sarilla, la legendaria bailarina del Sinú y en
ese mismo libro, tocáramos tangencialmente a un personaje como don Cristo
Torres, el hombre que abrió la denominada "Trocha Cristiana", el
mayor aporte para el desarrollo económico y social de la Sabana, el San Jorge y
el Sinú, a través de los viajes de ganado a Medellín, que los sabaneros están
dejando diluir en el tiempo y en la distancia sin otorgarle los méritos que le
corresponden. Y fue el mismo criterio que imprimimos en el trabajo sobre la
tragedia de la corraleja del 20 de enero de 1980, de cuyo caso y después de un
cuarto de siglo, no se sabe ni siquiera el número total de muertos y heridos.
Lo que nos intrigaba y llenaba de
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interrogantes, era que no se
explicaban las causas para que una zona geográfica localizada entre los
municipios de Montería, Cereté, San Pelayo, Lorica, y hoy de San Bernardo del
Viento, Moñitos y Canalete, presentara tan alto índice de casos de brujería, de
encantos, hechizos, maleficios y hechos fantásticos. Por lo menos comparando
esta con otras zonas de la Sabana y el San Jorge, no hay similitud: Solamente
un núcleo cercano a Montería, pero por el otro lado a la ya señalada, el
Corregimiento de El Sabanal, registra un volumen apreciable de casos. El
Sabanal, sin embargo, contó con más suerte. Es al terminar este trabajo, la
residencia campestre del Presidente Álvaro Uribe Vélez, que quizás no tiene
idea de lo que aquí afirmamos.
Con excepción de las Niñas
Encantadas, que hicieron, parece que aún lo hacen, pero restringidamente, el
bien entre los enfermos, los demás casos requerían por lo menos una fantasía
por muy temibles o peligrosos que fueran. Y al plantearle el
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asunto a la parienta nos dijo:
- "¿Acaso no sabes que en
esa zona está la Cueva de Salamanca?". Al indagarle de qué nos hablaba,
nos respondió:
- "La Cueva de Salamanca es
el acceso a una parte del infierno, en la cual reciben educación los aspirantes
a brujos y a ella deben volver cuando se van a graduar. Es como una escuela y
al mismo tiempo una universidad".
- ¿No será la Cueva de
Salamandra? Salamandra es lo que encontramos fonéticamente parecido en el
material acopiado.
- "No señor. La Cueva de
Salamanca, por la que entraron todos los que después fueron brujos de Severa,
Caño Viejo, El Chorrillo, la Boca de Lara, Santa Clara, Santa Lucia y demás
poblaciones de ese territorio".
Quedamos alelados. Como si fuera
la Puerta a las Estrellas a que se refiere el
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programa gringo de televisión
Stargate, sobre viajes espaciales. Y se lo preguntamos.
- "Sabes muy bien que vivo
en el monte y allá de vaina salen los canales colombianos. Jamás he visto ese
programa y a mí no me vas a decir ahora que creo en pendejadas de novelitas ¡No
señor! Por lo menos debes respetarme porque te llevo varios años de
ventaja". La mujer casi se va del lugar y me vi en dificultades para que
continuara hablando del tema.
- "Hay que encontrar el
sitio donde está la puerta, entrar por ella hacia el mundo del diablo y pedir
los poderes que uno quiere. Después hay que volver a presentar las pruebas,
como una especie de examen, para demostrar que se entendió lo que le enseñaron.
Solamente entonces se le dan los poderes y las condiciones que pidieron",
explica la informante. Le preguntamos:
- ¿Usted entró por esa puerta?
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-"No señor, porque jamás he
sido bruja ni me interesó el asunto. Pero sí conocí a muchas personas, hombres
y mujeres, que fueron al sitio y entraron... Varios de ellos todavía viven. Es
por eso por lo que puedo hablarle de los mejores brujos y brujas de esas
tierras".
- ¿La Cueva de Salamanca existe
aún?
-"Allí está. Con el tiempo y
tal parece que, siguiendo órdenes del infierno, ya no va mucha gente".
- ¿Podría acompañarnos hasta el
sitio?
- "Puedo, pero no debo.
Usted no sabe con quiénes va a meterse. Esas cosas no son para echar cuentos. Y
si durante tantos años, porque conocí el lugar en donde está cuando apenas
tenía trece años, jamás se me dio por volver ni por meterme, ¿Cómo cree que, a
esta edad mía, voy a hacerlo?"
- ¿Al menos podría indicarnos
dónde queda?
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- "Si se compromete a no
hablar de eso ni con su mujer ni con sus hijos, mejor dicho, con nadie, ni
menos publicarlo". Y se acabó el diálogo.
La Cueva de Salamanca, el lugar
en el que podemos establecer la realidad de las cosas que hoy consideramos
fantasías, está allí. En el sitio menos pensado y frente a ella pasan
católicos, evangélicos, testigos, etc. Si el progreso y el modernismo se
mantienen a buen ritmo, quizás se eleve una construcción que la tape. Pero
continuará por siempre jamás siendo una puerta al infierno, quizás una similar
por la que entró Virgilio acompañando a Dante, por la que pueden penetrar los
que no han muerto.
FIN
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